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Salinas rinde tributo a la memoria marinera con la entrega del Premio Pergamino al escultor ceutí Ginés Serrán-Pagán

La Asociación de Amigos del Museo de Anclas entrega al artista su galardón en honor a Philippe Cousteau en un emotivo acto marcado por el "orbayu" y el recuerdo a los fallecidos en el mar

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Salinas rindió homenaje al arte y a la memoria marinera. La Asociación de Amigos del Museo de Anclas Philippe Cousteau entregó su tradicional Premio Pergamino al escultor ceutí Ginés Serrán-Pagán, un creador de proyección internacional con más de 3.000 obras y 250 exposiciones por todo el mundo, cuya vida late al compás de las mareas. La cita, como todos los años, se celebró coincidiendo con el fallecimiento del legendario oceanógrafo, de la cual se cumplen ya 47 años.

La incesante llovizna obligó a cambiar los planes iniciales y a trasladar el acto, dirigido por el persidente de la Asociación, Juan Manuel Cuervo, desde el mirador de La Peñona hasta la entrada de la península. Pese al cambio de ubicación, la solemnidad marcó un encuentro que reunió a miembros de la corporación municipal, familiares y una destacada representación de las asociaciones de veteranos de Lepanto de la Armada, los Caballeros Legionarios y los Regulares de Melilla. Fue el comandante naval Luis Rodríguez Garat el encargado de poner el galardón en manos del artista, momento que Cuervo aprovechó para lanzar un deseo en voz alta: la firme ambición de lograr que una obra del escultor ceutí pase a formar parte de los fondos del museo de Salinas.

El clima también obligó a adaptar la emotiva ofrenda floral a los fallecidos en el mar. Tras ser bendecidas por el párroco de Salinas, Agustín González, las olas recibieron las astromelias en recuerdo de las víctimas, un gesto cargado de simbolismo sobre el que Cuervo destacó que "quien entrega esta flor, entrega el corazón". El toque de color local lo puso el escritor Javier Gancedo al rescatar una historia familiar que conectó el pasado de su abuelo en la mili con Ceuta, la tierra natal del homenajeado.

Al recibir la distinción, Serrán-Pagán se mostró conmovido y recordó con afecto a su amigo de la infancia, el pintor Antonio Lago, presente en el acto. Evocó aquellos años en los que le pedía que tocara para él: "Antonio, tócame la flauta, que me gusta oír la música". Con la mirada puesta en el Cantábrico, el escultor declaró que este domingo era el mejor día "para que aquellos que han perdido su vida en el mar, escuchen también la melodía de una flauta, que se pierda en el viento".

El artista ceutí subrayó el profundo vínculo que lo une al océano, una herencia directa de su padre, "un hombre marcado por la huella del buque escuela Juan Sebastián de Elcano". Esa influencia se respira en una trayectoria internacional donde destacan sus monumentos en la isla filipina de Mactán o sus esculturas de Enrique el Navegante y el dios Neptuno. Para Serrán-Pagán, el escenario resultó inmejorable: "Este no puede ser un día más marino, y mi vida también está ligada al mar, como mi obra. No hay mejor día para mí que estar junto al mar con todos ustedes, recibiendo esa energía maravillosa y ese premio que me honra".

Tras los actos institucionales, los asistentes compartieron un vino en las terrazas del Club Espartal de Salinas para, posteriormente, trasladarse a Avilés y clausurar la celebración con una comida en el emblemático restaurante Casa Tataguyo, donde el arte y la tradición asturiana volvieron a darse la mano.

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