Así se presenta la vendimia en Asturias: hasta 25 días de adelanto y un 90% de trabajadores extranjeros
El sector vitivinícola de Cangas del Narcea se enfrenta a una campaña "muy adelantada" y a la escasez de personal, retos que se suman a la pequeña escala del viñedo

Vendimia, el año pasado, en Cangas del Narcea. / DEMELSA ALVAREZ
Zaira Varas
La vendimia asturiana afronta una campaña adelantada y con las bodegas pendientes de dos cuentas que este año parecen correr a la vez: cuándo estará lista la uva y con qué manos podrán recogerla. En una región que suma algo menos de un centenar de hectáreas de viñedo, casi toda la superficie vitícola se concentra en la DOP de Cangas del Narcea, en el suroccidente asturiano. Son pequeñas parcelas de montaña, muchas de ellas de difícil acceso, repartidas principalmente entre Cangas del Narcea e Ibias. Una actividad de dimensiones modestas si se compara con las grandes zonas vitivinícolas españolas, pero que mantiene empleo y actividad agrícola en el territorio y suma además un valor cada vez más ligado al paisaje, la gastronomía y el enoturismo.
Ibias pone el calendario a correr
Este año, además, el calendario se ha puesto a correr. En Ibias hay bodegas que ya manejan fechas de finales de agosto para comenzar a recoger la uva, varias semanas antes de lo habitual. La previsión más temprana llega de Siluvio Bodegas y Viñedos. Su bodeguero, Lalo Méndez León, calcula que empezarán alrededor del 22 de agosto, frente al 12 o 14 de septiembre del año pasado. Son entre 20 y 25 días de diferencia. Y no es una fecha lanzada al aire: la decisión llega después de analizar muestras tomadas este domingo. "Sabía que venía adelantada, pero no tanto. Está muy, muy adelantada", explica Méndez León, que asegura que la uva presenta ya un grado de maduración muy alto.
El adelanto no significa que toda la DOP Cangas vaya a seguir exactamente el mismo calendario. La propia geografía hace que cada viñedo tenga su ritmo. Ibias presenta unas condiciones particulares y, según Méndez León, es "el concejo más caluroso de Asturias", una circunstancia que ayuda a explicar que allí la maduración pueda llegar antes que en otros puntos de la denominación.
Alicia Fernández, directora técnica de la DOP, también ha observado que la evolución de la uva va por delante de otros años. El envero, ese momento en el que las uvas tintas comienzan a cambiar de color y entran en una fase decisiva de maduración, "está viniendo un poco adelantado". Julio aceleró el proceso, aunque las temperaturas más frescas de los últimos días han frenado algo esa evolución. "Ahora está un poco más estático", señala.

Fiesta de la Vendima, en Cangas del Narcea, el pasado año. / Demelsa Álvarez
Por eso, desde la denominación todavía prefieren no poner una fecha cerrada a la campaña. Habitualmente, las variedades blancas comienzan a recogerse a mediados de septiembre en la zona de Ibias, mientras que este año podrían llegar a los primeros días del mes. "Puede ser que lleguemos a los primeros días de septiembre, pero no se sabe, es muy pronto todavía", apunta Fernández. Hace dos años, en cualquier caso, la vendimia ya comenzó el 31 de agosto.
La diferencia entre unas parcelas y otras puede ser de semanas. En una viticultura de montaña, la orientación de una finca, la altitud, las horas de sol o las condiciones concretas de cada terreno pueden hacer que dos viñedos relativamente próximos no estén preparados al mismo tiempo. Por eso, más que una fecha común, las bodegas trabajan estos días con muestras, grados de maduración y previsiones que pueden cambiar de una semana para otra.
Un adelanto que va más allá del calendario
Lo que ocurre en Ibias forma parte, además, de una tendencia que este año se observa en buena parte del sector vitivinícola español. Las previsiones para la vendimia de 2026 en toda España apuntan a un inicio entre una y dos semanas antes de lo habitual, después de un año marcado por abundantes lluvias y por temperaturas elevadas durante los últimos meses.

