03 de febrero de 2013
03.02.2013
Carreño

El Candás marinero, entre la historia y la pared

La vinculación de la villa con la mar se puede repasar en los murales del museo de pintura al aire libre, que surgió en los años setenta

03.02.2013 | 01:00

Candás, Mónica G. SALAS


Candás desprende arte por todos sus rincones. Cerca de veinte murales salpican de vida y color los edificios de la villa marinera y todos ellos constituyen el fiel reflejo del pasado de un pueblo entregado a la mar, que tan buenas historias como malos recuerdos ha ido escribiendo en la historia de Candás. Fueron muchos los marineros que perdieron su vida en ella y así, como recuerdo de esos náufragos, fue como surgió en 1978 la Alborada, una celebración que llega hasta nuestros tiempos, pero con aires diferentes y que tiene lugar todos los años al amanecer del día 14 de septiembre, coincidiendo con la festividad del Cristo de Candás. Lo que en su día llegó a ser un acto multitudinario al que asistían la Marina con buques de guerra, autoridades civiles y militares e incluso un año el padre del Rey, es hoy en día una celebración más local y familiar.


Ligada a la Alborada nace en 1979 la Cofradía del Alba, con el propósito de desarrollar un amplio e interesante programa de actividades culturales. Entre ellas, y quizá la más importante, los murales. Cada año, en el mes de septiembre y coincidiendo con la Alborada, los responsables de esta asociación se encargaban de contactar con varios pintores para la realización de un mural que, poco a poco, iría engrosando el peculiar museo de pintura al aire libre de Candás. Así dejaron su huella en la villa marinera infinidad de artistas tanto nacionales como internacionales.


Uno de ellos fue el candasín Vicente Menéndez «Santarúa», que no sólo participó en la elaboración de varios murales, sino que también colaboró activamente en su organización. Aunque muchas de sus pinturas desaparecieron, aún se conserva una en la calle Braulio Busto. Este mural fue realizado en 1981 y lleva por nombre «Puño marinero». En él se puede observar un puño, un brazo y una pierna con una madreña, que «representan la filosofía del pueblo de Candás en aquella época», apunta Santarúa.


Otro de los artistas que participaron en este proyecto artístico fue el gijonés José Manuel de la Riera, autor de dos de los murales de este Museo. El primero de ellos fue realizado en 1979 en la fachada de un edificio de la calle Valdés Pumarino. Se trata de una obra hecha con acrílico que «invita a pensar y en la que aparece representada una mujer en el puerto de Candás», aclara el artista. También la reflexión es el protagonista de su otro mural, de 1980 y que está situado situado en el Colegio San Félix.


Benigno Monteserín fue otro de los pintores que regalaron su arte a Candás. En 1979 creó un mural en el que se representa a dos pescadores reparando las redes y que hoy en día decora el soportal del edificio del antiguo Ayuntamiento. No obstante, fueron muchos los pintores que durante los años de actividad de la Cofradía del Alba quisieron dejar su visión particular de la mar en Candás.


La Alborada de 1982 fue la última que se vinculó a la creación de murales, ya que fue en ese año cuando la Cofradía del Alba abandonó su actividad por completo. «La cofradía comenzó a ser criticada por haber convertido la Alborada en un acto de poder que trascendía el carácter local que en un principio se quiso dar a la celebración», recuerda el escritor José Marcelino García.


No será, por tanto, hasta la segunda mitad de los años ochenta cuando el Ayuntamiento de Carreño retome la actividad de los murales. Concretamente, en 1985 con el encargo de una pintura para el exterior de la fábrica Albo, que fue realizada por Alfredo Menéndez. A esta segunda etapa pertenece la obra de Benjamín Menéndez, de 1998. Coincidiendo con la construcción del parque de «Les Conserveres», el Ayuntamiento de Carreño le encargó al artista avilesino la realización del mural más grande de Candás sobre baldosa refractaria. «Es una obra muy narrativa en la que el principio y el final se conectan, como si de un círculo infinito se tratara», afirma Menéndez. En ella se refleja la fachada principal de las oficinas de Alfageme, la zonal rural de Carreño y el pueblo de Candás, envuelto en irrealidad. El último de los murales que integra el museo es «Pasado presente», de Valdimir González y que se encuentra en el puerto de Candás. Este mural fue creado a raíz del plan de dinamización turística del Cabo Peñas, en 2004, y está formado por varias «ventanas» que recrean una escena de barcas, con colores intensos. «Siempre tuve claro que no quería hacer una obra continua, sino en varios módulos para hacerla más dinámica», matiza. Así, de cerca, su pintura parecen manchas y, a medida que se va tomando distancia, «encuentras el dibujo de las barcas», añade el artista de Gozón.


Gracias a todas estas obras, Candás puede presumir de ser una de las pocas localidades de España, si no la única, que posee un museo de pintura al aire libre dotado de tanta riqueza artística como histórica. Candás, gracias a los dibujos que llenan de mensajes las fachadas de sus edificios, nunca olvidará lo que un día fue.

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