22 de febrero de 2014
22.02.2014

Hallan en una mina de mercurio de Mieres microorganismos nunca antes analizados

Los investigadores de la Universidad de Oviedo y el CSIC destacan que las bacterias descubiertas abren la puerta a nuevos sistemas de descontaminación

22.02.2014 | 01:46
Una de las bocaminas de la vieja explotación de mercurio de Los Rueldos, en Mieres

Un estudio de la Universidad de Oviedo y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) realizado en una antigua mina de mercurio situada en Mieres ha deparado el hallazgo de nuevos microorganismos y de otros cuyo "mínimo tamaño" los sitúa, según los investigadores, "en el límite posible de la vida". Este trabajo, coordinado desde los laboratorios del campus de Barredo, abre la puerta a diseñar nuevos procesos de descontaminación biológica en aguas y suelos.

Los trabajos de campo que han dado soporte a este estudio de carácter internacional se han desarrollado en la vieja mina de Los Rueldos. Se trata de una pequeña explotación de mercurio situada en el cauce alto del arroyo de Morgao. Esta mina tuvo una actividad poco relevante en la década de los sesenta, pero, tras su clausura, ha dejado una huella que resulta difícil de borrar. La Consejería de Medio Ambiente y Desarrollo Rural declaró hace unos años que este suelo estaba contaminado por metales. En toda Asturias se detectaron este tipo de problemas en un total de once localizaciones. Para el grupo de Tecnología, Biotecnología y Geoquímica Ambiental de la Universidad de Oviedo este espacio contaminado se convirtió en un laboratorio natural con unas singularidades que les han permitido trabajar en unas condiciones "no descritas hasta ahora".

En las "envenenadas" aguas de Los Rueldos los investigadores han encontrado microorganismos con una gran capacidad de adaptación. Tras ser sometidos a la última generación de análisis de ADN y proteínas, el estudio afirma que se han detectado bacterias hasta ahora desconocidas. El descubrimiento tiene un importante componente práctico. "La presencia de microorganismos capaces de vivir en presencia de metales nocivos abre la posibilidad de estudiar sus mecanismos de defensa para aplicarlos en procesos de descontaminación biológica en los propios emplazamientos industriales dañados ambientalmente", sostiene el grupo de investigación, que actualmente está analizando los datos recogidos en el marco de un proyecto europeo (LIFE). Además, "los microorganismos presentes en el ambiente estudiado y no descritos anteriormente son una fuente potencial de nuevos compuestos con interés farmacéutico e industrial".

La galería de la vieja mina de Los Rueldos tiene una rica diversidad microbiana. Los hallazgos y conclusiones de los investigadores acaban de ser publicados en la prestigiosa revista "The ISME Journal", del grupo "Nature". El embalsamiento de agua en las galerías, la ausencia de luz y el efecto del mercurio generaron unas condiciones muy agresivas para la vida tras el cierre de la explotación. La Universidad de Oviedo explicó ayer que esta atmósfera promovió la formación de aguas ácidas muy ricas en metales (aluminio, arsénico, plomo y otros). "Estas aguas son muy restrictivas para la vida de organismos superiores (animales y plantas), pero no para una sorprendente y única diversidad microbiana", señalaron los investigadores.

Los responsables del proyecto observaron que los microorganismos producen un polisacárido de consistencia gelatinosa "que actúa como una biopelícula protectora y contribuye a su supervivencia en unas condiciones extremas determinadas la acidez de las aguas". Siempre según el estudio, el "extenso grosor de las biopelículas y su estratificación generaron microambientes con menos oxígeno que crean oportunidades para la presencia de poblaciones anaeróbicas, incapaces de sobrevivir en otros ambientes similares".

Otro de los aspectos interesantes de la investigación es la detección de microorganismos del dominio arquea, extremadamente pequeños (0.0002 milímetros de diámetro), que por su tamaño se sitúan en el límite posible de la vida y que habían sido descritos por primera vez en 2006 en otro ambiente ácido, en concreto en una mina de Richmond, en California. Las secuencias del ADN de estos enigmáticos nano-organismos indican que son diferentes a los anteriores, y el análisis detallado de los genomas reconstruidos permitirá profundizar en el estudio de sus mecanismos vitales y conocer mejor su papel en el ecosistema.

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