Opinión
El lugar al que pertenezco
En la “sociedad del rendimiento”, decía Byung-Chul Han, hemos dejado de poseer objetos para ser poseídos por ellos
La idea de que los seres humanos no poseemos nada en términos filosóficos o existenciales no es nueva. Diógenes de Sinope, en el siglo V antes de nuestra era común, aludió al concepto de autarquía o autosuficiencia, considerando que la auténtica libertad solo se lograba desprendiéndonos de la posesión material y también de las normas sociales que esclavizan al alma y nos alejan de nuestro ser. Por otro lado, desde una perspectiva actual, el célebre Byung-Chul Han, Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2025, manifiesta que en la llamada “sociedad del rendimiento”, hemos dejado de poseer objetos para ser poseídos por ellos, en una especie de flujo de consumo efímero donde nada permanece. No obstante creo, y esto es ya de mi cosecha, que hay lugares o estados espirituales que nos poseen y que nos hacen más humanos, porque nos permiten recobrar la esencia perdida y el origen. Me refiero al pueblo al que pertenecemos aunque, siguiendo con el pensamiento especulativo, él no nos pertenezca.
Y llegados a este punto, es cuando pienso en el orbayo que me acaricia el alma y en el recuerdo del pasado, que enmarca a los pueblos de nuestro municipio, Castrillón. Es cuando siento el aroma a sal y a óxido, de esta tierra, frontera temporal de la historia. Es cuando oigo el susurro del viento desde las piedras del Castillo Gauzón. Es cuando refulgen y me deslumbran las joyas de una monarquía que buscó su refugio en los acantilados. Es la victoria del estruendo del oleaje y el aroma al eucalipto. Es el tacto del temporal esculpiendo las dunas del Espartal. Es la nostalgia de los surfistas que esperan alcanzar una ola eterna. Es la dureza de una patria negra como el carbón y el esfuerzo de los mineros, en las entrañas de Arnao. Es la simbiosis del sudor y el salitre. Es la geografía del contraste en el sendero. Es el grito de la gaviota. Es Adán, amor de Lurdes. Es la yerba segada y la arena fina de Santa María. Son nuestros pies pequeños caminando tímidamente hacia atrás, sorprendidos por las espumas.
Eres tú, niño de aire, que regresas, cuando yo ya sea solo un rastro, reflejo de piedras muy verdes que te acompañarán para siempre desde la imaginación en nuestra casa iluminada.
Eres tú, Castrillón, que no me perteneces, aunque te pertenezca, eres tú, horizonte, cielo y agua. Eres tú, ese faro al que siempre vuelvo, porque enciendes mi espíritu.
- Comienza el derribo de los silos de alúmina de la antigua Alcoa que dará paso a la nueva fábrica de Windar
- La conexión con Asturias de David Mesonero, alineado con la alternativa a presidir el Real Madrid
- Nuevo supermercado en Avilés: Carrefour Express abrirá un local el 22 de mayo en pleno centro de la ciudad
- Un menor, en la UCI tras ser atropellado mientras cruzaba en su bici por un paso de peatones en Avilés
- Espectacular accidente en Avilés: un vehículo se empotra contra la entrada de un puente en Llaranes
- Amanda Casarreal, de 27 años, vive de alquiler en Piedras Blancas y busca un piso en Avilés: 'Los precios han subido una barbaridad y pese a ello las viviendas vuelan en días
- Grave accidente en la carretera Avilés-Luanco: un motorista resulta herido en una colisión con un coche en el cruce de Manzaneda
- La historia del bebé que estrenó la incubadora del Hospital San Agustín de Avilés y el orgullo de su madre (ambos ya fallecidos): 'Siempre que podía, presumía de ello
