10 de mayo de 2009
10.05.2009

Sangre y salitre en Candás

La popular fiesta de los toros en la mar, ahora perdida, cumple 85 años de su fundación en la villa

10.05.2009 | 02:00
Cartel de 1993 anunciando la fiesta.

Candás,


Braulio FERNÁNDEZ


El «No-Do» de Candás eran los toros. A mediados del siglo XX no era como ahora que, como dicen los políticos, lo que no sale en prensa no ha ocurrido. Pero de haber sido así a Candás sólo la recordarían en España por sus famosas corridas de toros en la dársena del puerto. Dicen los viejos del lugar, los que conocieron aquellas faenas marineras de mediados de siglo, que no ha habido nada en Candás que haya difundido tanto el nombre de la villa como aquellas jornadas de trajes de luces empapados. Candás transformó el binomio tan cinematográfico y literario de sangre y arena en otro más propio: sangre y salitre.


En las próximas fiestas del Cristo se cumplirán 85 años de la aparición de tan singular iniciativa en la capital de Carreño. Un festejo, el taurino, que desapareció por dos veces, tras nacer en 1924 casi por casualidad, y ser retomado tras su primera muerte, a finales de los 60. La marcha anti-taurina y el desinterés acabó con la única fiesta declarada de interés regional del concejo a principios de los años 90.


Hoy en Candás aún permanecen algunos de los integrantes de aquella Cofradía del Alba y sociedad de festejos que retomó la fiesta española para el coso de la maestranza candasina: la dársena interior del puerto, un lugar que ahora ocupa la mar de forma permanente y las lanchas blancas. Otros de sus impulsores en la época reciente, sin embargo, ya han fallecido, como es el insigne caso de Agustín Santarúa o de José Rosalino Fernández. Por Candás todavía circulan aquellos que dedicaron su tiempo a la sociedad de festejos y a colocar las vallas y los carros que conformaban el coso taurino: Rafa Alkorta, Enrique y Silverio Serrano, Félix Fernández, o José Enrique Martínez entre otros.


La fiesta de los toros comenzó en 1974, según indicaciones del historiador local David Pérez Sierra. Fue en la mañana del lunes 15 de septiembre cuando a peseta y media la entrada se celebró una «becerrada cómico acuática, con dos novillos utreros que se trajeron de Salamanca y fueron transportados desde Veriña a Candás en un autocamión que facilitó la conservera Albo». Más de 600 personas acudieron a aquel encierro, que fue recordado porque el primero de los animales se escapó del ruedo y fue nadando hasta la pregona. Hoy no podría, ya que es espacio portuario.


El festejo se celebró sin mucha continuidad en los años 20 y 30 y no se recuperó de una manera firme hasta finales de los 60, gracias a la inclusión en la organización del crítico taurino Alfonso Navalón. A partir de ahí surgió la época dorada de la fiesta española en Candás. Algunos años, incluso, llegaron a celebrarse hasta dos corridas, una en serio y otra de rejoneo. Hasta 1987 siguieron participando grandes figuras, recuerda Pérez Sierra, «época esta última que tiene al torero Andrés Vázquez como valedor de la fiesta en Candás».


Para evitar que los toros saliesen al mar, se cerró con más atino que en 1924 la plaza de la dársena, señala Silverio Serrano: «Las vallas las colocaba la sociedad de festejos, el telón se alquilaba y se traían carros de toda España para cerrar la plaza». Respecto a los toros, en ésta última etapa, Serrano recuerda su procedencia: «Iban dos autocares de Candás a Ciudad Rodrigo, en Salamanca, donde Navalón tenía su ganadería y donde se escogía a los animales. Pero lo de escoger era un decir, porque a Candás venían los que elegía Navalón». Claro que para elegir o dar por elegidos un par de toros no hacían falta dos autocares, pero no iban los candasinos a perder la oportunidad de llevar sidras y sardinas a las campas castellanas y montar la fiesta.


En cuanto a los toreros, por el coso candasín pasaron Jaime Ostos, Litri o Sebastián Palomo Linares, además del afamado matador Andrés Vázquez. Cuentan por Candás que a Palomo Linares se la «armaron» unos jóvenes, de entre los cuales uno tenía una enorme cicatriz en la pierna, fruto de una trastada, lo que le valió para hacerse pasar ante el matador como «El Niño de la Balsa». El torero aseguraba haberlo visto torear.


La fiesta española se celebró en Candás con éxito, fruto de la difusión que tuvo en los medios de comunicación y el «No-Do», que dedicó un especial a la singular corrida asturiana. El resto lo ponían las gentes de la villa con su habitual naturalidad, anunciando la corrida marinera en la plaza de toros de Candás, «media hora más tarde que las de toda la vida», con la fanfarria de Pepe El Chelo detrás, y «con permiso del Cantábrico y de la autoridad competente».

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