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JOSÉ MANUEL CALVO | Presidente del Club de Fútbol Victoria de Perlora | Carreño

"Sabemos que en la Ciudad de Vacaciones estamos de prestado y nos pueden echar"

"Es una pena que haya niños que vayan a jugar fuera pudiendo estar aquí al lado de casa y con buenas instalaciones"

José Manuel Calvo, en el campo de fútbol del Victoria, en Perlora.

José Manuel Calvo, en el campo de fútbol del Victoria, en Perlora. M. G. S.

El Club de Fútbol Victoria lleva en activo desde 1979. Su sede siempre estuvo en la Ciudad de Vacaciones de Perlora, incluso en los años en los que el complejo estuvo en ruinas y completamente abandonado. Ahora, con las instalaciones mejoradas gracias a la obras que está llevando a cabo el Principado, la formación continúa al pie del cañón, con más de 140 niños. La entidad se centró desde sus inicios en las categorías más pequeñas y a día de hoy cuenta con ocho equipos. Aunque no está en su mejor momento deportivo, sí al menos económico. Su presidente, José Manuel Calvo, que dejará su cargo en febrero, asegura que el Victoria es un club saneado.

-¿En qué situación se encuentra ahora la entidad?

-A nivel deportivo, este año está siendo bastante bajo. En la pasada temporada ascendieron tres equipos y en ésta puede que sólo suba uno de categoría, el infantil. Pero esto es así; hay años en los que tienes chavales muy buenos y en otros no. Tenemos que tirar con lo que tenemos. No podemos traer a niños de Gijón u otros concejos de Asturias porque no hay medios para ello. Sin embargo, sí que sucede lo contrario; hay muchos críos de Candás que se van a otros clubes, porque les prometen más nivel, aun teniendo peores instalaciones. Es una pena, porque aquí están en una situación muy cómoda: hay de todo y tienen el colegio al lado. Al final, muchos se acaban dando cuenta y vuelven. Por otro lado, a nivel económico, somos un club saneado. No tenemos problemas de deudas, aunque este verano tuvimos más gastos, ya que se amplió el campo.

-El club tiene su sede en la Ciudad de Vacaciones.

-Sí, aunque aquí estamos de prestado. Cuando el Principado se hizo cargo de las instalaciones no sabían ni siquiera que en Perlora había un club de fútbol. Intentamos legalizarnos varias veces, pero no pudimos, no interesa, ya que a la hora de vender el complejo a una empresa para que lo explote, sería un impedimento que estuviésemos aquí. Pero mientras no haya nada, seguiremos haciendo nuestra labor en Perlora, nuestro buque insignia. Junto a una vecina y a los guardias de seguridad, somos los únicos seres vivientes de la Ciudad de Vacaciones.

-¿Les preocupa que algún día les obliguen a abandonar las instalaciones?

-Es difícil, pero sí que siempre estuvimos expuestos a lo que pudiera pasar. Porque si el Principado el año que viene decide poner aquí un hotel, a nosotros nos echarían seguro. No obstante, hoy por hoy estamos bien e incluso en mejores condiciones que años atrás. El entorno ha mejorado mucho con las obras y, aprovechando la reparación de chalés, hemos solicitado otros dos casas para emplearlas como vestuario.

-¿Hay buena relación entre los equipos de fútbol del concejo?

-Sí. Hubo años atrás en los que había cierta piquilla entre unos clubes y otros, pero de eso ahora ya no queda nada. Tampoco entiendo por qué antes pasaba, cuando cada equipo se dedica a una categoría diferente. Para nosotros, que estamos centrados en el fútbol base, es una alegría tremenda que un crío, después de pasar por el Victoria, lo llamen el Candás o el Aboño. No siempre es fácil.

-En febrero lo deja como presidente. ¿Por qué?

-Yo cuando entré ya sabía que no iba a quedar fijo y que a los cuatro años se convocarían unas elecciones y lo dejaría. Creo que el testigo lo tiene que coger otra persona. Me hice cargo de la entidad porque en su momento alguien tenía que asumir esa responsabilidad, pero acabas quemado. Todos los que forman parte de la junta directiva son padres de niños que juegan en el club y que hacen este trabajo por los chavales, sin ganar nada a cambio. Y eso supone tener que venir todos los fines de semana a Perlora, para segar, para abrir los vestuarios o para hacer bocadillos. Pero creo que es esa familia la que permite que el Victoria siga funcionando.

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