Juani Rishmawi relata en Castrillón el acoso israelí contra las ONG palestinas: "O sales o mueres, el aislamiento es total"
La activista madrileña, que pasó un año encarcelada en Israel sin pruebas bajo acusaciones de terrorismo, arropó la proyección del documental 'Shrinking Space' y un coloquio organizado por Izquierda Unida

Noemí Martín y Juani Rishmawi, con la bandera de Palestina en la sede de IU en Piedras Blancas. / Christian García
Juani Rishmawi se convirtió, sin buscarlo, en un "chivo expiatorio" de la represión del Estado de Israel contra el pueblo palestino. Esta activista madrileña, que trabajó desde 1993 en la gestión de proyectos de salud en territorio palestino, pasó un año encerrada en una prisión israelí acusada de terrorismo, sin que se presentara ninguna prueba en su contra. "Lo utilizaron para que Europa y España no financiaran a las organizaciones no gubernamentales", explica Rishmawi, cuyo testimonio forma parte del documental "Shrinking Space" (Espacio en reducción), proyectado este miércoles en la sede de Izquierda Unida de Castrillón en un acto seguido de un coloquio moderado por la concejal Noemí Martín.
La cinta retrata el acoso sistemático, la asfixia económica y la ilegalización que sufren las organizaciones civiles palestinas dedicadas a la agricultura, la sanidad, el feminismo o la asistencia jurídica por parte del estado de Israel. Aunque el metraje se elaboró inicialmente antes de la escalada bélica, los creadores se vieron obligados a actualizarlo para reflejar la crudeza de la situación actual. "Son organizaciones civiles que apoyan a la población civil, no tienen nada que ver con su política", defiende la activista, destacando que su labor consistía en justificar "al milímetro" las subvenciones recibidas. Tras su detención por trabajar en una entidad considerada ilegal por Israel, Rishmawi tuvo que firmar un pacto de conformidad para salir de prisión debido a su salud y avanzada edad: "Si no haces un acuerdo, puedes tirarte años (esperando un juicio)".
La realidad sobre el terreno, lejos de estabilizarse tras los sucesivos anuncios de alto el fuego, se ha vuelto devastadora. Según Rishmawi, el aislamiento en Gaza es absoluto, combinando la falta de alimentos con epidemias y agua contaminada bajo una premisa clara: "O sales o mueres". La activista pone cifras a la tragedia al denunciar un "genocidio" que, según cálculos que se manejan, supera ya el cuarto de millón de muertos en Gaza, sumado a las 849 víctimas mortales registradas el último año en Cisjordania.

Un instante del acto organizado por Izquierda Unida junto a Juani Rishmawi. / Christian García
Y es precisamente en Cisjordania donde el día a día se ha vuelto impracticable. Los colonos israelíes y el ejército han fragmentado el territorio con la intención de aislar a los pueblos y convertir trayectos rutinarios de trabajo en odiseas de cuatro o cinco horas. "Han destruido la economía. Casi el 50 por ciento de las empresas se están hundiendo", advierte, señalando además el impago de funcionarios, la pérdida masiva de permisos laborales en Israel y la total desaparición del turismo en localidades históricas como Belén o Jerusalén.
Para Rishmawi, el panorama político futuro se presenta aún más hostil ante el endurecimiento del discurso del Ejecutivo israelí. Rishmawi denuncia los planes inminentes del Ministerio del Interior para "borrar los acuerdos de Oslo", lo que supondría anexionar formalmente toda Cisjordania y despojar legalmente a la población autóctona de sus tierras.
Frente a esta crisis humanitaria, la activista se muestra profundamente crítica con la pasividad de las potencias extranjeras, afeando la doble vara de medir respecto a otros conflictos internacionales. "Me siento avergonzada de ser europea", confiesa con dureza, lamentando que mientras se aplicaron sanciones contundentes contra Rusia por la invasión de Ucrania, en este caso "Israel tiene un apoyo incondicional de los gobiernos". Para Rishmawi, esta inacción despoja de credibilidad los discursos occidentales sobre los derechos humanos mientras seis millones de personas siguen en peligro de muerte.
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