Historias heterodoxas
Con los indios machiguengas
La historia del misionero lenense José Pío Aza, que convivió, estudió y acabó defendiendo la cultura de los indígenas de la Amazonía peruana

Con los indios machiguengas
Ernesto BURGOS
Mario Vargas Llosa, premio Nobel de Literatura, publicó en 1987 la novela "El hablador" en la que quiso acercarnos al mundo de los indígenas peruanos. No pasa por ser una de sus mejores obras, pero es seguramente de las más elaboradas, porque en ella se plasman muchos años de trabajo e intentos fallidos que se fueron a la papelera.
El autor peruano dejó escrito que llevaba desde los años 60 tomando notas y garabateando borradores sobre el tema de los que se conocían como "habladores": unos narradores que recorrían los poblados machiguengas contando leyendas e historias antiguas, transmitiendo así de generación en generación el acervo cultural de sus antepasados.
El escritor hizo esta confesión en la página 151 de su libro, poco antes de citar a los etnólogos y misioneros que influyeron en el conocimiento de esta etnia, y entre ellos no se olvidó del lenense Fray José Pío Aza, el mayor experto en el idioma de estos indios.
Los machiguengas no llegan actualmente a los 10.000 integrantes, repartidos por la Amazonía del sureste peruano, entre los departamentos del Cuzco y de Madre de Dios, donde coexisten junto a otras tribus aisladas como los mascho piro.
La zona hoy está protegida y solo se permite entrar en ella con una autorización especial para realizar estudios de investigación antropológica y biológica, con lo que se trata de evitar el contacto con los vicios de la civilización que traen quienes buscan la riqueza de su madera y los yacimientos de hidrocarburos, pero cuando el fraile asturiano entró en ella, para fundar en 1908 su primera misión a la orilla del río Manu, los hombres blancos todavía eran casi desconocidos para los indígenas.
El padre José Pío Aza forma parte de la larga lista de misioneros que han salido en los últimos 150 años de la Montaña Central para repartirse por todo el mundo. Entre ellos abundan los escritores, pero casi todos se ciñeron a los temas de su credo por lo que sus libros no tienen interés fuera del ámbito de los creyentes católicos. Sin embargo, el padre Aza, a pesar de ser poco conocido entre nosotros, seguramente es de los pocos con un trabajo serio de investigación que aún se reconoce por los especialistas. Vamos a repasar su biografía.
Nació en Pola de Lena el 12 de julio de 1865 en el seno de una familia cristiana arraigada en el concejo por los cuatro costados. Vean los apellidos: su padre, Rodrigo Aza González de Lena y su madre, Bernarda Martínez de Vega González de Lena. Fue el último hijo de los seis hijos de este matrimonio y no tardó en enfocar su vida hacia la vida religiosa, como era muy habitual en estos casos.
Del Seminario de Astorga pasó en 1882 a la Orden de Predicadores completando su formación en los conventos de Padrón, en Galicia; Corias, en Cangas de Narcea, y Las Caldas de Besaya, en Cantabria. De allí salió para dar clases en la Academia de Santo Tomás de Valladolid, hasta que ya con cuarenta años cumplidos decidió cambiar su vida e incorporarse en 1906 al Vicariato Misionero del Perú, que se había abierto poco antes.
Cuando él llegó a la selva con otros cinco compañeros, solo existían allí dos pequeñas avanzadillas en las que faltaba de todo y la mayor parte del territorio solo era conocida por los aventureros, los traficantes de caucho y, por supuesto, los nativos entre los que aún quedaban tribus como la de los huitotos, que practicaban el canibalismo. Tenían por delante ciento treinta mil kilómetros cuadrados de una vegetación impenetrable por la que los únicos desplazamientos posibles debían hacerse en canoas remontando los peligrosos ríos amazónicos.
Dos años más tarde, Fray José Pío Aza ya había podido fundar en la cuenca del río Madre de Dios la misión de S. Luis del Manu, y en 1910 la de S. Jacinto de Maldonado donde empezó a simultanear su labor evangélica con la recogida de notas sobre las diferentes y dificilísimas lenguas de las que iba teniendo noticia entre las diferentes tribus que salpicaban aquel territorio inhóspito.
