15 de mayo de 2012
15.05.2012
Grado y valles del Trubia

La gran cita del Cébrano

La cofradía del santuario tevergano, refundada en 1999, recibirá el día 20 en Carrea a las hermandades marianas y penitenciales de Asturias en una fiesta de confraternización

15.05.2012 | 02:00

Para todos los teverganos, hablar del santuario de Nuestra Señora del Cébrano es hablar de la casa por excelencia del concejo, la casa de la Madre. El templo donde se venera esta advocación mariana está situado en uno de los preciosos valles de la simpar Teverga. Desde esa pequeña pero estratégica elevación, no más de 700 metros, en las estribaciones de la Peña de Sobia, se alza el Cébrano, atalaya de gran belleza.


Este santuario, venerado por generaciones de teverganos, es también reposo y solaz de caminantes y peregrinos de todas partes. Muchos son los poetas que le han dedicado preciosos versos a la Señora del Cébrano, y con el transcurrir de los tiempos podemos decir que nuestra querida Virgen goza de un merecido archivo de poemas y ediciones, relatando usos y costumbres de su festividad y de las romerías del santuario.


La Virgen del Cébrano es una preciosa talla románico-bizantina del siglo XII. Su festividad se celebra el día 15 de agosto. Es, por lo tanto, una Virgen asunta, que viste de blanco marfil, siendo muy relevante el manto de gala con bordados en oro del siglo XVIII que se utiliza para los días de fiesta. Está coronada canónicamente desde 1949. Su llegada al concejo de Teverga viene envuelta en preciosas leyendas transmitidas ancestralmente y su advocación del Cébrano parece proteger de forma especial a los enfermos de las diferentes patologías cerebrales.


Existe en el santuario una reproducción de la antigua «calderina» de metal (la original desapareció hace años) que el sacerdote impone a los fieles sobre la cabeza para la curación de sus dolencias. La tradición nos dice que la Virgen fue encontrada en una cueva de la Peña de Sobia, con la cabeza protegida por esta especie de caldero o «calderina».


En el año 1997, el santuario estaba en unas condiciones ruinosas que amenazaban con su derrumbe. El párroco de Santa María de Carrea, así se llama la parroquia donde se asienta el santuario, formó una comisión pro restauración y después de un laborioso trabajo se logró recuperar plenamente el templo y sus alrededores.


Todo el trabajo minucioso y costoso fue realizado gracias a la generosidad de los teverganos, de las instituciones y de los fieles devotos de Nuestra Señora del Cébrano. La obra duraría casi 7 años, dado que se acometió una restauración integral, difícil y de gran coste económico.


En una restauración de esta envergadura hay que pensar en la conservación. Además, en este caso no se trataba de rehabilitar un edificio sin más, sino del templo emblemático de Teverga que tanto esfuerzo había costado levantar. Por ello, don Gonzalo Suárez, párroco impulsor de las obras, decidió recuperar la antigua Cofradía de Nuestra Señora del Cébrano con el fin de que ésta asumiese el compromiso permanente de velar por el santuario y por sus bienes, fomentando el culto a la Virgen María y estando a disposición de los teverganos en sus necesidades y de los fieles devotos en general. Todas estas obligaciones están recogidas en los estatutos de la cofradía.


Se refunda esta cofradía en 1999, y comienza su trabajo ayudando por medio de las cuotas de los cofrades a la restauración del templo. Será en 2004, ya terminadas las obras de restauración, cuando iniciará una larga y difícil singladura. Los comienzos son siempre arduos. Se crea primero una junta rectora, en el año 2004, que nombra don Gonzalo Suárez, y en el año 2005 se constituye la junta directiva por un período de 3 años. Hoy escribo esta historia porque la constancia de los hechos es muy importante para las nuevas generaciones que están ahí y que son nuestro relevo natural. Muchos de los integrantes de la junta directiva de nuestra cofradía lo fueron también de la comisión pro restauración del santuario. Ese aspecto nos sensibilizó de forma especial. Si con las obras del templo habíamos substraído tiempo y espacio a nuestras familias, con este nuevo cometido del que apenas teníamos experiencia se abría otro interrogante para el que se nos pidió esfuerzo y dedicación. No se podía olvidar que como obra de la Iglesia trabajaríamos para el mejor Señor, y nuestra Iglesia peregrina, Teverga y sus gentes merecían esta entrega por nuestra parte.


Hace algún tiempo escuché una curiosa metáfora a propósito de cómo se debe acometer un trabajo delicado, donde la inserción de lo nuevo no debe de ir en detrimento de lo ya existente, y que yo extrapolo aquí, para referirme a la tarea encomendada a nuestra hermandad: «La cofradía llegaba para trabajar en una casa muy antigua, a la que había que hacer múltiples arreglos en la estructura, sin que por ello los habitantes de la casa tuvieran que abandonarla, sino todo lo contrario, las obras se harían de forma que todos siguiesen habitando el edificio y pudieran ver cómo se iban subsanando las averías y deterioros, hasta llegar a sentirse verdaderamente cómodos y seguros en el remozado edificio».


