Carreño
Un paraíso en ruinas, pero con tirón
Los cientos de bañistas que acuden a diario a la Ciudad de Vacaciones de Perlora proponen que se cobre por aparcar para mejorar su lamentable estado

Noelia Fernández, con el pequeño Alejandro Palacios, Mino y Rita María Bardio y Vanesa Arbas, de Gijón, en Perlora. / mónica g. salas
Mónica G. SALAS
Casas abandonadas, excesiva vegetación, instalaciones deportivas en ruinas, pobreza, déficit de limpieza... Todas estas palabras y muchas más servirían para describir el lamentable estado en el que se encuentra, hoy en día, la Ciudad de Vacaciones de Perlora, clausurada en 2006 para su privatización y que, a causa de la crisis, ha quedado sin uso. Pero debajo de esta gran capa de polvo se encuentra un paraíso, contemplado a diario por cientos de personas, que en el pasado disfrutaron de su esplendor y que ahora, pese a su descuido, siguen siendo fieles a Perlora.
Para la mayoría de estas familias, protagonistas en su día de la cara más pulcra del complejo vacacional, no hay lugar en Asturias con más encanto que éste. Acuden, siempre que el buen tiempo se lo permite, con todos los bártulos en busca de un día relajante a base de sol, mar y verde. Y es que Perlora parece ser el escenario idóneo para disfrutar de ese cóctel veraniego. De hecho, en un día de altas temperaturas, no cabe ni un alfiler. Las calles de la villa se llenan de coches y las playas y praos, de bañistas, como si de los años de gloria de la Ciudad de Vacaciones se tratase.

Un paraíso en ruinas, pero con tirón
«Los sábados y domingos esto es impresionante. Tienes que venir a las diez de la mañana para coger sitio. Y eso, aquí, en la playa de Huelgues, porque si vas para Carranques tienes que madrugar mucho más; aquello es un hervidero de gente», explica Alejandra Isabel Redondo, que lleva más de 25 años instalándose, junto a sus amigas, en el mismo punto. «Esta parcela nos tenía que corresponder ya a nosotras. Llevamos aquí más tiempo que los chalés», bromea Consuelo Iglesias.
Pero no todo son risas. Los usuarios del recinto carreñense están hartos del descuido de sus instalaciones y piden que, dentro del abandono, al menos se cuiden las zonas verdes y los arenales. «El otro día tuvimos que ayudar a los socorristas a limpiar las playas. Es una pena que esté así», dijo la ovetense Graciela González. Y parece que la situación de desidia se incrementa cada año un poco más. «Este verano es horrible. Hay rodadas de tractor por el prao que, como te descuides un poco, caes; los aseos los limpian muy de vez en cuando... y todo así», sostiene María Amelia Rodríguez.

Un paraíso en ruinas, pero con tirón
Por ello, a diferencia del resto de usuarios asturianos, que denuncian que haya que pagar por aparcar en las zonas próximas a los arenales de la región, en Perlora sus bañistas reclaman este servicio, que, de hecho, ya propuso el año pasado el Principado, con el objetivo de mejorar su mantenimiento, aunque finalmente no se llevó a cabo. «Nos da igual tener que pagar por aparcar si con ese dinero se limpia la zona», asegura el gijonés Isaías Pierna, que lleva toda la vida pasando el verano en el complejo turístico. «Nosotros preferimos abonar una cantidad cada día para que, así, lo arreglen un poco», opinó, por su parte, Alejandra Isabel Redondo.
No obstante, ésta no es la única solución que proponen los turistas de Perlora para mejorar la Ciudad de Vacaciones. Hay incluso quienes apuestan por poner a punto las viviendas y ofrecerlas en régimen de alquiler en los meses de verano. «Yo, desde luego, vendría», comenta Manolita Llaneza. Esta medida también la barajó en su día un grupo de empresarios locales, pero, de nuevo, volvió a caer en saco roto. Con todo, no se ha llegado todavía a tomar ninguna medida y los años siguen pasando mientras el complejo de Perlora se envejece cada día un poco más. Pero, al menos, no lo hace sola. Tiene a una multitud defensora, que no ve más que cosas bonitas en ese rostro plagado de arrugas y suciedad. «Nosotros somos de Oviedo y venimos mucho, la verdad. Casi todos los días, para pasar el día. Nos bañamos, comemos, dormimos las siesta, caminamos...», afirmó María Dolores Fernández, que, incluso, conoció a su marido en Perlora cuando veraneaba de chavala en una de las viviendas de la Ciudad de Vacaciones.
Como Fernández, la mayor parte de los usuarios de la Ciudad de Vacaciones acude con el propósito de pasar el día entero. «Nosotros llegamos a las diez de la mañana y estamos aquí hasta las nueve de la noche. Y porque no nos dejan pernoctar, si no, también nos quedábamos a dormir», asegura Yolanda Sandoval, mientras prepara la comida en la concurrida zona verde de la playa de Carrenques.
Así las cosas, la gran pregunta es: ¿por qué estos bañistas acuden a Perlora y no a otra playa de la región donde no haya suciedad ni abandono? La respuesta es así de fácil y clara: «Porque aquí tenemos de todo». Es decir, «agua, arena, prao, espacio para caminar y jugar, aparcamiento, está cerca de donde vivimos...», aclara el gijonés Mino Bardio. Y sobre todo, «tranquilidad y un entorno precioso», tal y como apuntan José Octavio Fernández y Gerardo Llaneza.
En definitiva, un paraíso en ruinas, pero que sigue teniendo tirón turístico.
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