02 de diciembre de 2011
02.12.2011
Siero, Noreña y Llanera

Un archivo de juzgado de guardia

Humedad, ratas y polvo llenan el lugar destinado a almacenar expedientes y objetos requisados en el palacio de justicia de Siero

02.12.2011 | 01:00
Una zona del archivo con un mueble en depósito.

Pola de Siero,


Franco TORRE


El archivo de las dependencias judiciales de Pola de Siero se localiza en los bajos del mismo número 11 de la calle Párroco Fernández Pedrera que alberga las salas. Para acceder al lugar, los agentes judiciales deben franquear dos puertas blindadas, una medida que debe garantizar que ninguna persona ajena a los juzgados pueda hacerse con expedientes o piezas de convicción, pero que en la práctica también impide a las ratas salir al resto del edificio.


Y es que, una vez dentro del archivo, la humedad y el polvo acumulado durante años dificultan la respiración, lo que lleva a muchos agentes judiciales a entrar con mascarilla. En el archivo, aparte de los expedientes, pueden encontrarse muebles, televisores, una botella de champán, múltiples objetos que han servido alguna vez como arma, media docena de bicicletas e, incluso, una motocicleta de los tiempos de Ángel Nieto. Un batiburrillo de objetos que incluso dificultan el acceso a algunas partes del servicio.


Por si esto fuera poco, en un recodo del archivo se localiza un agujero en el suelo, del que sale una bomba extractora, instalada hace varios meses para expulsar el agua a un patio cercano en caso de inundación. Una circunstancia que el archivo ha padecido en múltiples ocasiones a lo largo de los años y que, incluso, ha dejado una cota en las propias estanterías donde se almacenan los expedientes, en las que se aprecia a simple vista hasta dónde llegaba el agua. Junto a la bomba, una pequeña trampa para ratones es la única defensa contra los roedores.


El panorama desolador del archivo de Pola de Siero ha sido puesto como ejemplo negativo por el Sindicato de Trabajadores de la Administración de Justicia (STAG), que en una reciente reunión con el director general de Justicia, David Villagrá, le instó a tomar cartas en el asunto. Una iniciativa que ha sido bien recibida por los trabajadores de los juzgados polesos.


«Está indecente, aunque es verdad que en el último año se han hecho algunas intervenciones que han reducido la humedad», comenta un trabajador de los juzgados. Estas intervenciones han consistido en abrir una ventana a un patio, que junto a la colocación de un deshumidificador ha reducido la humedad ambiental, y en la instalación de la citada bomba de agua, con la que se trata de acabar con las inundaciones.


«La bomba sí que se está notando. Antes, cuando llovía, pero aunque sólo fueran cuatro gotas, ya se inundaba el archivo, y en los días de más lluvia se anegaba todo el bajo», señala el trabajador. Estas inundaciones han llegado a afectar a las instalaciones del cuarto juzgado, que se localiza en un bajo anexo al edificio principal, en un inmueble que antes ocupaba la Comisaría de la Policía Local de Siero.


En cuanto a las numerosas piezas de convicción, se trata en gran medida de objetos requisados en su momento para una causa, que luego no fueron utilizados y no se reclamaron por sus propietarios. «Hasta hace poco también se guardaban ahí los objetos requisados en casos de venta ambulante o en robos a establecimientos. Un género, sobre todo en aparatos como iPads y cosas así, que ahí abajo se puede estropear en quince días. Ahora se tiende a dejarlos custodiados en la tienda», apunta un trabajador.


A su juicio, lo ideal sería que hubiera un depósito en el que se concentrasen los objetos requisados de todos los partidos judiciales a nivel regional. «Una nave en alguno de estos grandes polígonos del centro sería ideal», sostiene el empleado.


Aparte de este problema, los trabajadores del cuarto Juzgado también padecen problemas con la calefacción, otra de las deficiencias que ha denunciado el STAG. «Se apaga la calefacción y los que tienen que trabajar hasta tarde se quedan helados. Y, mientras tanto, en el edificio principal hay días de invierno, como nos pasa ahora, que no es necesaria, pero que se enciende igual por estar programada, y nos asamos», apunta un empleado.

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