09 de septiembre de 2011
09.09.2011
La Nueva España
Carreño

La bicha de las facturas

Un vecino de Perlora encuentra una salamandra de cinco centímetros al abrir una carta del banco

09.09.2011 | 02:00
Ildefonso Segundo muestra la salamandra en el sobre en el que apareció.

Perlora,


Braulio FERNÁNDEZ


El perlorín Ildefonso Segundo no esperaba buenas noticias de una carta del banco, pero tampoco lo que le ocurrió el pasado lunes. Nada más levantar la solapa saltó del interior un bicho. Se trataba de una salamandra de pequeño tamaño, no más de cinco centímetros, con la cabeza grande y una raya amarilla sobre el lomo. El animal logró liberarse de la opresión del sobre postal, pero perdió la vida pocos segundos después por aplastamiento: «Inicialmente pensé que se trataba de cualquier insecto y cuando cayó al suelo, instintivamente, lo pisé», confiesa Segundo.


Ése fue el final de lo que, tras un vistazo a la mancha en el suelo, resultó ser una salamandra de pequeño tamaño. «La cabeza era muy grande, en comparación con el cuerpo, como si se tratase de una serpiente, y tenía una franja de color amarillo en el lomo», explica el vecino de Perlora mostrando lo que queda del anfibio, que se ha ido encogiendo hasta no pasar de los tres centímetros de longitud.


Aunque la cosa no pasó de anécdota, la reacción posterior de Segundo fue poner el hallazgo en conocimiento del despacho candasín de Correos, entre otras cosas porque, dependiendo del tamaño, algunas salamandras son venenosas al tacto. «En Correos me dijeron que nunca había sucedido nada parecido y que probablemente el animal se introdujo en el sobre postal durante el proceso de ensobrado o durante el almacenaje», explica Segundo.


Lo curioso es que la salamandra, común en zonas húmedas o rodeadas de agua, ya que tiene branquias, sobrevivió varios días en un sobre de papel junto a las facturas de una entidad bancaria, e incluso en un buzón de Correos expuesto al sol, en plena calle. «Las condiciones no eran las adecuadas ni mucho menos para su supervivencia, ya que tan sólo podía tomar aire por el pequeño resquicio que el sobre deja a los laterales una vez ha sido cerrado», señala este vecino, que descarta que la salamandra pudiese haberse colado con posterioridad al ensobrado. «Por el tamaño es imposible que entrase después, y tampoco es habitual que surja de una zona como ésta», apostilla.


El hallazgo de la salamandra se añade a la lista de ratones o incluso serpientes que han sido encontrados en cajas y sobres de gran tamaño. A los que ahora se suma la venenosa y escurridiza salamandra que sobrevive junto al recibo de la luz o de la hipoteca.

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