El ritual del Arbolón de Cangas llega con sorpresa extra: homenajeará a José Linares, fallecido tras más de 40 años cargando el árbol
El 'humeiro ya está elegido, aunque solo un grupo selecto conoce este dato hasta este domingo a las 21:00 horas
La tala se hará con hacha, "como toda la vida", y el traslado del tronco de más de 20 metros, a hombros de varios cangueses

Traslado del arbolón en pasada edición del encuentro. / Falo

Cangas del Narcea volverá a levantar su Arbolón ante la capilla de la Virgen del Carmen la madrugada del lunes en una edición marcada por el homenaje a José Linares, fallecido recientemente y una de las personas más vinculadas a esta tradición, en la que participó durante más de cuatro décadas cargando el árbol. La cita mantendrá el ritual de siempre: el 'humeiro' escogido en secreto, el corte con hacha, el traslado a hombros, la plantación junto a la capilla y la corona de flores elaborada por la Peña La Mecha.
La organización ya tiene escogido "desde hace quince días" el árbol que protagonizará la noche, aunque, como marca la costumbre, muy pocos conocen el lugar exacto en el que se encuentra.
La copa tiene que llegar "intacta"
"Lo tenemos ya, pero lo importante es que la copa llegue intacta delante de la capilla de la Virgen del Carmen, que es donde se planta", explica David Membiela, portavoz de la organización. Por eso, como medida de prudencia, siempre cuentan con un segundo árbol localizado. "Tenemos otro escogido por si a la hora de cortarlo y caer se rompe o parte; entonces ya no valdría", señala.
La tradición exige que el Arbolón sea "robado", tal y como se hizo siempre, y que sea un 'humeiro', un aliso, árbol habitual en las orillas de los ríos. Ese secreto, insiste Membiela, solo lo conoce un pequeño grupo. "Lo sabemos unos pocos; el resto de la gente no sabe dónde está", explica. La elección no es fruto de la improvisación: en el grupo hay pescadores que, de un año para otro, van observando los árboles de la ribera y valorando cuáles pueden servir.
El punto de encuentro volverá a ser el Bar Sotero, donde los participantes se reúnen antes de salir. Allí toman fuerzas con empanadas y tortillas antes de iniciar la marcha. "Quedamos allí y desde allí cogemos fuerzas. A las nueve de la noche arrancamos en dirección a donde está el árbol", relata Membiela.
Variar la zona de búsqueda
La organización procura variar cada año la zona de búsqueda. "Hay tres carreteras en Cangas y siempre tiramos para un lado u otro. Intentamos ir a una zona distinta a la del año anterior", explica. Una vez localizado el humeiro, se corta con hacha, "como toda la vida", y se pela el tronco, dejando intacta la copa. Después comienza la parte más dura: cargar el árbol hasta Cangas, una distancia que puede rondar los cuatro o cinco kilómetros.
No hay un número fijo de porteadores. Hay años en los que participa menos gente y otros en los que se suma más público. Este año, al caer en domingo, la organización espera una mayor presencia. "Ahora va más gente joven. Igual nos juntamos cuarenta personas y hacemos turnos", apunta Membiela. El árbol debe reunir unas condiciones muy concretas. Tiene que ser lo más recto posible y, sobre todo, superar en altura la espadaña de la capilla de la Virgen del Carmen. El hueco donde se planta tiene unos dos metros de profundidad y la capilla alcanza aproximadamente los dieciséis metros, por lo que el Arbolón suele pasar de los veintidós o veintitrés metros de altura.
Una vez plantado, llega uno de los momentos más esperados de la noche: la subida al árbol. Una persona trepa por el tronco hasta alcanzar la parte superior y deja colgada una corona de flores. Esa corona la elabora la Peña La Mecha, una peña formada íntegramente por mujeres, que también mantiene su propia parte de la tradición: las flores, como manda la costumbre festiva, son "robadas".
Ese gesto completa el rito. El árbol no solo debe llegar entero y erguirse ante la capilla; también debe quedar coronado. La imagen de la corona de flores colgada en lo alto del Arbolón resume el carácter popular, pícaro y colectivo de una celebración en la que cada grupo conserva su papel.
La tradición, según recuerdan desde la organización, hunde sus raíces en ritos antiguos que algunos vinculan a la época celta, aunque su continuidad reciente se debe también al empeño de personas que la defendieron cuando pudo haberse perdido. Entre ellas, David Membiela menciona de manera especial a María "El Aire". "Siempre nos acordamos de ella", afirma, agradecido, Membiela.
Este año, además, la cita tendrá un significado especial por el recuerdo a José Linares.
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