15 de septiembre de 2013
15.09.2013
Carreño

Candás, marcado a sal y arena

Cientos de personas siguen con gran devoción al Santísimo Cristo durante su procesión en el día grande de las fiestas locales, que comenzó con el pregón a la alborada

15.09.2013 | 00:00

Todavía no ha amanecido pero Candás, si cabe, irradia más belleza que nunca. Las luces de fiesta se hacen un hueco entre la oscuridad, mientras que el sonido de las gaitas, que parten con sosiego de la plaza de El Paseín, anuncian el inicio del día grande de las fiestas del Cristo con la celebración de la tradicional Alborada y la procesión del patrón de los marineros, que ayer congregó a miles de feligreses en sus calles. Pero antes, a las siete de la mañana, los candasinos ya tuvieron que madrugar para vivir uno de los momentos más especiales del año: la Alborada.


Con flores en la mano, se dirigieron hacia el muelle, buscando el ansiado reencuentro con su mar. Allí, en lo alto, iluminada y con el rostro de angustia que le caracteriza, estaba la escultura de Antón, «La Marinera», símbolo de las raíces marineras de Candás y a la que el alcalde de Carreño, Ángel Riego, y la consejera de Agroganadería y Recursos Autóctonos del Principado, María Jesús Álvarez, le hicieron una ofrenda floral. Fue entonces cuando la magia del momento, seguida en el más absoluto silencio, dio paso a los discursos.


«Venimos un año más hasta esta marca de sal y arena para sentir la remota sensación de los orígenes y recordar, al amparo de la luz que amanece, las vidas y los naufragios, las luchas y los afanes marineros de nuestro pueblo», arrancó a decir el escritor local José Marcelino García, encargado no sólo de regalar a los candasinos una hermosa composición literaria, sino también de introducir a la pregonera del alba. En esta ocasión una candasina de adopción y catedrática de la Universidad de Oviedo: María Josefa Sanz Fuentes.


Esta avilesina confesó, a lo largo de su intervención, su profundo amor por la mar, a la que le dedicó cada palabra que salió de su boca. «Yo que te conocí muy cerca, nada más nacer, en las aguas de Avilés», comenzó para seguir diciendo: «Tú, mar, formas parte de todos nosotros. Eres una madre generosa, una reina y que hoy Candás te ilumina para recordarte que eres eterna», relató, con sentimiento.


Al pregón al alba le siguió, a continuación, el toque de silencio con una trompeta, que, todavía en la oscuridad, hizo que la emoción fuese aún más explícita. Acto seguido, los candasinos se dirigieron a las embarcaciones para, una vez fuera del puerto, depositar las coronas de mar. Un acontecimiento que fue seguido e inmortalizado con sus cámaras de fotos por un gran número de personas. Unos desde alta mar, a bordo de un barco, y otros desde la pica del muelle, agitando sus flores. Pero nadie se perdió ese momento, seguido en silencio y tan sólo irrumpido por el sonido de las gaitas, que iban marcando el ritmo en una de las embarcaciones que salió a hacer la ofrenda. En ella, aparte del alcalde de Carreño y demás ediles del concejo, también participó el director general de Pesca, Alberto Vizcaíno.


Una vez de vuelta en el puerto, la vecina María José Fernández dedicó una oración por los marineros fallecidos y se entonó el canto de «La Marinera» para terminar con el baile de la danza prima y el tradicional «café de popa».


Con el tiempo justo para cambiar los hábitos marineros por los de gala, los candasinos abarrotaron las calles de la villa marinera para acompañar al Santísimo Cristo en el único día del año en que abandona su camarín en la iglesia de San Félix. De allí salió a las once y media de la mañana, en procesión, precedido por la Virgen del Rosario y seguido por una auténtica marea humana. Hubo flashes de cámara y sonrisas, pero también lágrimas y, sobre todo, mucho fervor. De hecho, junto a la imagen iba un séquito, conformado en su mayoría por mujeres, con los pies descalzados y que portaban velas en sus manos. Y es que esta imagen, patrón de Candás y de todos los marineros de Asturias, es una de las más veneradas de la región.


Tras un recorrido por las principales calles de la villa marinera, el Cristo volvió a su casa para estar presente en la misa que ayer se ofició en su honor. Ya por la tarde la devoción dejó pasó a la diversión con el desfile de charangas y la verbena.


Las fiestas más destacadas del concejo continuarán hoy, «día del Cristín» y última jornada de celebración en la villa. Desde las cinco de la tarde, habrá hinchables y juegos para los más pequeños en La Baragaña, el parque de Les Conserveres y el de Maestro Antuña. A las siete, la fanfarria de «Pepe el Chelo y sus marchosos» pondrán la nota musical a la festividad, que luego completarán «DJ Avelino» y la orquesta Assia. A las doce, tendrá lugar la gran traca fin de fiesta.

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