Comarca de la Sidra
Cuando Tazones cazaba ballenas
La captura de grandes cetáceos llevó la prosperidad al puerto maliayés, al igual que a otras villas marineras asturianas, en los siglos XVI y XVII

Puerto y pueblo de Tazones. / mariola menéndez
Tazones (Villaviciosa),
Mariola MENÉNDEZ
El puerto de Tazones destaca actualmente por su actividad pesquera y turística, pero, en el pasado, esta villa marinera vivió de la caza de la ballena. Su puerto fue uno de los muchos de la región que se dedicaron a la captura de cetáceos, convertida en un próspero negocio en los siglos XVI y XVII, si bien practicada ya desde el XIV, según Luis Laria, director de la Coordinadora para el Estudio y Protección de las Especies Marinas (Cepesma).
Sin embargo, de esta parte de la historia de Tazones se conservan mínimas referencias. Gonzalo Álvarez Sierra se hizo eco, en 1979, en la obra «Villaviciosa, en imagen», de unas palabras de Caveda en las que este refería que, hacia 1550, Tazones era «un pequeño puerto floreciente» con actividad ballenera. La cofradía de pescadores tampoco conserva las antiguas artes de pesca empleadas para tales fines ni documentos sobre la tradición ballenera de Tazones.

Cuando Tazones cazaba ballenas
A los más ancianos de la localidad, la historia les ha llegado por vía oral, a través de sus antepasados, pero sin demasiadas precisiones, y les resulta un tanto ajena. José Manuel Valle Marqués presume de ser el tazonero de más edad. A sus 86 años, y después de toda una vida en la mar, asegura que lo único que recuerda, de cuando aún era niño, son los arpones con los que se capturaban los delfines. La época de la caza de las ballenas le queda ya demasiado lejana. Pedro Gallego, otro de los pescadores más veteranos, se embarcó con su padre por primera vez con 13 años y hoy cuenta 82. Tampoco sabe más que Tazones, en su momento, se dedicó a la caza de estos enormes cetáceos.
No obstante, el Cepesma sí ha estudiado esta actividad, artesanal en sus inicios, y que no sólo se desarrollaba en Tazones, sino en el conjunto de la costa cantábrica. Fueron pioneros los vascos, que se iniciaron en este arte al menos en el siglo XIII. Asturianos, cántabros y gallegos comenzaron a cazar ballenas más tarde, a partir del XVI.

Cuando Tazones cazaba ballenas
Luis Laria asegura que «ellos (los vascos) dieron enseñanza en aquellas zonas donde se cazaban ballenas». Introdujeron sus conocimientos sobre la caza de ballenas desde las chalanas o chalupas tripuladas por entre seis y ocho hombres: tres remeros por banda, un arponero y un timonel, que también hacía las veces de segundo arponero. Hasta entonces, sólo se aprovechaban las carnes de los grandes cetáceos que varaban por sí solos. Una prueba de la presencia de los vascos en el Principado, que se remonta a 1371, son los apellidos, que actualmente tienen una presencia importante en aquellas zonas donde los habitantes capturaban a estos mamíferos marinos, que se alimentan de plancton, krill (un tipo de gambas) y pequeños peces.
La caza de la ballena conllevó el desarrollo económico para muchos puertos, como el de Tazones, por su «interés singular, porque de las ballenas se aprovechaba todo, al igual que del cerdo», afirma el director del Cepesma. Ofrece un ejemplo: «Cuando no existía la luz eléctrica, las casas de renombre tenían alumbrado gracias al aceite de ballena». Y no sólo eso, de la grasa del cetáceo se obtenían lubricantes y jabones, con ella se impermeabilizaba ropa y también servía para engrasar mecanismos. Tampoco se despreciaban los huesos, las barbas ni la carne. Era especialmente considerada la ballena vasca (hoy desaparecida en Asturias) por su «benevolencia, cercanía a la costa y porque su capa de grasa era más gruesa», según destaca Luis Laria.

