14 de noviembre de 2011
14.11.2011
Carreño

Candás, una plaza difícil

El Ayuntamiento programa un paquete de medidas para atraer al consumidor al mercado, muy deteriorado y con sólo tres puestos

14.11.2011 | 01:00

Candás,


Braulio FERNÁNDEZ


Durante una década han pintado bastos para el mercado municipal de Candás. La plaza de abastos, que a mediados de los noventa contaba con una decena de puestos que cubrían casi cualquier necesidad alimenticia, se encuentra en la actualidad en un momento delicado. Hoy solo hay tres puestos en funcionamiento: prensa, pescadería y frutería. Sin embargo, el Ayuntamiento se dispone a gastar 30.000 euros en reformas estructurales para el mercado, pero, sobre todo, para la puesta en marcha de medidas que atraigan al consumidor a la plaza, tales como la creación de una tarjeta de fidelización, talleres en vivo o la venta de productos agroecológicos.


Pero no sólo se trata de atraer a los clientes, sino también a los pequeños empresarios, que con una escasa cantidad de dinero pueden adquirir uno de los puestos vacíos. El de Tere Granda, de fruta y verdura, es en la actualidad el negocio más vistoso del mercado, ya que todo el producto se encuentra a la vista del consumidor, con un criterio estético.


En cuanto a las medidas municipales, «muy bien recibidas», Granda apunta que «solucionar el problema del Nordeste ya sería mucho». La plaza carece de puertas, y el frío y el viento campan a sus anchas. Una puerta, un cambio de suelo y la solución a los problemas de humedad en la planta baja del mercado son otras de las soluciones en las que se podrá gastar el dinero municipal para reflotar la plaza.


Granda comenzó su actividad en el lugar a mediados de los noventa. «Antes tuve que vender en la calle, porque conseguir un puesto en la plaza no era fácil», recuerda. Ahora casi se encuentra sola, tras el reciente cierre de una pescadería cercana.


En tiempos de crisis, y con la dificultad de conseguir un crédito, los cien euros de media que cuesta el alquiler municipal de un puesto se antojan un «chollo», si bien la frutera admite que «nadie pregunta por la posibilidad de abrir un negocio aquí. Quizá eso cambie en unos meses», añade.

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