29 de marzo de 2013
29.03.2013

Cofrade por tradición

Fernando Fernández lleva más de 20 años en la comitiva que desenclava a Cristo, momento cumbre de la Semana Santa y que vive con gran intensidad

29.03.2013 | 00:00
Fernando Fernández, con el Cristo crucificado.

Villaviciosa,


Mariola MENÉNDEZ


«Para cualquier villaviciosino que lo lleve en las raíces, la Semana Santa es la fiesta más importante». Son palabras de Fernando Fernández Pedrayes, que lleva más de cuarenta años participando activamente en las procesiones y con la cofradía Nuestro Padre Jesús Nazareno, encargada de organizar los actos religiosos de la Pasión de Cristo en Villaviciosa. Asegura que esta tradición se la legó su padre, José Antonio Fernández, que era ayudante del mullidor (encargado del montaje de los pasos).


Fernando Fernández, a su vez, se ha encargado de traspasar esta devoción a los suyos, pues los cuatro miembros de su familia también son cofrades. Está muy orgulloso de su nieta Yanira Fernández Batalla, que a sus siete años sale en la procesión con una bandeja, al igual que hiciera su abuelo de niño. Para los pequeños están asignados, además, los estandartillos y farolillos.


Este veterano cofrade participa en uno de los actos cumbres de la Semana Santa de Villaviciosa, en el Desenclavo de Jesús de la cruz para ser introducido en el sepulcro y salir en la procesión del Santo Entierro de mañana, Viernes Santo. «Se vive muy intensamente porque es una ceremonia de la Villa y lo tienes muy arraigado». Agrega que en el momento de la celebración de este acto sólo tiene tiempo a pensar en que «salga bien» la tarea que tiene encomendada, que es la de colocarse en la escalera derecha de la cruz -vista desde la perspectiva del público- para «ayudar a quitar el INRI, la corona de espinas y el clavo de la mano». Es un trabajo en equipo en el que participan cinco cofrades para bajar al Cristo de la cruz, «coger el cuerpo y presentarlo a la madre (a la Virgen Dolorosa) y depositarlo en el sepulcro».


Fernández señala que «lo más complicado es poner la cruz encima del tablero», pues es de hierro, calcula que pesa más de cien kilos y se desarma en dos piezas. No obstante, son maniobras que «están muy ensayadas», por lo que nada se deja a la improvisación, reduciendo de este modo el riesgo de que algo falle. «Son muchos años haciendo lo mismo», destaca, en su caso ya más de veinte.


Este veterano nazareno se confiesa «creyente, pero no practicante», pues solo acude a misa con motivo de entierros, funerales y bodas. Como en muchos otros cofrades, pesa más la tradición que la devoción. «Es una cosa que viste en tu familia, no tiene nada que ver la religiosidad con la Semana Santa», sostiene este maliayo.

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