Las trampas de la playa de Salinas, donde se sigue buscando al joven desaparecido: corrientes de retorno, cambios repentinos en el nivel del agua y olas de largo periodo
Nacho Flórez, coordinador del salvamento playero en Castrillón, advierte de que "las zonas aparentemente tranquilas pueden ser las más peligrosas" en un arenal abierto al noroeste y muy sensible al mar de fondo

Christian García
La playa de Salinas volvió a mostrar su cara más peligrosa el pasado lunes. Iyán Fariña, avilesino de 19 años, desapareció arrastrado por la corriente mientras se bañaba con otros jóvenes en un arenal que, por su belleza y amplitud, puede ocultar riesgos difíciles de interpretar para quien no conoce el mar. Las labores de búsqueda prosiguen por tierra, mar y aire, en una jornada en la que el Ayuntamiento ha anunciado su intención de anticipar aunque la mañana del miércoles tampoco registró grandes avances pese al aumento de efectivos y a la ampliación del rastreo a más kilómetros de costa.
Nacho Flórez, coordinador del salvamento playero en Castrillón, describe Salinas como una playa "larga, de unos tres kilómetros, muy expuesta al mar y especialmente sensible a las corrientes de retorno". No siempre se ven. De hecho, muchas veces el peligro aparece precisamente donde el agua parece más tranquila, entre la orilla y la primera línea de rompiente, en esas franjas sin espuma en las que las olas no rompen porque hay más profundidad. "Ahí el mar excava una especie de canal hacia el interior y el agua que entra con fuerza busca salida mar adentro", señala Flórez.
"Siempre hay que nadar donde hay espuma", resume. La espuma marca zonas de menor profundidad, donde la ola rompe y empuja hacia tierra. En las zonas aparentemente calmadas, algunas corrientes tiran directamente hacia dentro; otras desplazan lateralmente al bañista hasta que, sin darse cuenta, pierde pie, se aleja de la zona segura y entra en pánico. Ese pánico, más que la propia corriente, suele ser el punto de no retorno. Quien intenta luchar de frente contra el agua se agota, lo más recomendable es flotar y pedir ayuda.
La orientación de Salinas agrava el problema, señala. Es una playa muy abierta al noroeste, sin la protección natural que ofrecen otros arenales o zonas más resguardadas como Luanco o Bañugues. Cuando llega mar de fondo, sobre todo con periodo largo, la situación se complica: la borrasca viene de lejos, las olas transportan mucha energía y se acumula más agua en la orilla. El nivel del mar puede cambiar de forma repentina y generar movimientos irregulares, especialmente entre las escaleras 8 y la mitad de las dunas, una de las zonas más expuestas del arenal y donde entra con más fuerza el oleaje, relata.
En los tres kilómetros de playa pueden formarse hasta una docena de corrientes simultáneamente. El momento más delicado, advierte Flórez, se concentra en las tres horas anteriores a la marea baja, cuando el vaciado del arenal favorece con más intensidad esos retornos hacia el mar. Según el resumen de los expertos, Salinas es una playa "cambiante, técnica, que exige lectura del agua y prudencia, incluso en días aparentemente tranquilos".
Flórez insiste en que la prevención pasa también por informar e instruir a los jóvenes sobre estos riesgos antes de que entren al agua. Saber identificar una corriente de retorno, evitar las zonas aparentemente calmadas sin espuma y conocer cómo reaccionar si el mar arrastra son nociones básicas que pueden salvar vidas.
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