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María Mirela, la modista rumana que enseña a coser a la juventud de Cangas del Narcea: "Nunca es tarde para dedicarte a tu pasión"

La profesional de la costura celebra una década al frente de su propio negocio, donde combina el diseño a medida para eventos con clases magistrales para jóvenes de la comarca

María Mirela en su local.

María Mirela en su local. / Lucía Rodríguez Alonso

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Lucía Rodríguez Alonso

Cangas del Narcea

Nueve años trabajando en la hostelería sirvieron para que María Mirela tomase una decisión contundente. Era el momento de arriesgar por lo que de verdad le movía el corazón. Aunque confiesa entre risas que el primer mes no le dio "ni para pagar el alquiler", la tenacidad terminó ganando la partida. Hoy, a sus 40 años y tras dos décadas residiendo en Cangas del Narcea, esta modista de origen rumano ha conseguido transformar un pequeño taller en un punto de encuentro intergeneracional donde los hilos, las telas y la creatividad se han convertido en su auténtica filosofía de vida.

La pasión por las agujas le viene desde muy pequeña. "Tuve una muñeca que tenía más ropa que yo misma, le hacía vestidos y faldas con calcetines o con cualquier tela que encontraba”, recuerda Mirela con nostalgia. La influencia de su madre, que también cosía en casa, y una inclinación por el dibujo terminaron por trazar su camino profesional.

Viaje a España

Al terminar sus estudios en Rumanía, cursó un ciclo superior de Formación Profesional en Corte y Confección durante tres años, una enseñanza cualificada que le otorgó el título para ejercer formalmente el oficio. Con apenas 20 años tomó la decisión de venirse a España, estableciendo sus raíces de manera definitiva en el concejo cangués.

Sin embargo, el salto al emprendimiento no fue inmediato. Tras años dedicados a la hostelería, decidió que era hora de dar el paso e independizarse profesionalmente. Acaba de cumplir diez años con la persiana subida de su negocio, un espacio en el que ha vivido una evolución constante. "Empecé sobre todo haciendo arreglos de ropa, pero poco a poco fui tirando hacia el corte y confección, que es lo que realmente más me gusta, el patronaje y el diseño a medida", explica la modista.

Diseña e independiza vestidos para novias, trajes para madrinas, eventos de comunión e incluso piezas de indumentaria tradicional como trajes de asturiana. Todo elaborado de manera artesanal en las horas en las que el taller cierra al público. "La ropa que me hago para mí la suelo coser por las noches o al acabar el horario de apertura", apostilla.

Clases a grupos reducidos

"La gente joven está respondiendo de una forma increíble, ver a chicas de veintipocos años queriendo aprender a hacerse una falda… te carga de energía", comenta emocionada. En el mismo local, este año, imparte clases de lunes a jueves, tanto en horario de mañana como de tarde, organizadas en cuatro reducidos grupos de cinco personas para garantizar una enseñanza personalizada.

Mantener un negocio propio en el Suroccidente asturiano requiere un esfuerzo constante. "La vida de autónomo en un municipio pequeño no es siempre sencilla, y el clima invernal suele traducirse en un volumen de trabajo más bajo", indica Mirela, quien agradece profundamente el cariño con el que siempre la ha acogido la villa.

A la hora de mirar al futuro y dar un consejo a quienes estén sopesando adentrarse en el mundo de la confección artesanal, lo tiene claro, la clave radica en la calma y el amor por la profesión. "Lo más importante es tener paciencia y dedicación. Es un mundo precioso en el que nunca dejas de aprender, yo aprendo algo nuevo cada día", concluye con una sonrisa.

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