20 de octubre de 2012
20.10.2012

Un pixín de récord en Candás

Un restaurante de la villa adquiere un gigantesco
rape de 51 kilos pescado en el Cantábrico Norte

20.10.2012 | 02:00

Candás,


Braulio FERNÁNDEZ


Demasiado grande para ser llamado pixín, pero pixín al fin y al cabo. El restaurante Santarúa de Candás adquirió ayer un ejemplar de rape de 51 kilos. El récord de la casa, que tenía en un ejemplar de 33 kilos su marca particular. «Dicen en El Musel que es el más grande que han visto nunca», aseguran los responsables de este popular restaurante candasín, que se afana ahora en programar la cantidad de platos que van a verse enriquecidos por la presencia de este gran ejemplar de un exquisito pescado blanco que habita en los fondos marinos, casi en la oscuridad, y se vale de señales de luz para atraer a sus presas.


«Es un pescado duro, blanco, de textura muy sabrosa, que puede cocinarse de muchas maneras», explica la cocinera de Santarúa, Josefina Fernández. Y de este monumental ejemplar se va a aprovechar todo. Hasta la cabeza, aunque sólo «después de trocearla, porque, si no, no entraría en la cacerola. Va a ser usada para la sopa, para hacer el fumé», añade Fernández.


El pez proviene del cantábrico Norte, según Ricardo Pérez Fernández, uno de los responsables del restaurante, y «no es nada habitual que los pixines tengan tamaños tan espectaculares». Al restaurante le viene de perlas, puesto que muchos platos de su menú incluyen el pixín entre sus ingredientes.


«Admite mucha variedad y puede usarse para hacer bombón de pixín, relleno de marisco, pixín en salsa de oricios y cava, a la plancha, en fritos y, con la cabeza, una buena sopa», enumera el restaurador. La última novedad de su cocina, «la ensalada de pixín», también recibirá con los brazos abiertos al rape de 51 kilos.


Su tamaño impone y, colocado sobre una mesa de metro y medio, aún deja la cola fuera, y cubre todo su ancho. De su aspecto, llama especialmente la atención su amplia boca, con las mandíbulas cubiertas de pequeños pero afilados dientes. «Si te encuentras uno así mientras nadas te llevas un buen susto», dicen en el restaurante. Y a la hora de cortarlo en pedazos se andan con cuidado, «no vaya a ser que lleve a un paisano dentro».

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