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Grado y valles del Trubia

Lucía se queda para siempre en El Casal

Los vecinos del barrio moscón inauguran una plaza con el nombre de una de sus vecinas más queridas, fallecida en 2005

Vecinos reunidos, ayer, en la que ya es plaza de Lucía la del Casal, en Grado.

Vecinos reunidos, ayer, en la que ya es plaza de Lucía la del Casal, en Grado. / lorena valdés

Grado,

L. VALDÉS

«Lucía era una institución, siempre dispuesta a ayudar a los demás. En las épocas más difíciles, en su tienda de ultramarinos fiaba al mes para que ninguna familia se quedase sin comer. Más de uno se murió sin terminar de pagarle lo que le debía. Su libreta de deudas era enorme y su generosidad infinita». La Asociación de Vecinos «Modesta Fernández» del barrio de El Casal de Grado inauguró ayer, con motivo de sus fiestas, la plaza Lucía la de El Casal, un homenaje a una de sus vecinas más queridas y generosas, fallecida en 2005.

La candamina Lucía Rodríguez Peláez abrió un modesto bar-tienda en el barrio de El Casal en la década de los cincuenta. Gracias a su carácter afable y, sobre todo, a su bondad, su negocio creció rápido, al igual que el barrio obrero en el que ella, su marido y sus cuatro hijos, José Antonio, Juli, Beatriz y María del Mar, se habían instalado .

Ayer, los vecinos con los que compartió tantas alegrías y tristezas la recordaban con ojos llorosos y con un nudo en la garganta. «En el barrio había una plaza sin nombre y todos estuvimos de acuerdo en que queríamos que se llamase Lucía la de El Casal. Es nuestro reconocimiento a una mujer extraordinaria», explica, emocionado, Toni Zapata, presidente de la asociación vecinal. El Pleno aprobó la propuesta del colectivo en febrero.

Juli González, que tomó el relevo de su madre en el negocio familiar y es una digna heredera suya, apenas podía corresponder ayer a las muestras de cariño de sus vecinos. «Si ella pudiese ver este homenaje estaría feliz, mi madre vivía para este barrio, estaba convencida de que se iba a hacer grande y al final tuvo razón». La comerciante toma aire es una jornada nostálgica llena de recuerdos pero también de mucha alegría.

El cariño y agradecimiento que los moscones sienten por Lucía por fin se ha plasmado, tal y como era su deseo, en una plaza, esa que, después de muchos años en el anonimato, ya tiene nombre propio. Decisión popular, que, al final, casi siempre es sabia.

El de Lucía no fue el único reconocimiento otorgado ayer por los vecinos de El Casal. La asociación quiso homenajear también, tras el pregón, a los empleados del servicio de la limpieza de Grado. El municipio recibió recientemente el galardón «Escoba de platino», que acredita a la de Grado como una de las villas más limpias. «El Casal está siempre impecable, da gusto verlo», argumenta el presidente. Tras una intensa jornada en la que el público degustó una gran paella, el barrio moscón finaliza hoy sus festejos con el tradicional reparto del bollo y con la última verbena, que los vecinos de El Casal disfrutarán, como siempre, unidos. Lucía estaría orgullosa de su gente.

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