Montesquieu dijo: «Un pueblo defiende con más empeño sus costumbres que sus leyes», y es cierto. Por eso, y por la tradición heredada de nuestros antepasados, añadiríamos que «a un pueblo se le quiere cuando se le respeta en sus usos y costumbres». Para hacer esto hay que esforzarse desde la generosidad, sin esperar nada a cambio. La restauración material del templo carecería de valor si no cuidásemos nuestra espiritualidad y nuestra fe, en definitiva? nuestro edificio interior.


Recuerdo al menos a nivel personal estos años vividos en la cofradía como un camino de rosas y espinas, pero lo asumo con cariño y agradecimiento a los que sembraron rosas en nuestro trabajo e hicieron que nos esforzásemos en lograr nuevos cometidos: eucaristías mensuales (sacramento del perdón, exposición del Santísimo, rezo del rosario, sufragio por los fallecidos, intenciones especiales, etcétera), recuperación de festividades o hermanamientos con las cofradías marianas de El Viso de Salas o del Carmen de Torazo. Agradecimiento a los que nos ayudaron a que tuviésemos un denso programa humanitario y social, que llega desde la Cocina Económica de Oviedo hasta las misiones de Tailandia y Perú, a los que nos ayudaron a confeccionar el «Libro dulce de la cofradía» con sus recetas y que nos rescató por un tiempo de nuestra precariedad, pues somos una cofradía humilde.


A los que nos ayudaron a recuperar el «canto del ramo», con los versos y estrofas de nuestro querido amigo Pachu Graña, o a los científicos que nos honran con su presencia en el «Foro por la vida humana», y a tantos cofrades y fieles que nos animan y ayudan quiero decirles que me emociona el ver sus caras o leer sus e-mails o cartas, que aprendo mucho de todos ellos, que no se pueden imaginar el inmenso bien que nos hacen a este grupo de personas que estamos trabajando y que no somos asalariados de nadie, lo hacemos desde el pleno convencimiento de estar ayudando a una obra de la Iglesia, como es la cofradía, dejando los personalismos al margen para centrarnos en este servicio de hermandad, que no dudo tendrá muchas lagunas, pero es lo que podemos y sabemos hacer.


Nosotros nos iremos antes o después, los sacerdotes tendrán otros destinos, pero la cofradía es ya un patrimonio de la Iglesia de Teverga. Es un patrimonio sustentado también en las espinas, sin ellas no habríamos podido mejorar o no habríamos podido valorar que detrás de cada lágrima de dolor se escondía más serena que nunca la mirada de nuestra querida Madre María dándonos el ánimo preciso para continuar y la fuerza necesaria para perdonar lo que para muchos era simplemente el desconocimiento?


Hoy 318 cofrades de la Virgen del Cébrano caminan juntos en un proyecto integrador de la Iglesia tevergana, y como todos los años, el día 20 de mayo, domingo, a las 17.00 horas, nos prepararemos para recibir a nuestras cofradías hermanas, Nuestra Señora de El Viso (patrona del concejo de Salas) y Nuestra Señora del Carmen de Torazo, y a un grupo de cofradías invitadas: el Sagrado Corazón de Jesús de Villanueva (Teverga), Nuestra Señora del Carmen de Figaredo, Santo Entierro y Nuestra Señora de los Dolores de Oviedo, Nuestra Señora de Loreto de Colunga, Nuestra Señora del Rosario de Avilés, Nuestro Padre Jesús Nazareno de Oviedo y la Hermandad de los Estudiantes de Oviedo. Los integrantes de estas hermandades nos honran con su presencia y vienen confiados e ilusionados con nuestra acogida. Teverga se viste de fiesta un año más para dar lo mejor de sí misma, desde la generosidad de la Upap hasta el apoyo ciudadano e institucional, que nunca faltan, y es que en esta vida todos necesitamos de todos.


La cofradía ha desarrollado en el Cébrano un acontecimiento extraordinario que se viene produciendo desde hace 4 años, y es este encuentro de cofradías tanto marianas como penitenciales, del que no hay precedentes, y que cada año aumenta su participación, unidos todos por la devoción a la Virgen María y por un deseo fraterno de compartir y de ampliar nuestra experiencia de hermandad. Para Teverga también como concejo es muy importante recibir a esta multitudinaria peregrinación de otras comarcas asturianas, la cofradía intenta en la medida de sus posibilidades que estos encuentros marianos sean no sólo «luz para Teverga», sino también «pan para sus hogares», como dijo el poeta Mino Fuenteseca. Aun en tiempos difíciles como los actuales, el modesto ágape que ofrecemos para reponer las fuerzas de los fieles se confecciona con productos exclusivamente teverganos, pues consideramos que es una forma de agradecer por nuestra parte los desvelos y generosidad de nuestro querido concejo.


Han pasado 13 años desde aquel 1999 y nuestra Cofradía del Cébrano está viva gracias a Dios y a la intercesión de nuestra Madre, y sigue caminando con la esperanza puesta en un futuro fraterno y en paz para todos. Nuestra hermandad siempre está a merced de la generosidad de los fieles y se ofrece desde la más absoluta gratuidad como ideario de compromiso fraterno.


¡Gracias, Teverga, por vuestra generosidad, por cuidar y querer a vuestra cofradía!


¡Hasta siempre!

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