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Las caravanas en Salinas, un quebradero de cabeza con una posible solución en el horizonte

Los vecinos denuncian los problemas que acarrea este tipo de turismos en la zona mientras un empresario ultima la creación de un área específica para esos vehículos

Una caravana, en Salinas

Una caravana, en Salinas / I. D.

N. Menéndez

Salinas

Una de las escenas más cotidianas del verano en Salinas es ver las inmediaciones de la playa llenas de caravanas y autocaravanas. Son muchos los que, llamados por el buen tiempo y las vistas de la zona, se instalan durante días e incluso semanas en las calles próximas al arenal, algo que ha puesto en pie de guerra a los vecinos de la villa. “Hay gente que durante tres meses vive en Salinas, en primera línea de playa, saturando el pueblo y dejando sin estacionamiento a los vecinos, además de dejar suciedad por todas partes”, alerta Iván Díaz, presidente vecinal. Mientras tanto, detrás del instituto de la localidad se trabaja para crear un área específica para autocaravanas tras el “infierno burocrático” que tuvo que vivir su impulsor, Iván Valle.

Díaz critica que, a pesar de insistir al Ayuntamiento para que se controle el aparcamiento de caravanas en Salinas, no se toman medidas. “Se va a generar un efecto llamada con esta permisividad”, señala el castrillonense. “Se tiene que hacer algo. Estos vehículos se estacionan en zonas verdes donde no se debe aparcar. Además, perjudican la rotación de plazas, porque se instalan y no se mueven. Por eso hay menos gente en la playa”, apunta el presidente.

Díaz confía en que la futura área de autocaravanas sirva para aliviar esta problemática. “Ya sería el colmo que, habiendo esa instalación, la situación siguiese igual”, sentencia. Valle es la persona detrás de ese proyecto y, tras años de pelea con las administraciones, su idea está cerca de abrir sus puertas. “Yo creo que es algo beneficioso para el pueblo y que no implica un perjuicio para nadie. No es normal que alguien que llegue pueda aparcar donde le dé la gana y que a mí, que trato de cumplir a rajatabla con la ley, se me pongan tantas trabas. Estoy harto”, señaló hace unos meses el empresario.

Su periplo para sacar adelante el área de autocaravanas puede considerarse una auténtica odisea. Tras conseguir los permisos de la CUOTA, de la Confederación Hidrográfica y de Turismo, le faltaba el visto bueno por parte de la arquitecta municipal, un trámite que se dilató en el tiempo. Tal fue su desesperación que llegó a derrumbarse en un pleno donde se trató su situación. “He tenido que vender hasta mi casa; ahora, ¿quién me va a devolver mis 400.000 euros?”, dijo, casi entre lágrimas. Ahora, parece que todo avanza de cara a la próxima campaña estival.

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