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Cuando los gobernantes franquistas de Castrillón y Avilés fueron "descubridores" del castillo de Gauzón y la muralla avilesina

"El ayuntamiento de Castrillón actuó con una mentalidad prearqueológica en 1952 al informar sobre la posible ubicación del castillo de Gauzón", sostiene el arqueólogo Iván Muñiz

Un grupo de visitantes observan el pozo del castillo de Gauzón.

Un grupo de visitantes observan el pozo del castillo de Gauzón. / María Fuentes

A. F. V.

En los años 50 del pasado siglo, el gobierno franquista pidió a los gobernadores y alcaldes de cada municipio que identifiquen los castillos de su territorio. En aquella Asturias precaria, que estaba pagando con creces las heridas de la guerra civil, los gobernantes de Castrillón y Avilés se erigieron como los "descubridores" de dos elementos fundamentales para el patrimonio de la comarca y también de la región, tal y como recoge el arqueólogo Iván Muñiz en su estudio "En las Españas del Cid. Fortificaciones medievales de Asturias en tiempos de Guerra Civil": el castillo de Gauzón y la muralla avilesina.

“El ayuntamiento de Castrillón fue uno de los que respondió, y además con una mentalidad casi prearqueológica. En 1952 y 1953 informaron de la presencia del castillo de Gauzón en Raíces, donde ya no quedaban restos a la vista, indicaban, pero se podía intuir en la configuración de los terrenos el lugar donde pudo estar la fortificación. No solo eso, sino que señalaron igualmente la tradición popular. Debe valorarse que este dato precede a los estudios emprendidos en los años 60 y 70 y es de una entidad política que pasa a reconocer esa localización de un yacimiento en su territorio. Hay que destacar por ello el papel de los gobernantes del ayuntamiento castrillonense de estas décadas como “descubridores” del castillo de Gauzón en términos oficiales y administrativos. En 1966, finalmente, los distintos datos sobre el castillo fueron reunidos”, explica Muñiz.

Sobre la labor hecha en Avilés, señala: “En los años 50 y en aquel contexto de dificultades, el ayuntamiento se limitó a señalar la existencia de restos que habían sido utilizados como cimientos por las casas. Pero en los 60, el informe que se redacta es más contundente. Habla de las 'interesantes' murallas que había tenido la villa, dándoles primero cronología 'romana' y situando los vestigios conservados en las casas limítrofes con el final de la calle Marqués de Teverga, 'dando a la parte posterior de la actual iglesia convento de los Padres Franciscanos', indican. Al ser identificada la muralla superviviente, esta fue incluida en el inventario final con el primer nombre oficial que se le concedió según el tipo de clasificación del momento: “recinto amurallado de Avilés”, otorgándole ya su cronología medieval y el mismo rango que a otras cercas urbanas como la de Llanes. Las murallas de Avilés nunca se ausentaron. Por fortuna, siempre fueron murallas presentes. Como en el caso de Gauzón, junto al ayuntamiento actual, por promover la restauración de los tramos, debe elogiarse a los técnicos que en aquellos años se preocuparon de consignar su supervivencia, más aún cuando el patrimonio cultural era un criterio muy incipiente”.

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