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Marga López, la comerciante que ha vestido a dos generaciones de castrillonenses: "Antes era inconcebible ver a los niños vestidos con camisetas de fútbol"

"Hay una niña, que tiene ahora dieciocho años o así, que me dice que quiere comprar aquí la ropa de sus futuros hijos", apunta Marga López, propietaria de Los Locos Bajitos

Marga López, en la entrada de Los Locos Bajitos.

Marga López, en la entrada de Los Locos Bajitos. / Mara Villamuza

N. Menéndez

"Ahora ya estoy curada de la impresión, pero el primer día casi me da un chungo". Marga López lleva más de treinta años con su tienda, Los Locos Bajitos. Desde su mostrador ha ido vistiendo, a lo largo de este tiempo, a infinidad de niños, convirtiéndose en uno de los negocios con mayor solera de Piedras Blancas y Castrillón. Ahora presume de algo que, de primeras, no paraba de sorprenderle. "Es un orgullo poder decir que estoy vistiendo a dos generaciones de castrillonenses. Impresiona, pero es algo que me gusta mucho", afirma.

"Hay una niña, que tiene ahora dieciocho o así, que me dice que quiere comprar aquí la ropa de sus futuros hijos. Espero estar jubilada para ese momento", bromea López, que desde su tienda ha podido ver cómo evolucionan los hábitos de consumo de la sociedad. Para ella el punto que cambió todo está claro: la pandemia. "Hubo un antes y un después. Antes se priorizaba mucho vestir bien a los niños, era inconcebible verlos vestidos con camisetas de fútbol por la calle. Ahora parece que eso ha pasado a un segundo plano, ya no es una prioridad", afirma la castrillonense.

López asegura que la caída del comercio local "era algo que se veía venir" y, aunque en tiempos de pandemia hubo un cierto repunte, "con el tiempo volvió a pasar lo mismo". "A la gente, durante el confinamiento, le entró pena al ver las tiendas de sus calles cerradas. Por eso, al poder salir, sí que se acercaron más. Sin embargo, al volver la normalidad a todo el mundo se le olvidó muy rápido esa sensación", señala la comerciante, que lamenta la falta de relevo generacional que tienen negocios como el suyo. "En mi caso, directamente, no hay relevo. El día que me jubile tendré que decir adiós a todo", lamenta.

"Hay algún valiente que se atreve a emprender, pero vas a cualquier sitio y solo ves locales cerrados. Las cosas están como están", indica López, que promete seguir al pie del cañón, vistiendo a los niños de Piedras Blancas y Castrillón. Su objetivo es claro: seguir marcando a la nueva generación de castrillonenses.

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