16 de junio de 2013
16.06.2013
Carreño

Encajar también es cosa de hombres en Candás

José Manuel Bardio, de Turón, fue el único varón entre cerca de 300 mujeres en el encuentro de bolillos, su afición desde hace 10 años

16.06.2013 | 00:00
José Manuel Bardio, ayer, haciendo encaje de bolillos en la antigua fábrica Ortiz de Candás.

Con tantas mujeres en plena faena, ayer en Candás fue difícil no fijar la mirada en el único hombre, que moviendo con desparpajo unas bobinas de hilo amarillo, se atrevió a hacer encaje de bolillos en el VIII encuentro de la villa marinera, celebrado, por primera vez, en la antigua fábrica de conservas Ortiz.


José Manuel Bardio, de Turón (Mieres) y prejubilado de la mina, lleva cerca de diez años entregado a este tipo de artesanía textil. «Siempre me gustó y ahora que tengo tiempo, lo hago porque me entretiene y me relaja», explicó Bardio, que trabajando una puntilla sobre su bolillera, afirmó que lo difícil de esta práctica no es sólo el trabajo que lleva, sino también el gran número de técnicas existentes hoy en día.


En consecuencia, «nunca llegas a saber hacerlo todo. Tienes que estar en continuo proceso de aprendizaje. Por eso, acudir a este tipo de eventos está muy bien, ya que es una forma de ver cosas diferentes», precisó. Pero, desde luego, el bolillo tiene que gustar.


Y eso es algo que tienen muy presente Sara del Valle, Lupe Prieto, Chely Rayo, Rosi García y Mercedes Carbayo, un grupo de mujeres de Ponferrada, que ayer estuvieron en Candás elaborando con cariño todo tipo de elementos textiles. «Es una labor muy bonita, gratificante y que, además, viene muy bien para la cabeza, ya que tienes que estar muy centrada», opinó Sara del Valle, inmersa en la confección de un pañuelo blanco, mientras que sus compañeras exhibían sus habilidades para el bordado, el tul y el macramé con cintas. «Lo más costoso es el bolillo, porque tienes que trabajar con muchos hilos. Pero todos llevan su tiempo», expresó Rosi García.


Y de la voz de la experiencia a una encajera novel. María Lamas, de Pola de Lena, comenzó este año en el oficio, ya que como asegura, le gusta mucho y no le parece difícil. «Le cogió muy rápido el tranquillo», manifestó su abuela Lucinda Fernández, que contemplaba orgullosa cómo su nieta, giro tras giro, iba configurando un delfín de tonos azules.


Con ellas estuvieron ayer en la antigua fábrica de conservas Ortiz un total de 297 mujeres, procedentes de todos los puntos de Asturias, así como de Cantabria y León. Una cifra, sin embargo, algo menor que en ediciones anteriores y que mientras que unas achacaron al recinto, con un aforo no superior a 300 personas, otros a la crisis. «En todos los encuentros se ha notado un descenso de participantes. Sobre todo, de gente de fuera, que ya no se pueden permitir viajar de un lado a otro como antes», dijo José Manuel Bardio. Aún así, «a Candás siempre asiste mucha gente y hay muchas labores para ver», valoró Rosi García.

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