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El corazón cisterciense de Valdediós

Los expertos aplauden el intento del Arzobispo de traer de nuevo al monasterio maliayés a la orden fundadora, la que mejor se adaptó al entorno

Vista aérea del monasterio de Valdediós.

Vista aérea del monasterio de Valdediós. / MRW FOTOGRAFÍA AÉREA

Mariola MENÉNDEZ

El día 27 de este mes se cumplen 814 años de la fundación del monasterio de Valdediós, en Villaviciosa. Aunque en estos momentos esté deshabitado desde hace más de dos años, con la consiguiente preocupación entre vecinos y estudiosos por su conservación, se sigue considerando el monasterio cisterciense más importante de Asturias. Así lo afirma el historiador y especialista en historia monástica Andrés Martínez.

El 25 de enero de 2009, el entonces prior Jorge Gilbert ofició la última misa cisterciense en la abarrotada iglesia del cenobio. Nadie fue capaz de explicarse su marcha y todas las miradas culpabilizadoras recayeron en el arzobispo del momento, Carlos Osoro. Muchos, de hecho, aún siguen resentidos por tal decisión. Tomó el relevo la comunidad de San Juan, cuya idoneidad ocupar el monasterio siempre fue cuestionada, debido a su carácter pastoral. No se equivocaron. El superior de la congregación, Tarsicio Lemarie, echaba el cierre a Valdediós el 30 de junio de 2012. Desde entonces nadie ha devuelto la actividad al cenobio, aunque el arzobispo actual, Jesús Sanz Montes, continúa manteniendo contactos con órdenes religiosas para el regreso de la vida monástica. Tiene esperanzas de lograrlo, pero aún no hay fecha.

La noticia de los contactos ha sido aplaudida unánimemente porque la relevancia histórica, religiosa y artística del conjunto monumental de Valdediós es indudable. La vinculación del Císter con el cenobio villaviciosino se estableció desde la fundación de éste. Andrés Martínez destaca que se trata de una orden que se caracteriza por saber adaptase a los tiempos y fundirse con el pueblo. Mucho tiene que ver en ello su labor pedagógica y didáctica con los habitantes de la zona, a quienes les transmitían, entre otros, sus conocimientos sobre la desecación de los ríos en los procesos agrícolas.

Los cistercienses se suelen instalar en lugares húmedos, fríos y encharcados, y Valdediós no es una excepción. De hecho, el monasterio se levanta sobre un río y son conocidos sus problemas de inundaciones, cuya huella aún persiste: en el interior del edificio se conserva la marca de los 2,90 metros de altura que alcanzó el agua en 1691. "Enseñaban a canalizar los ríos para conseguir que hubiera espacios secos y de cultivo", explica Martínez. Ésta era una parte de su "gran labor pedagógica con el entorno y vinculada al campo".

El monasterio de Valdediós fue fundado por Alfonso IX y su esposa, doña Berenguela, que tuvo especial relación con el cenobio maliayés, en el lugar realengo de Boiges, el 27 de diciembre de 1200. En esa fecha otorga una carta de privilegio fundacional por la que concede la antigua heredad de Boiges a la orden del Císter para edificar una abadía filial de La Sobrado (Galicia). En 1220 le otorgó un privilegio fundamental, un beneficio sobre las rentas del comercio de la sal del destacable alfolí de Avilés. Martínez destaca que esta primitiva comunidad actuó de forma activa en la constitución del dominio territorial con compras y permutas, así como con el establecimiento de una de las típicas granjas cistercienses.

Esta gestión del patrimonio permitió la construcción de la fábrica monástica de la que es buen ejemplo la iglesia de Santa María. El templo prerrománico de San Salvador, conocido como "el Conventín", procede del reinado de Alfonso III. En 1201, los monjes cistercienses le cambiaron el nombre al valle de Boiges por el de Valdediós (valle de Dios), con la idea de identificar el entorno con la presencia divina. Las actividades que llevaron a cabo inicialmente fueron la deforestación, la canalización del río Asta (hoy Valdediós) y la explotación de la cantera para levantar el complejo monástico.

"No cabe la menor duda sobre la importancia adquirida por Valdediós en el panorama monástico asturiano. Era la casa cisterciense más poblada del Principado y sus monjes ejercían una cierta autoridad moral sobre el resto de las abadías de la orden en la región", destaca Andrés Martínez. Sin embargo, se verá afectada por los afanes políticos y las desamortizaciones del siglo XIX. La invasión francesa supondrá una exclaustración temporal en 1810 que obligó a los monjes a abandonar el cenobio durante un año.

Estos desalojos se repitieron en 1812 y en 1820, cuando se impuso la supresión de los monasterios de varones y la renta de sus bienes. Aunque el de Valdediós no fue desalojado hasta 1835. Un decreto del gobierno ordenó la exclaustración de los religiosos (aunque tres de ellos persistieron obstinadamente hasta su muerte) y confiscaron los bienes. El 21 de noviembre de 1843 salieron a subasta pública los edificios conventuales, aunque no llegaron a ser enajenados. El fallecimiento de fray Malaquías Carrera el 24 de mayo de 1862 puso fin a 600 años de historia de esta abadía.

Tras años de un progresivo deterioro, en 1986 comenzó la reconstrucción integral del monasterio y el 29 de julio de 1992 se instaló de nuevo una comunidad cisterciense en Valdediós, al ser erigido como priorato conventual. Pero el 26 de enero de 2009 se decretó la supresión de la comunidad cisterciense de Valdediós y el 21 de febrero de ese mismo año se instaló la de San Juan. Parece que aún queda por escribir mucha de la que será historia de este emblemático cenobio. Eso, de momento, es futuro, aunque la recuperación de la misa hispano mozárabe, instaurada por el Císter, ya es un paso adelante.

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