María Nieves Lázaro, instalada recientemente en Cangas del Narcea, coordina el impulso de Cáritas en el Suroccidente: “Siempre recibimos mucho más de lo que damos”
Tras regresar al lugar donde están sus raíces maternas para cumplir un sueño de infancia, se involucra en el proyecto social de la iglesia al que anima a sumarse para fortalecer una red que atiende a familias vulnerables y prepara nuevos programas de acompañamiento

María Nieves Lázaro Uría en la puerta del local parroquial de Cangas del Narcea. / D. Álvarez
La vuelta a Cangas del Narcea era un sueño que María Nieves Lázaro Uría llevaba alimentando desde niña. Aunque nació y desarrolló toda su vida en Madrid, sus raíces maternas siempre la mantuvieron unida al concejo, donde pasaba los veranos y descubría una forma de vida que nunca dejó de sentir como propia. Hoy, menos de un año después de instalarse definitivamente en el barrio de Santiso, coordina la recién creada Cáritas Arciprestal de El Acebo, un proyecto que busca reforzar la acción social de la Iglesia en los concejos de Cangas del Narcea, Tineo, Allande, Ibias y Degaña.
"Ya de pequeña hubo bastantes momentos en los que decía: 'yo me quiero quedar aquí'. Me gustaba mucho la vida rural desde que era muy niña", recuerda. Tras una trayectoria profesional ligada primero al turismo y después al desarrollo local en un ayuntamiento de la Sierra de Madrid, aprovechó su prejubilación para dar el paso definitivo. En 2018 compró la antigua casa de una tía en Santiso, la rehabilitó durante varios años y, en septiembre de 2025, regresó para quedarse.
"Estoy muy feliz. Siempre que llegaba aquí sentía que estaba en mis montañas, donde tenía que estar. Y ahora lo sigo sintiendo", afirma con una sonrisa.
Su integración en la vida del concejo fue inmediata. La fe y el voluntariado habían formado parte de su vida desde joven, como catequista, colaboradora con personas mayores y participante desde 2012 en una asociación de cooperación internacional con proyectos en África. Por eso, una vez asentada, llamó a la puerta de la parroquia.
"La vida me ha regalado muchísimo y siento que lo menos que puedo hacer es dar parte de mi tiempo y de mis conocimientos para ayudar a los demás", explica.
Los sacerdotes le propusieron incorporarse a Cáritas para reforzar al grupo de voluntarias involucradas desde hace tiempo, compuesto por Beatriz Sanchís, Margo López y Gloria Murias. Desde octubre comenzó a participar en las acogidas, el programa de apoyo para las personas que llegan a instalarse en la zona.
"La gente viene, nos cuenta sus problemas y tratamos de detectar cuáles son sus necesidades para ver cómo podemos ayudarles. Principalmente, buscan trabajo y ayuda alimentaria porque sus ingresos son muy bajos o inexistentes", resume.
Ese trabajo de escucha constituye el corazón de la labor que desarrolla Cáritas en Cangas del Narcea. A partir de esas entrevistas se canalizan ayudas, se facilita ropa a través del ropero solidario y se intenta servir de enlace con posibles ofertas de empleo.
Ahora, como coordinadora de la nueva estructura arciprestal, afronta el reto de unir esfuerzos entre las distintas parroquias. Pero antes de diseñar nuevos proyectos quiere conocer la realidad de cada territorio.
"Mi primera misión a partir de septiembre será visitar todos los concejos para saber qué necesidades existen y por qué en algunos no hay Cáritas (solo hay en Cangas y Tineo). Quizá haya personas que, como me pasó a mí, estén dispuestas a dedicar unas horas a la semana si conocen el proyecto", señala.
Entre los objetivos que se marcan en la organización, que cuenta con el sacerdote Miguel Vilariño Suárez, como delegado arciprestal, figura también impulsar una nueva línea de acompañamiento a personas mayores, comenzando por la residencia canguesa Hogar San José para combatir la soledad no deseada. Además, esperan reforzar las actividades solidarias, como la chocolatada navideña o la comida benéfica de primavera, con el fin de obtener más fondos para atender nuevas necesidades.
No obstante, María Nieves insiste en que el verdadero reto pasa por sumar voluntarios. "A veces alguien piensa que solo puede dedicar tres horas a la semana, pero tres horas son muchísimo. También se puede ayudar con conocimientos, con ideas o compartiendo aquello que uno sabe hacer", defiende.
Porque, asegura, el voluntariado transforma tanto a quien recibe como a quien ofrece su tiempo. "La gente te devuelve muchísimo cariño. Siempre recibimos mucho más de lo que damos. Además, te enseñan a relativizar tus propios problemas y a valorar lo realmente importante. Al final descubres que formar parte de la vida de los demás también cambia la tuya".
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