Cuando Tazones cazaba ballenas
Aún quedan referencias toponímicas de aquellos tiempos en los que la caza de la ballena era un negocio floreciente, como «la atalaya», el lugar desde el que el atalayero oteaba el horizonte. Tazones también conserva hoy su Atalaya. Desde allí se avistaba al cetáceo y se comunicaba a los remeros y arponeros para que se adentraran al mar en las chalupas a darle caza.
Cuenta Luis Laria que, cuando la ballena se situaba en el Oeste, el atalayero de guardia quemaba hierba verde para que el humo fuera negro y, en el caso de que estuviera en el Este, la hierba que se usaba era seca para que produjese humo blanco.

Cuando Tazones cazaba ballenas
Una vez que los pescadores alcanzaban al mamífero marino utilizaban como señuelo al ballenato, porque las hembras iban, en la mayoría de las ocasiones, con sus crías, a las que mataban para capturar a la madre. Esta práctica condujo irremediablemente a la extinción de la ballena vasca. Y ello obligó a los balleneros a perseguir a otras especies, pero sin el mismo interés, como el cachalote. El director de Cepesma manifiesta que, cuando el cetáceo aún estaba vivo, le pegaban multitud de cortes para que la sangre no fermentara en su interior, al igual que ocurre cuando se da muerte al cerdo.
El primer reglamento sobre la caza de la ballena data de marzo de 1468 y en el mismo se estipulan las normas de la caza, el despiece y el reparto, en el que se incluían los diezmos. Una de las costumbres de la época era que «cuando se pescaba una ballena, la parte más importante era para la Iglesia, que era la Hacienda de hoy», añade Laria. Para esta institución quedaban las aletas y, en algunos casos, parte de los flancos. Le sucedían en el orden de distribución el arponero primero, la cofradía, el atalayero y los descarnacederos, según fuentes de Cepesma. «Incluso existían rencillas entre las localidades» por el reparto, apostilla Luis Laria, lo que solía ocurrir si un animal había sido apresado en una y muerto en otra.
Además del de Tazones, otros puertos asturianos tienen tradición ballenera. Laria señala que hay constancia de la caza de la ballena en Valdés y en Luarca desde el año 1420, aunque su inicio pudo ser anterior. También está documentada en Llanes, Ribadesella, Lastres, Gijón, Candás, Luanco, Avilés, Cudillero, Puerto de Vega, Ortiguera, Viavélez, Tapia y Figueras. En los siglos XIX y XX dejó de ser una actividad pesquera artesanal para mecanizarse y los arpones comenzaron a lanzarse con cañones. La última ballena se capturó en Asturias en 1772, en Gijón. El 1 de marzo de 2005 varó por última vez uno de estos grandes mamíferos en Asturias y lo hizo en Tapia de Casariego. Era un macho de rorcual común de 25 toneladas y 16 metros de longitud, según informan fuentes de Cepesma. Junto con el cachalote, es la especie más habitual en el Cantábrico. El último que se avistó en nuestra costa fue hace unos cuatro años.
La protección de las ballenas comenzó a regularse en 1935. Su caza está prohibida en España desde 1985, con la aprobación de una moratoria internacional -ratificada en 1993-, pero continúa en algunos países, como Japón, Canadá, Islandia, Finlandia y Noruega. Laria denuncia que, en ocasiones, se practica una caza y comercialización ilegal. Desde 1947 la Comisión Ballenera Internacional coordina esta actividad.
- Gran sorpresa en la sanidad asturiana: la cúpula directiva del HUCA y de la zona central no seguirá tras la fusión de áreas
- Mañana se esperan colas kilométricas en Lidl para conseguir el juego de cojines de sofá más barato del mercado: disponible en dos piezas, que incluyen un cojín de asiento y uno lumbar
- Un incendio de madrugada calcina por completo una conocida escuela de surf de Salinas
- Los mejores callos de Asturias (y subcampeones de España) se comen en una casona de Siero a pie de carretera que recomienda hasta la guía Michelin
- Fallece en el hospital el hombre que cayó en la Cuesta del Cholo en Gijón
- El onanista de Gijón también la lía en la cárcel: lo meten en aislamiento tras robar las mochilas de otros internos y querer quedarse con todas las papeleras
- Derriban el piso superior de Casa Laureano, el famoso restaurante de Posada de Llanera que cerró hace años
- Mañana se esperan colas kilométricas en Lidl para hacerse con las toallas más baratas del mercado: disponibles por 4,49 euros