"Arrecifes de Salinas", el bombón nacido en un obrador que se convirtió en un emblema de Castrillón
La popular confitería de Salinas nació como una pequeña panadería familiar impulsada por Carmen González y continúa hoy con sus hijos Javier y Eli al mando, mientras ella se mantiene como gerente: “La panadería siempre fue el pilar de todo”

Elisabeth Quero, hija de la repostera Carmen González y encargada de la confitería Carmen de Salinas. / Christian García
“Venían desde fuera y me decían: '¿y los arrecifes cuándo nos los haces?'”. La frase resume hasta qué punto unos bombones acabaron trascendiendo el obrador para convertirse en casi un emblema local. Los “Arrecifes de Salinas”, creados por Carmen González, no solo se vendieron por kilos durante años, sino que se convirtieron en un recuerdo obligado para visitantes y en una seña de identidad dulce del concejo de Castrillón.
Pero antes de ese dulce que acabaría dando nombre propio a Salinas hubo un inicio. Carmen González empezó en 1982 junto a su marido Florencio con una pequeña panadería, cuando llegaron al concejo y comenzaron elaborando productos básicos como magdalenas o empanadas. “Empecé poco a poco, haciendo cosas de repostería, pero de panadería, no de confitería”, recuerda.
Aquel primer paso pronto se quedó pequeño. Abrió un pequeño despacho junto a la iglesia de Salinas y, con el tiempo, dio el salto decisivo: dejar de comprar productos a terceros para producirlo todo ella misma. “Me di cuenta que yo podría fabricarlo a mi manera. No era necesario comprarlo", explica. En 1990 puso en marcha su propio obrador, el punto de partida de una evolución constante entre locales, ampliaciones y nuevos proyectos.

Algunos de los productos ofertados en la confitería. / Christian García
De ese recorrido nace también la confitería que hoy lleva su nombre y que ha llegado a convertirse en un negocio familiar con varias líneas de trabajo. Sus hijos han asumido el relevo: Javier en la panadería y Eli en la confitería, mientras Carmen sigue vinculada como figura de dirección. “Yo no puedo trabajar ni tocar nada, pero sí puedo estar como gerente, como quien ordena”, señala.
En ese contexto de crecimiento y búsqueda constante de identidad propia surgieron los “Arrecifes de Salinas”. El producto nació en 2006, pero lo hizo casi como un experimento. “Empezamos probando, cambiando cosas… no sabíamos cómo iba a salir”, cuenta. El resultado terminó superando expectativas: un bombón que llegó a vender decenas de kilos al mes y que acabó viajando mucho más allá del concejo. “Había gente que venía de visita y se llevaba cajas enteras como recuerdo”, explica Carmen, que acabó viendo cómo aquel dulce funcionaba casi como un souvenir local improvisado.
Ese vínculo con el territorio no se quedó ahí. Carmen ha mantenido también una estrecha relación con el entorno cultural de Salinas, especialmente con el Museo de Anclas, del que se confiesa profundamente admiradora. De esa conexión han surgido incluso piezas artesanales y objetos inspirados en el paisaje marítimo del concejo.

Interior de confitería Carmen, en Salinas. / Christian García
Hoy, con la producción directa ya fuera de sus manos por motivos de salud, Carmen sigue vinculada al negocio en tareas de supervisión. “Yo ahora puedo estar como gerente, como una persona que manda o que ordena, pero no puedo tocar nada”, explica sobre su situación actual tras su retirada de la elaboración.
Mientras tanto, la confitería mantiene su actividad con el relevo ya asumido por la siguiente generación, en un modelo familiar en el que sus hijos han tomado las riendas de las distintas áreas del negocio. Además, los “Arrecifes de Salinas” siguen presentes como uno de los productos más reconocibles de la casa. “Había gente que venía y me preguntaba directamente por los arrecifes, como si fueran algo típico de aquí”, recuerda Carmen sobre un bombón que nació en el obrador y terminó viajando kilómetros y kilómetros a las casas de los turistas y visitantes de toda la península.
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