31 de mayo de 2008
31.05.2008
Bajo Nalón y valles del Trubia

El hombre de las patatas de oro

El moscón Joaquín Álvarez ha logrado convertir en un boyante negocio la venta de patatas peladas, cortadas y envasadas al vacío

31.05.2008 | 02:00
Varias operarias trabajan en el proceso de corte y selección de la patata.

Grado, Lorena VALDÉS


Reconoce que la idea surgió por casualidad y que las expectativas de éxito eran limitadas. Sin embargo, a pesar de los consejos de sus allegados para que diera marcha atrás, Joaquín Álvarez, de Panicera (Grado), siguió adelante en su empeño de hacer de la patata recién pelada y cortada un negocio rentable.


«Yo trabajaba como representante comercial en el sector de la alimentación, y sabía que el consumo de patata congelada en restaurantes era elevadísimo, así que mi idea era ofrecérsela fresca, a diario, con la gran diferencia de sabor que eso supone para quien la come», relata Joaquín Álvarez. La cuestión clave era buscar una fórmula para conservar la patata en condiciones óptimas y sin añadirle conservantes, ya que el objetivo era ofrecer un producto cien por cien natural. «Tras diversos estudios se decidió a utilizar zumo de limón para la conservación de la patata, por sus propiedades antioxidantes, y nada más cortarla, envasarla en bolsas al vacío», explica Álvarez.


Una vez solucionado este contratiempo, la historia de este innovador proyecto comenzó a escribirse en 2003 en un pequeño local de Trubia, de tan sólo cincuenta metros cuadrados. Joaquín recuerda los inicios, nada fáciles, en los que los recursos eran limitados. «Sólo disponíamos de una peladora casera y repasábamos las patatas a mano, una a una con esmero, hasta que quedaban perfectas. Era un proceso totalmente artesanal».


En cuanto a su comercialización, él mismo se encargaba de ir de establecimiento en establecimiento ofreciendo un producto que pronto logró hacerse un hueco en el mercado. «Nos ayudó mucho la publicidad y el boca a boca entre los jefes de cocina, que estaban encantados con este nuevo descubrimiento, ya que no notaban ninguna diferencia entre la patata que pelaban y cortaban ellos y la nuestra. Para ellos, este nuevo servicio resultaba comodísimo, todos los días tenían la patata en el restaurante, lista para freír».


Tres años después la empresa se trasladó a una nave industrial de 600 metros cuadrados en la recta de Peñaflor de Grado. Este cambio supuso la incorporación de una moderna maquinaria que agiliza el proceso de pelado, corte y envasado, pero la patata se sigue repasando a mano para lograr el resultado deseado. Existe un amplio abanico de formatos de patata: en dados, la clásica para freír, panadera, en forma de cuadrado para menestras o ensaladillas, patatín, chips y la patata entera pelada pero sin cortar. Ahora, cada mes comercializa 80.000 kilos de patatas. Naturales, peladas y al plato.

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