12 de abril de 2008
12.04.2008

Nostalgia de un emblema turístico

Los carreñenses claman por que el complejo perlorino recupere el esplendor de hace décadas

12.04.2008 | 02:00
El antiguo edificio de la Ciudad de Vacaciones de Perlora, a mediados del siglo XX.

Perlora,

Braulio FERNÁNDEZ


Que la Ciudad de Vacaciones de Perlora es uno de los principales motores de la economía carreñense ha sido dicho por activa y por pasiva desde que en 2006 se materializó su cierre provisional. Voces del sector político, comercial y vecinal del concejo han clamado por que el complejo vuelva a abrir lo antes posible. De ahí han surgido al mismo tiempo los temores a que el proceso de la nueva Ciudad de Perlora sea lento y dificultoso, prolongando en el tiempo una imagen que nadie en Carreño desea: la que la Ciudad muestra en la actualidad desde hace dos años y que mantendrá, por lo menos, otros tres más.


Esta imagen es la de un espacio natural, al borde de los cantiles del Cantábrico, integrado en un espacio privilegiado en el que el verde abunda más que el ladrillo, pero en el que, por desuso y falta de mantenimiento, la vegetación se ha convertido en maleza y las casas antiguamente ocupadas por miles de turistas llaman ahora la atención por sus grietas y humedades, cuando estas no están ocultadas por pancartas sindicales contra la privatización.


La Ciudad Residencial de Perlora nació en 1954 como un destino turístico social, al amparo del franquismo, anticipándose a la moda caribeña del «todo incluido» al atraer a trabajadores de diferentes puntos de España a descansar tras once meses de duro trabajo, con la premisa de que no tuvieran que hacer el más mínimo esfuerzo. En Asturias, el centro adquirió, además, valor simbólico al acoger durante los meses de verano a numerosas familias de la cuenca minera asturiana, lo que valió a muchos de los hijos de aquellas generaciones el apelativo de «niños de Perlora», emulándolos a los madrileños que veraneaban en las «colonias valencianas».


El éxito de Perlora se midió siempre en cifras de asistencia y no en datos económicos. El último año antes de echar el cierre, acogió a un total de 80.000 visitantes, batiendo el récord de asistencia. Al mismo tiempo, y con el presupuesto más bajo de su historia -unos 100.000 euros-, comenzaron los mensajes que acabarían siendo proféticos. La Ciudad de Vacaciones pública no seguiría existiendo y sólo la inversión del capital privado podría lograr que perdurase en el tiempo.


En la primavera de 2007, tras varios meses de especulaciones sobre su futuro, el Principado convocó el concurso para ceder la explotación de la Ciudad durante los próximos cincuenta años. A todos los grupos políticos de Carreño les pareció que las exigencias se quedaban cortas y surgió el dilema: ¿un concejo industrial o turístico?

Tras finalizar el plazo para la presentación de ofertas -se amplió, lo que llevó a algunos a sospechar falta de interés-, el Principado apostó por un grupo de empresas asturianas, que reservarían un 20 por ciento de la futura sociedad gestora al ente gubernamental. Cuando la Ciudad de Vacaciones se dispone a afrontar su segundo verano sin residentes y tras las sombras que planean sobre el proyecto, el Gobierno regional sostiene que presentará en los próximos días la UTE que gestionará el nuevo complejo, que se prevé abrir en tres años.

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