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Un patrimonio cultural en decadencia

La torre de Prendes y el monumento "La mina y la mar" son algunas de las joyas que tiene el concejo y que están en un avanzado estado de deterioro

Un patrimonio cultural en decadencia

Un patrimonio cultural en decadencia

Candás/ Prendes,

Mónica G. SALAS

Carreño tiene un patrimonio cultural envidiable, pero no lo conserva como debería a juzgar de muchos. El Torruxón de Prendes, la peña Furada, la farola de los Ángeles o los monumentos de "La mina y la mar" y "El pleito de los delfines" son algunos de las joyas que tiene el concejo y que hoy en día se encuentran en un avanzado estado de deterioro. Unos por excesiva presencia de vegetación y otros porque con el paso de los años han perdido algunas de sus piezas más significativas. En cualquier caso, la falta de mantenimiento es evidente. Y no sólo están en riesgo sus estructuras, sino también, y lo que es más importante, su historia.

Frente a esta decadencia, el Ayuntamiento de Carreño ya se ha puesto manos a la obra y está reparando la farola de los Ángeles, ubicada junto a la playa Palmera, en Candás. La estructura fue construida en 1904 como faro, utilidad que perdió años después, en 1927, cuando entró en funcionamiento la actual torre de San Antonio. La farola, también conocida como Templo de los Océanos, ya presentaba numerosos signos de deterioro. De hecho, había perdido varias piezas, sobre todo en la zona de la escalera, a causa del óxido.

Sin embargo, sigue habiendo muchas otras denuncias vecinales sin atender. Es el caso del monumento de "La mina y la mar", instalado desde hace catorce años en la calle Gabiana, cerca del parque escultórico del Museo Antón. Cada año, por las fiestas de San Félix, la capital de Carreño solía celebrar junto a la obra una ceremonia de homenaje a los marineros y mineros fallecidos en el desempeño de su trabajo. Ahora, la pieza está cerca de venirse abajo. El armazón de madera, que representa el entibado de una bocamina y que aloja bajo su estructura a un ancla de gran tamaño, parece condenado a derrumbarse por falta de conservación.

Tampoco el monumento de "El pleito de los delfines", situado en el parque Maestro Antuña, junto al Teatro Prendes, pasa por su mejor momento. Su creador, el artista local Vicente Santarúa, ya manifestó en más de una ocasión su deseo de reformar esta escultura, la única que de él se conserva en el pueblo y que recuerda el pleito que existió contra los delfines y calderones en el año 1624.

Según cuenta la leyenda, dado que esas especies comían la pesca y destrozaban las redes, los marineros locales tomaron la decisión de interponer una demanda. Los candasinos fueron finalmente los que ganaron el juicio y la sentencia fue leída en alta mar a los delfines. El monumento que recoge este hecho histórico está hoy en día totalmente abandonado, tal y como denunciaron en más de una ocasión los vecinos de Candás. Prueba de ello, es que su base, una fuente, está ahora vacía de agua y sólo sirve para acumular basura.

Por su parte, la peña Furada, el conjunto rocoso en forma de zapato de tacón ubicado en la playa de La Pregona, también necesita un lavado urgente de cara. Los expertos alertan de que la roca necesita una limpieza exhaustiva, ya que la abundante vegetación que acumula en su parte superior y la fuerza erosiva del mar han debilitado notablemente su imagen en los últimos años.

El Partido Popular llevará al próximo Pleno una moción con el propósito de declarar monumento natural a la peña. Pero antes de eso, los candasinos piden que se limpie y se lleven a cabo actuaciones periódicas que frenen en la medida de lo posible su deterioro.

Fuera de la capital, un elemento que está en estado de ruina es el Torruxón de Prendes, situado en una finca privada a escasos 200 metros de la carretera AS-19, que conecta Avilés y Gijón. Se trata de un bastión defensivo del siglo XIII, de probable origen romano, que conserva todavía sus cuatro paredes así como una puerta ojival en la fachada sur. El aspecto del conjunto y el grosor de sus muros tenían como finalidad resistir posibles ataques de los temidos normandos durante la monarquía asturiana. Así, la puerta está elevada sobre el terreno, como ahora todavía se puede observar. No obstante, su estado de conservación no es óptimo; todo su interior está cubierto de maleza, lo cual ponen en peligro la estabilidad de la torre. Además, en la zona no hay ninguna señalización alusiva a su emplazamiento, por lo que es prácticamente una joya desconocida en el concejo y no sólo por turistas, sino también por los propios carreñenses.

Más de los mismo sucede con los lavaderos y fuentes que posee el concejo. La mayoría están totalmente abandonados. Sirve como ejemplo el abrevadero del barrio de El Regueral, en Candás. Data del siglo XX y desde que en 2006 fue sometido a una rehabilitación por parte del taller de empleo local no se ha vuelto a tocar. Está hoy en decadencia total.

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