El Vallín dice adiós a 34 años de pasión por la docencia: Jorge Monferrer, profesor y exdirector del centro de Piedras Blancas, se jubila
Rompiendo mitos y elitismos, el profesor enseñaba que "Beethoven no deja de ser el Bad Bunny del siglo XIX", mientras sus propios alumnos le enseñaban a escuchar éxitos modernos
"Llegué bastante quemado, tuve que recuperar la alegría por hacer música y lo conseguí gracias a los niños", confiesa Monferrer sobre su llegada al centro educativo de Castrillón

Jorge Monferrer, frente al colegio El Vallín de Piedras Blancas. / Christian García
Jorge Monferrer ya ha puesto condiciones para su nueva etapa: "Que no me llamen antes de las 11 de la mañana". De espíritu nocturno y conversación fluida, este docente acaba de cerrar una etapa de 34 años en el colegio El Vallín de Piedras Blancas. No se jubiló cuando le tocaba sino que estiró la cuerda cuatro años más por pura pasión hasta que la salud le obligó a levantar el pie del acelerador y buscar un día a día más tranquilo.
Su idilio con las aulas empezó en el curso 1988-1989. Tras estudiar Magisterio en León, se mudó a Cataluña para terminar sus estudios musicales en el Liceo. Para costearse aquellas clases, trabajó en un colegio público de Granollers: "Tuve la enorme suerte de encontrarme con profesores que vivían para la profesión y de los cuales aprendí el 90 por ciento de lo que sé", recuerda. Luego se incorporó al Conservatorio de León y lo compaginó como músico profesional, pero el sector acabó por desgastarlo: la inmensa mayoría de su esfuerzo se iba en "buscarme la vida" y en ejercer de su propio mánager. En busca de una salida, se centró en las oposiciones de maestro y, tras dos años en el colegio El Pando de Oviedo, recaló en El Vallín en el curso 1993-1994.
Mucho más que un maestro de música
"Llegué bastante quemado. Tuve que recuperar la alegría por hacer música y lo conseguí gracias a los niños", asegura Monferrer sobre sus inicios en el sistema educativo. Para conectar con ellos, Monferrer rompió mitos y elitismos: "Beethoven no deja de ser el Bad Bunny del siglo XIX", bromea, al recordar cómo enseñaba a sus pupilos que la música clásica también puede ser "rápida y alegre". Al final, fueron sus propios alumnos quienes le enseñaron a escuchar sin prejuicios los arreglos de, entre otros, "Despacito", de Luis Fonsi

Monferrer, en el set de radio de la escuela. / Christian García
En ese sentido, reducir a Monferrer a un simple "profe de música" sería ignorar su perfil polifacético. Pasó ocho años fuera del aula como asesor en el Centro de Profesorado y Recursos (CPR) de Avilés, siendo pionero al introducir un iMac y un sintetizador en las aulas asturianas. Además, su firma estuvo presente en la escena cultural de Gijón, donde colaboró con la Fundación de Cultura y retransmitió en vivo los festivales de Música Antigua y Contemporánea.
Años después, cuando asumió la dirección de El Vallín durante cinco años, volcó esa visión innovadora en cuidar al claustro. "Este es un colegio muy acogedor. Tenemos un gran ambiente de trabajo donde todo se basa en compartir y en el respeto mutuo. Rara vez he visto a dos profes enfadarse mucho", detalla, destacando el trato "siempre digno" que se da a los alumnos.
Leyes efímeras y pantallas saturadas
Su veteranía le da una perspectiva privilegiada. Alaba la atención a la diversidad en Asturias y a sus buenos resultados en el informe PISA, pero critica el cortoplacismo político. "Todos los políticos piensan a cuatro años vista y no ven nada más allá", lamenta sobre el cambio constante de leyes que provoca que, al final, "quienes hacen el currículum sean las editoriales". Por ello, aboga por renovar el modelo de la Educación Primaria.

Por la izquierda, Paula Camblor, Pedro J. Núñez, Jorge Monferrer, Rosa Franco, Pilar Manteiga, Paloma Eguren, Andrea Torrecilla y Ana Belén Fernández / Christian García
"Eliminaría mucho de gramática y análisis morfológico sintáctico, porque eso no enseña ni a hablar ni a escribir mejor. Si un niño sabe escribir correctamente, hablar en público, entender lo que lee y razonar en matemáticas, me daría con un canto en los dientes". También advierte sobre el cerebro de los menores actuales, "sobreestimulados por los videojuegos y saturados de colorines", lo que dificulta sorprenderlos. Ante esto, propone recuperar los trabajos manuales y "que comprendan el valor que tiene el tiempo".
Esa realidad social la vivió con crudeza en su último año como director, cuando estalló la pandemia en 2020. Monferrer recuerda recorrer las calles desiertas, escoltado por la policía, para entregar ordenadores casa por casa. Esto le llevó a descubrir situaciones límite. Ante esa situación, "un cajón de sastre" de problemas en el que el apartado educativo pasó a un segundo plano, el colegio se convirtió en un punto de apoyo crucial para muchas familias. Más allá de los ordenadores y el internet que se repartieron para que el alumnado pudiese seguir las clases, la ayuda más importante para muchas familias fue ver cómo sus neveras se llenaban.
Retratos, canto y planes de futuro
Al mirar atrás, el Monferrer de hoy sonríe con ironía: "Cuando era joven quería ser viejo porque pensaba que iba a ser más sabio. Ahora me doy cuenta de que sigo siendo el mismo imbécil de siempre, con ciertos retoques estéticos". Su jubilación no será un botón de "off". Sus compañeros le han despedido regalándole una cámara Nikon para retomar el retrato callejero, una afición que le ayudó a pagarse los estudios y que le permitió descubrir a referentes de la fotografía como Cartier-Bresson o Ramón Masats.
Fuera de la escuela le esperan una orquesta virtual para componer, una guitarra con la que reconciliarse y clases de canto para descubrir una nueva faceta. En el plano doméstico, asegura que se dedicará de forma íntegra a las labores del hogar. "Seré amo de casa", afirma, labor que desarrollará mientras su mujer sigue trabajando.
Así, Monferrer se marcha con la tranquilidad de haber basado su docencia en dos líneas rojas, "respeto y confianza", y haciendo suya la máxima de Paulo Freire: "La educación no cambia el mundo, pero sí cambia a las personas que van a cambiar el mundo". Y promete volver a El Vallín a hacer talleres... eso sí, nunca antes de las once de la mañana.
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