14 de febrero de 2010
14.02.2010
 
La recuperación del patrimonio industrial de las Cuencas
 

Rioseco resucita con la fiebre del turismo

El Principado rehabilita el poblado riosano, abandonado hace medio siglo tras el cierre de la mina de cobre de Texeo, para convertirlo en centro de interpretación de la explotación prehistórica

14.02.2010 | 01:00
Las viviendas de obreros de Rioseco, en una imagen tomada esta semana.

Rioseco (Riosa),


Pablo CASTAÑO


La actividad ha vuelto al poblado minero de Rioseco medio siglo después de que de que las minas de cobre de Texeo, en Riosa, fueran clausuradas. La Consejería de Industria y Empleo está rehabilitando los edificios del poblado que quedaron en pie con vistas a convertir la zona en centro de interpretación de las antiguas explotaciones, cuyo origen, según los restos hallados en la zona, se sitúa en el 2.500 antes de Cristo. La fiebre del turismo resucita el pueblo nacido al calor de los metales.


En 1888, el entonces director de Fábrica de Mieres, el holandés Alejandro Van Straalen, descubrió por casualidad las minas de cobre prehistóricas de Texeo y junto a otros cuatro socios creó la empresa Minas del Aramo para explotarlas. En 1893 se iniciaron las obras del poblado de Rioseco, al pie de las minas de montaña, y cuatro años después se constituyó la compañía The Aramo Cooper Minas Ltd., de capital inglés, que dio el impulso definitivo al proyecto y dejó su huella en el poblado, construido al más puro estilo británico. Las minas, que pasaron por diferentes manos, se mantuvieron abiertas hasta los años 60 del pasado siglo. Luego, durante casi un lustro, permanecieron en el olvido, hasta que hace unos años se retomaron las investigaciones arqueológicas para verificar y datar los hallazgos que se habían producido un siglo antes y durante la explotación moderna de la mina de cobre (aparecieron restos humanos de los mineros prehistóricos y útiles de sílex, astas de ciervo, espátulas, piedras perforadas?), para explorar y topografiar las galerías, para realizar nuevas excavaciones (en las que aparecieron más restos humanos, entre ellos un esqueleto completo, valioso instrumental y huellas de las técnicas primitivas de explotación minera) y para contextualizar el yacimiento.


«El conjunto de labores de la sierra del Aramo ofrece una indiscutible notabilidad tanto por el tamaño y morfología de los huecos abiertos como por la pluralidad de los vestigios arqueomineros preservados y, muy llamativamente, por la asociación, acaso exclusiva de estas minas y de las también asturianas y contemporáneas de El Milagro (Onís), entre las cavidades abandonadas tras su beneficio y la deposición de cuerpos humanos, circunstancia que delata la dimensión supramaterial del cometido minero», señalan el catedrático de Prehistoria de la Universidad de Oviedo Miguel Ángel de Blas y el ingeniero de minas Manuel Suárez en las conclusiones de las «Investigaciones arqueológicas de 2005 y 2006 en las minas de cobre prehistóricas de la sierra del Aramo, Texeo (Riosa)», que acaba de publicar la Consejería de Cultura y Turismo del Principado de Asturias.


En Texeo están los orígenes de la minería subterránea en Asturias y el misterio de los restos humanos (su aparición se vincula con posibles ofrendas rituales) añade interés al enclave, un filón que el Ayuntamiento de Riosa quiere explotar de cara a atraer turistas al concejo. Con partidas de fondos mineros, el Ayuntamiento adquirió los terrenos y ruinas del antiguo poblado de Rioseco, situado en la falda de las minas de cobre, y ahora la Consejería de Industria y Empleo del Principado financia la rehabilitación de los inmuebles del poblado que quedan en pie para que puedan albergar en el futuro un centro de interpretación de las minas prehistóricas.


El poblado está a más de 1.200 metros de altura, rodeado por un anfiteatro de paredes calizas y un bosque. Hasta allí se accede por un empinado camino hormigonado que parte desde el pueblo de Llamo, situado a menos de seis kilómetros de la capital de Riosa, aunque la distancia parezca mucho mayor dado el estado de abandono de la carretera que comunica todo el valle


El poblado de Rioseco ha recobrado la vida. Las obras han arrancado con la restauración de tres de los cinco pabellones de dos alturas que quedan en pie y que fueron empleados como oficinas, cantina, economato, viviendas y cuadras vinculadas a la mina de cobre. Los operarios han despojado a los inmuebles de la hiedra y los arbustos que se comían las paredes y han dejado a la vista las piedras de los muros y los ladrillos rojos con sello inglés que decoran las esquinas y los recercados de los vanos. Los andamios abrazan a uno de los edificios y el cemento tapa los agujeros del olvido.


El proyecto de rehabilitación, que cuenta con más de medio millón de euros de presupuesto y el refuerzo de una escuela taller, incluye también la consolidación de la chimenea de ladrillo que corona el poblado, la restauración de una de las bocaminas de la explotación de montaña, las creación de un área recreativa y la señalización de todo el conjunto para que los visitantes puedan acceder al futuro complejo. Con este plan, Riosa quiere sumar al Angliru una nueva cumbre turística. Texeo da mucho vértigo, son más de 4.000 años de historia de la minería.

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