El puerto de Candás, en la encrucijada
De más de 20.000 kilos subastados en 2004, en 2006 se superaron ligeramente los 11.000

Recogida de sardinas en el puerto de Candás, en una imagen de los años veinte del siglo pasado. / reproducción de braulio fernández
Candás,
Braulio FERNÁNDEZ
Capital de la pesca gracias a la industria conservera, el puerto de Candás ha sobrevivido desde el siglo XVI, cuando nace con carácter ballenero, a base de reformas, que lejos de ser meros arreglos, han ido moldeando su imagen, transformándolo en función de las necesidades de cada centuria. Las del XX eran la salazón o el escabeche, mientras que la del XXI, mucho menos romántica a los ojos del oriundo, puede ser el turismo y la práctica deportiva. O ésa es la lectura, al menos, que han realizado los gobernantes locales sobre uno de los elementos más genuinos de Candás. Y es que el puerto ha sido y es un lugar de trabajo, pero también de ocio y esparcimiento, paseo y carpa de fiestas, recinto deportivo y templo religioso para la oración marinera. Un espacio al que se trata de dar un nuevo rumbo que le permita permanecer, al menos, otros cien años más.

El puerto de Candás, en la encrucijada
El reciente anuncio hecho público por el Principado de ampliar los amarres fijos en el muelle mediante la instalación de nuevos pantalanes, así como las reformas que planean sobre las dos rampas, busca actualizar los usos de un puerto que en los últimos años ha cambiado su carácter pesquero por el turístico y deportivo con la misma celeridad con la que la actividad profesional mengua con la desaparición de la industria conservera en la villa.
Candás ha sido sede de un total de 89 empresas diferentes de la conserva desde la instalación en 1844 de la firma Leonardo González Avellanal, dedicada a salazones, en el marinero barrio de Santolaya. Desde entonces y hasta hoy, la actividad se ha mantenido irregularmente, registrando épocas de bonanza, así como crisis. Aún así, en la actualidad Candás mantiene cierta actividad conservera (Albo y Remo) pese al traspaso de la capitalidad de la anchoa a la cántabra Santoña a mediados del siglo XX.
A lo largo de más de 150 años se han sucedido las diferentes actividades del sector, desde los primeros tiempos, más destinados a los salazones, pasando por los escabeches para finalmente proliferar las conservas. Desde finales del siglo XIX y hasta los años ochenta se calcula que operaron en Candás más de 120 vapores mayores de diez toneladas; y en torno a la treintena de motopesqueros mayores de diez toneladas, ya en tiempos más recientes. Eso por no mencionar las embarcaciones que, sin tener sede en el puerto de Candás, han desarrollado su actividad en sus alrededores.
Sin embargo, en la actualidad, la cofradía de pescadores local cuenta tan sólo con una treintena de socios, mientras que se encuentran registradas una docena de embarcaciones profesionales. La actividad pesquera candasina ha decaído a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, paralela al auge de la industrialización pesada en la comarca.
Desde la ampliación del puerto, entre 1999 y 2004, la actividad pesquera candasina ha languidecido. Si en 2004 el pescado subastado en la lonja recogió unas cifras de más de 20.000 kilogramos en capturas, en los años siguientes los datos han menguado. En 2005, las capturas realizadas totalizaron 17.972 kilos; 16.431 en 2006.
El último año la lonja alcanzó unas ventas de 142.326 euros, correspondientes a 11.118,68 kilos, las cifras más bajas de los tiempos recientes. Y es que la actividad pesquera candasina no resiste comparación con la de otros puertos de similar tamaño, como el de Luanco, donde el pasado año se subastaron 22.163,55 kilogramos, el doble que en Candás, y muy lejos de los más de 130.000 kilos de Cudillero o 200.000 de Luarca.
La propia Dirección General de Pesca inició en 1999 la tarea de relanzar el sector con varias obras, entre ellas, la construcción de una nueva lonja. Sin embargo, todo indica que las alternativas de futuro para el puerto candasín son los usos deportivos, con la vista puesta en el vecino Gijón, de cuyos muelles se aspira a captar usuarios. De hecho las actuaciones en marcha están encaminadas a dotar al muelle de un carácter turístico y deportivo, que atraiga embarcaciones de color blanco que pueblen los amarres candasinos, que en la actualidad ya son mayoría.
Con todo, se pretende al mismo tiempo conservar el carácter pesquero. Un pacto no escrito para que la pesca perviva en Candás, aún auspiciada por unos pocos marineros de los de antaño, en los que reside buena parte de la herencia cultural y social de la villa.
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