En 1913 fue nombrado Vicario Provincial en Lima, aunque lo suyo era el trabajo de campo y por ello volvió a incorporarse dos años más tarde a otra misión más tranquila, la de Chirumbia, que había sido el primer establecimiento religioso en la cuenca del Urubamba. Allí ya tuvo el tiempo y los medios necesarios para ir poniendo en orden sus apuntes y empezó a trabajar sobre la vida de los indios amazónicos, la geografía de sus territorios y sobre todo sus lenguas e incluso tuvo tiempo para fundar la misión de San José de Koribeni.
También se hizo notar por su defensa de los pueblos indígenas, por un lado contra los caucheros que trataban -entonces como hoy- de sacar a las tribus de la selva para explotar su riqueza, y por otro manifestando su oposición a que perdiesen su propia identidad, negándose al afán de otros misioneros por separar a los niños nativos de sus padres para educarlos en internados a la manera occidental.
Su prestigio lo llevó a ser propuesto para obispo, pero prefirió continuar como misionero y vivió esta época alternando sus estancias entre Lima y Koribeni, que fue creciendo hasta transformarse en un poblado próspero donde actualmente la escuela municipal se llama como el fraile lenense. Allí estaba en 1932 cuando resultó afectado por una epidemia de paludismo que ocasionó una gran mortalidad en la zona. Desde entonces su salud quedó resentida y dos años más tarde tuvo que abandonar la selva.
Entonces volvió a España para asistir en Salamanca al Capítulo Provincial de su Orden como delegado de las Misiones y por fin pudo saludar a su familia y sus amigos de Asturias, aprovechando de paso para recibir asistencia médica en Oviedo. Lo suyos intentaron convencerlo para que pasase sus últimos años junto a ellos, pero él no quiso quedarse porque su vida ya estaba unida a la de los indígenas amazónicos, de modo que retornó definitivamente a Perú y falleció el 7 de octubre de 1938 en la Granja de Misiones de Quillabamba.
Fray José Pío Aza ha pasado a la historia por sus exploraciones en los grandes ríos que recorren la región de Madre de Dios, casi fronteriza con Bolivia y Brasil, de los que hizo buenos mapas, pero sobre todo por sus estudios sobre unas lenguas minoritarias, que se encuentran en serio riesgo de desaparición, cuando ya no lo han hecho. Por estas labores recibió en su momento el reconocimiento de la Sociedad de Americanista de París y de la Sociedad Geográfica de Lima y actualmente el Instituto de Estudios Tropicales de Perú también se denomina con su nombre.
Su numerosa producción bibliográfica justifica estos galardones. La mayor parte de sus obras se publicaron en vida, pero después de su muerte los dominicos llevaron otras que habían quedado pendientes a la imprenta. Entre todas destacan sus "Apuntes para la Historia del Madre de Dios", de 1928, con un elaborado mapa del Vicariato Apostólico del Puerto de Maldonado y la "Doctrina cristiana Machiguenga y Español", que incluye un diccionario y gramática de esta lengua, publicado en Lima, en 1932, elogiado por su rigor por maestros tan prestigiosos como Ramón Menéndez Pidal y Ramiro de Maeztu.
Saben ustedes que soy partidario de que las cosas de la religión no deben mezclarse con las de la vida pública, pero en este caso el hábito de José Pío Aza Martínez de Vega no tiene nada que ver para que Pola de Lena reconozca de alguna manera el mérito de uno sus hijos por su gran labor investigadora.
Suscríbete para seguir leyendo
- Gran sorpresa en la sanidad asturiana: la cúpula directiva del HUCA y de la zona central no seguirá tras la fusión de áreas
- Mañana se esperan colas kilométricas en Lidl para conseguir el juego de cojines de sofá más barato del mercado: disponible en dos piezas, que incluyen un cojín de asiento y uno lumbar
- Un incendio de madrugada calcina por completo una conocida escuela de surf de Salinas
- Fallece en el hospital el hombre que cayó en la Cuesta del Cholo en Gijón
- Los mejores callos de Asturias (y subcampeones de España) se comen en una casona de Siero a pie de carretera que recomienda hasta la guía Michelin
- El onanista de Gijón también la lía en la cárcel: lo meten en aislamiento tras robar las mochilas de otros internos y querer quedarse con todas las papeleras
- Derriban el piso superior de Casa Laureano, el famoso restaurante de Posada de Llanera que cerró hace años
- Mañana se esperan colas kilométricas en Lidl para hacerse con las toallas más baratas del mercado: disponibles por 4,49 euros