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Opinión

San Martín de Laspra

Alberto

En la despedida a uno de los puntales de la asociación de vecinos de San Martín de Laspra

En los últimos años, el movimiento asociativo ha renacido al calor de las reivindicaciones de carácter general o sectorial, la defensa de los servicios públicos, la preocupación por el deterioro del entorno natural, la cultura o los efectos de las nuevas tecnologías, incluida la Inteligencia Artificial en las nuevas generaciones y el mundo del trabajo. El abandono de las zonas rurales ha propiciado que grupos de vecinos se asocien para intentar que la vida social y cultural de los pueblos no desaparezca. Solo hay que echar una mirada a la comarca de Avilés para ver cómo numerosas asociaciones trabajan de forma voluntariosa por avanzar en la ciudad y el campo.

En concreto en el municipio de Castrillón, hay más de una veintena de asociaciones en diferentes ámbitos, asociaciones de vecinos, culturales, juveniles, de mayores, etc. Estas asociaciones sobreviven por el empeño, el trabajo y la dedicación de personas que, de manera altruista, dedican su tiempo libre a poner en pie actividades de todo tipo, que favorezcan la participación de todos. ¿Alguien piensa que las fiestas de San Isidro en Castrillón, serían las mismas sin el desfile de carrozas, en cuya construcción participan casi todas las asociaciones? Asociaciones que luchan contra un muro burocrático que les exige papeles y más papeles, a lo que se suma la escasez económica y normas que exigen cada vez más esfuerzo y por ello hay que tener mucha moral para continuar con esa labor.

Por eso, hoy los vecinos de San Martín de Laspra queremos homenajear a un ejemplo de persona dedicada con altruismo y perseverancia a mantener viva nuestra asociación. Alberto, trabajador jubilado del Ayuntamiento, era el alma de la asociación de vecinos “Amigos de San Martín de Laspra” y decimos era con una onda pena porque acabamos de perderlo. Él era un “todoterreno”, su capacidad de conexión con todo el mundo le permitía conseguir financiación con la venta de lotería, la publicidad de nuestros carteles y todo tipo de rifas, su relación con los servicios del Ayuntamiento, facilitaba soluciones para problemas surgidos en la preparación de las fiestas, las carrozas o las obras pendientes. Alberto organizaba la distribución de las familias en la fiesta de julio, buscaba músicos para las fiestas de San Martín. Su tarea era interminable e imprescindible y lo hacía con alegría y dedicación, incluso cuando, en los últimos tiempos, problemas de salud limitaban su tarea.

No quiero con esto dejar de lado al resto de miembros de la junta directiva, un tesorero que, hasta hace poco nos acompañó, entre otras muchas tareas llevaba las cuentas de manera rigurosa, un secretario que lejos de redactar solo actas, se enfrenta a la antipática tarea de la relación telemática con el Ayuntamiento, un artista que propone ideas para las carrozas y unos vocales que hacen de todo... En fin, un trabajo interminable y colectivo. Las instituciones harían bien en cuidar a este movimiento vecinal que lo mismo es capaz de unirse para conseguir la fibra óptica en las zonas rurales en las que viven, que imparten talleres, que organizan conferencias, que permiten que las fiestas de San Isidro sobrevivan con sus carrozas, que trabajan en el Belén en el atrio de la Iglesia, que avisan al Ayuntamiento de que faltan luces o de que sobran baches, etc, etc.

Hoy, en San Martín, nos quedamos huérfanos sin Alberto y nos enfrentamos a una ausencia difícil de llenar, sabemos que él no querría que paráramos, por el amor incondicional que tenía a nuestro pueblo. Por eso debemos seguir con su trabajo y su ejemplo.

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