Lalo Méndez León recogiendo unas uvas para analizarlas. / Lalo M. León
Adelantar la vendimia no consiste simplemente en tachar una fecha y escribir otra en el calendario. Si la uva está lista antes, también hay que tener antes preparados los trabajadores, los turnos, el transporte, los medios de recogida y todo lo necesario para que la bodega pueda recibir y procesar la uva. Ahí aparece el segundo gran frente de esta campaña: las manos.
Encontrar trabajadores, otra carrera contra el reloj
La falta de trabajadores que arrastra el campo español también alcanza a las bodegas asturianas. Según los datos de la información sectorial nacional, el 63% de las bodegas tuvo dificultades para completar sus plantillas durante la vendimia de 2025. Este año, con un calendario que puede adelantarse, el margen para encontrar y organizar las cuadrillas se reduce todavía más.
En Siluvio necesitan habitualmente entre diez y doce personas para afrontar la vendimia. "La mano de obra es difícil de encontrar", reconoce Méndez León. La bodega ha conseguido, no obstante, cierta estabilidad gracias a los grupos de vendimiadores con los que trabaja cada año. Si uno no puede acudir, otro ocupa su lugar. Esa red de trabajadores habituales permite afrontar con algo más de tranquilidad una tarea que se concentra en muy pocos días y para la que no sirve llegar tarde: cuando la uva está preparada, hay que recogerla.
El origen de esos trabajadores refleja además un cambio que ya forma parte del campo español. En Siluvio, alrededor del 90% de la cuadrilla es extranjera, con personas procedentes de Senegal, Guinea, Mauritania, Colombia y otros países. Solo el 10% son españoles. En una vendimia pequeña como la asturiana, el dato no representa al conjunto de la región, pero sí muestra la dependencia que determinadas explotaciones tienen de la mano de obra extranjera cuando llega el momento de concentrar el trabajo agrícola en unas pocas semanas.
La situación no es idéntica en todas las bodegas de la DOP. Fernández reconoce que "en general aquí está costando encontrar mano de obra para todo", tanto para el cuidado de los viñedos como para la propia vendimia, aunque señala que la llegada de trabajadores extranjeros a su entorno ha sido reducida. Actualmente, la actividad vitivinícola de la denominación mantiene alrededor de 20 empleos y durante la vendimia podría llegar a generar otros 20 puestos de trabajo temporales. En esos días, buena parte del esfuerzo recae en el personal de las propias bodegas, que asume más jornadas y tareas para sacar adelante la recogida.
Poco viñedo, mucho territorio
La viticultura asturiana está lejos de manejar los volúmenes de las grandes regiones productoras españolas. Menos de 100 hectáreas de viñedo dan una idea de su escala. Pero en el suroccidente el valor de esta actividad no se mide únicamente en litros de vino.
Los viñedos ocupan pequeñas parcelas de montaña que mantienen actividad agrícola en un territorio donde las alternativas productivas son más limitadas. A su alrededor se mueven bodegas, trabajadores, proveedores, comercio y una oferta turística que encuentra en el vino otro motivo para acercarse a la zona. Las visitas a bodegas, la gastronomía y el propio paisaje de viñedos forman parte de un mismo atractivo que ha ido ganando espacio en la promoción turística del suroccidente.
Por eso, la vendimia es el momento en el que culmina el esfuerzo de todo un año en el viñedo y en el que las bodegas tienen que acertar con un punto especialmente delicado: recoger la uva cuando está preparada, pero conseguir también que haya suficientes manos para hacerlo.
Este año, en Ibias, ese momento puede llegar cuando todavía quede agosto por delante. Si las muestras y las previsiones mantienen el rumbo actual, Siluvio comenzará a vendimiar el 22 de agosto, casi un mes antes que el año pasado. Para una actividad acostumbrada a trabajar con calendarios muy ligados al terreno y al clima, la diferencia no es menor. Y obliga a tenerlo todo listo antes: la uva, la bodega y, sobre todo, las personas que tendrán que recogerla.
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