22 de noviembre de 2009
22.11.2009
La Nueva España
Carreño

Candás exhibe el arte del preso Antón

El museo del artista local reúne 19 retratos que realizó durante su cautiverio en la iglesia de San Félix

22.11.2009 | 01:00

Candás,


Braulio FERNÁNDEZ


Los candasinos tienen ahora la oportunidad de saber por qué Antonio Rodríguez es uno de los más renombrados artistas que ha dado Candás. Sólo basta acercarse hasta su museo, el Museo Antón.


Durante la Guerra Civil, encarcelado en la iglesia de San Félix, que hacía las veces de penitenciario, el famoso escultor no dispuso de martillo y cincel para esculpir, lo que no impidió que desarrollase su capacidad creativa, pero sobre papeles e incluso servilletas. Antón realizó hasta 19 retratos a lápiz de sus compañeros de celda. El artista murió a los 26 años dejando tras de sí una ingente obra escultórica. Sin embargo, su obra pictórica, más desconocida, sale ahora a la luz en la exposición que se puede visitar en Candás.


«Estas obras demuestran la ansiedad por crear que sentía Antón Rodríguez, incluso en las circunstancias más adversas», explica la directora del museo, Dolores Villameriel. Antón permaneció recluido en la iglesia de Candás durante el verano de 1936, al poco de dar comienzo la guerra. En sólo un mes, agosto, y desprovisto de materiales, retrató a 19 hombres que como él se encontraban privados de libertad. En esas circunstancias los dibujos han dejado para la posteridad retratos de personajes del Candás de entonces. «El género del retrato está presente bien temprano en la obra de Antón, puesto que en 1928 ya había retratado a su hermana pequeña, Concha», apunta Villameriel.


A pesar de que es más conocida su obra escultórica, el género pictórico seguirá siendo desarrollado por Antón hasta el final de su corta vida. Estos 19 retratos son, precisamente, sus últimas obras. «Son de un extremado realismo debido a su aguda caracterización psicológica y fisonómica», señala Villameriel. «La captación de la personalidad del retratado es tan realista que ha permitido la identificación de los mismos por quienes los conocieron», puntualiza la directora del museo. Desde el punto de vista técnico, las obras son, explica, «un medio para adquirir un mejor manejo del lápiz o el pincel, pero manifiestan las dos constantes del quehacer artístico de Antón: su condición de trabajador infatigable y su facilidad para reproducir todo lo que le rodea».


Los de la iglesia no fueron los únicos retratos de Antón, que poco después de aquel agosto del 36 fue trasladado a un campo de trabajo en Murias de Candamo, donde murió en la primavera de 1937. Su familia y allegados fueron objeto de su buen ojo para el retrato, y a lo largo de su carrera pintó en varias ocasiones, además de a su hermana Concha, a personajes muy influyentes en su vida, como es el caso de su patrocinador, Alfonso Albo. Albo, director de la fábrica de conservas de Candás, costeó los estudios del joven artista. Fruto de ello, también puede contemplarse en la muestra su retrato, con su sobria expresión.


Con los retratos el Museo Antón ha conseguido reunir casi toda la obra del precoz artista candasín. Hay esculturas, bustos, pinturas e incluso los muebles que él mismo creó.

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