25 de junio de 2011
25.06.2011

Siero suma puntos al volante

Alumnos de un curso de educación vial del concejo comprueban los efectos negativos de conducir tras haber ingerido alcohol

25.06.2011 | 02:00
Una alumna comprueba su nivel de alcohol con un etilómetro antes de conducir.

Pola de Siero,


Manuel NOVAL MORO


¿Es recomendable beber alcohol y ponerse al volante de un coche? Todos sabemos que no. ¿Se puede conducir ebrio un automóvil delante de un agente de Policía y que no te multen ni te resten puntos del carné de conducir? Sí, pero solo si participas en un curso cuya intención es, precisamente, que se te quite de la cabeza la idea de conducir bajo los efectos del alcohol.


Es lo que han hecho 46 alumnos en un curso de extensión universitaria titulado «Educación vial: formando para una movilidad segura y sostenible», impartido por el presidente de la Federación Estatal de Técnicos en Educación Vial (Fetevi), Julio Magadán. Tras varias clases teóricas tocaba probar en carne propia la diferencia entre conducir con unas copas encima y conducir sobrio. Todos sin excepción se dieron cuenta de que nunca es igual.


Porque las multas y los puntos del carné no son más que minucias al lado de lo que puede ocurrir por conducir ebrio. El hecho de que mucha gente haya conducido bebida y haya tenido la suerte de acabar el viaje sin incidentes no significa nada, porque el problema del alcohol es que merma las facultades para conducir. En situaciones normales, es posible que no ocurra nada, pero al mínimo incidente, la reacción de un conductor que ha bebido y la de uno sobrio están muy lejos de coincidir.


El alcohol al volante tiene dos consecuencias fundamentales, según explicaba Magadán. La primera, que «aumenta el tiempo de reacción», es decir, lo que tarda un conductor en apreciar un incidente y actuar en consecuencia, frenar ante un obstáculo, girar el volante ante una curva muy cerrada, esquivar un vehículo que se acerque. El conductor sobrio reacciona mucho antes que el que ha bebido, y a veces los accidentes pueden ser cuestión de décimas de segundo.


La otra consecuencia es «una percepción del riesgo muy distorsionada». El que ha bebido es muy posible que no vea peligros donde los hay. Además, hay un componente de desinhibición: «Todos sabemos que muchas veces el alcohol provoca que hagas cosas que nunca harías en condiciones normales», y eso puede tener consecuencias muy graves.


Otra cuestión importante es que cada cuerpo es un mundo, y las personas reaccionan de forma muy distinta al alcohol. Hay gente que aunque esté por debajo de la tasa permitida tiene muy alteradas sus facultades. El objetivo, más allá de lo que dicte la normativa, es desterrar el alcohol al volante. «No se trata de beber o no, esa es otra cuestión: se trata de conducir bebido, de que, si bebes, no conduzcas», concluye Magadán.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook