19 de febrero de 2012
19.02.2012
Comarca de la Sidra

Las cuentas pendientes de la ría

El estuario de Villaviciosa todavía no ha completado su saneamiento
y presenta carencias en vigilancia, equipamientos y conservación

19.02.2012 | 01:00

Villaviciosa,


Luis Mario ARCE


Los vertidos de aguas residuales que han originado un brote de salmonela y la subsiguiente prohibición del marisqueo en la ría de Villaviciosa evidencian uno de los problemas pendientes de la reserva natural parcial, el saneamiento, que colea desde hace casi dos décadas (las obras del plan especial de protección paisajística y de saneamiento se iniciaron en 1993). También se ha llamado la atención estos días sobre el creciente aterramiento de la desembocadura, que dificulta seriamente la navegación, otro problema recurrente (ya se quejaban de él los marineros de finales del siglo XVIII) y de más difícil y delicada solución, ya que lo provocan el oleaje y las corrientes. Por otra parte, una actividad organizada esta misma semana por la Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife) ha subrayado el interés de este espacio para el desarrollo del turismo ornitológico, una especialización del sector emergente en España, necesitada de criterios, iniciativas y servicios. Son viejos y nuevos retos cuya resolución determinará en gran medida el futuro de este estuario y su perdurabilidad como uno de los humedales costeros más importantes del norte ibérico para las aves acuáticas.


El saneamiento es la gran cuenta pendiente de la ría de Villaviciosa. Los vertidos se concentran en la margen derecha del humedal, en las parroquias de Seloriu, Carda y Tornón, que no están conectadas a la red, y en «puntos negros» concretos, como la estación de bombeo de El Salín y el área de La Barquerina, aunque también hay pequeños vertidos dispersos de casas rurales y cuadras a regueros y campos en torno a la ría. Las obras para completar la red de saneamiento están adjudicadas desde octubre pasado. «Parece que hay algún inconveniente con el trazado por parte de la Consejería de Medio Ambiente», explica el alcalde maliayés, José Felgueres, quien, con respecto a los vertidos en El Salín, aclara que «no están separadas las aguas fluviales del saneamiento y, cuando llueve, el sistema devuelve agua hacia atrás y por eso se producen vertidos». El problema en La Barquerina se debe, añade Felgueres, «a alguna vivienda que en su día se conectó al alcantarillado, pero esto es de fácil solución y se está preparando un informe para la Consejería con el fin de ver qué se puede hacer», afirma.


El aterramiento o colmatación del estuario se debe a un fenómeno que forma parte de la propia dinámica del humedal, un ambiente sedimentario que tiende a rellenarse. El extenso banco de arena que se forma en la desembocadura ya obstaculizaba la navegación hace más de dos siglos: en 1776 se planteó la necesidad de un dragado y a mediados del siglo XIX el Diccionario Geográfico-Estadístico de Pascual Madoz hacía referencia expresa a que, «habiéndose descuidado la limpia de la ría, se han formado bancos, y en el día sólo llegan (al atracadero del puente Güetes) lanchas y las gabarras destinadas a la carga y descarga de los buques que quedan anclados en El Puntal».


El dragado del canal y de la dársena está previsto en un proyecto de nuevas instalaciones en el puerto de El Puntal, que también duplicará los atraques. La iniciativa se presentó en 2006 y la Coordinadora Ecoloxista d'Asturies advierte de que se quiere rescatar. A su juicio, el dragado afectaría a la ola de Rodiles, tan apreciada por los surfistas. También hace notar que el puerto previsto choca con los fines y con las actividades autorizadas en la reserva natural parcial. Pero, sobre todo, el dragado alteraría la dinámica sedimentaria y la ecología del estuario. Se trata de una actuación que puede variar sensiblemente sus condiciones de vida.


La ría también está pendiente de la resolución del deslinde de Costas, que afecta a la propiedad y los usos de los porreos y de los terrenos de la fábrica El Gaitero, un proceso que se mantiene a la espera de los cambios que el nuevo Gobierno de la nación ha anunciado en la ley de Costas. Igualmente, falta por ejecutar la recuperación de los terrenos afectados por la construcción de la Autovía del Cantábrico, entre el porréu de El Cierrón y el casco urbano maliayés, y cabe añadir a los «deberes» para con la reserva natural una acción sostenida de control de plantas invasoras -se acaba de aprobar una intervención sobre la hierba de la Pampa-, una vigilancia efectiva del cumplimiento de las normas de protección de este espacio natural y la dotación de una red adecuada de observatorios de aves, ya que el situado en El Picu no reúne las debidas condiciones de accesibilidad y el de El Cierrón, desmantelado, tiene una ubicación poco afortunada. El creciente interés turístico hacia este espacio obliga a cuidar ese tipo de detalles y aconseja una estrategia de producto, local o comarcal.

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