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Los negocios de toda la vida resisten en Candás

Las empresas familiares más antiguas de la villa han tenido que reducir gastos y reinventarse para sobrevivir a la crisis

Los negocios de toda la vida resisten en Candás

Los negocios de toda la vida resisten en Candás

Los negocios de toda la vida resisten en Candás, eso sí, a base de mucho esfuerzo. En sus más de cuarenta años de historia, las empresas familiares del concejo han tenido que reorientar sus comercios, adaptándose a las necesidades de sus clientes y, sobre todo, a los nuevos tiempos. También han tenido que evolucionar y en muchos casos hasta abrir nuevas tiendas. Pero no sólo eso, desde el inicio de la crisis, se han visto obligadas además a reducir gastos. Sin todas estas maniobras, aseguran sus actuales propietarios, es muy difícil mantenerse en pie y más aún que el negocio siga en las mismas manos que lo impulsaron.

Uno de los comercios más míticos de Candás es La Perla, en funcionamiento desde hace 45 años. Aunque ahora lo dirige Laura Alonso, fue su madre, Amor Arias, quien lo abrió. "Empezó siendo una tienda de ropa para señora, caballero y niños. Pero luego fuimos dando giros y metiendo de todo un poco: juguetes, artículos de regalo...", sostiene Alonso. Y durante muchos años, esa mezcla de productos funcionó. Pero con la llegada de los centros comerciales, el consumo cambió y empeoró todavía más con el cierre de la ciudad de vacaciones de Perlora y el inicio de la crisis.

"Nosotros el cierre de la residencia lo notamos mucho; antes eran continúas las ventas, porque había muchos turistas por el pueblo", señala Alonso. Hoy su negocio es una especie de baúl de los recuerdos, con muñecas antiguas en todos sus escaparates, que cerrará en pocos meses. "Estoy ya en la recta final. En cuanto liquide algo más de mercancía, me jubilo", dice. En su caso, no hay relevo generacional.

Tampoco lo hay en la cuchillería Dopazo, en activo desde hace 33 años. Cuando María Ángeles Dopazo decida abandonar el mostrador, otra de las tiendas más antiguas de Carreño desaparecerá para siempre. "Aguantaremos siempre y cuando saquemos para pagar a los proveedores. La crisis la hemos notado mucho y ya hemos optado por reponer lo justo y necesario", expresa.

A su lado está su padre, Antonio Dopazo, que fue quien puso en marcha el negocio el 1 de diciembre de 1981. Pese a que ahora, a sus 71 años, ya está jubilado, acude todas las mañanas a la tienda a echar una mano a su hija y a entretenerse. "¿Qué hago todo el tiempo en casa? Estoy mejor aquí haciendo mis cosas", dice.

Otra de las empresas familiares con más historia de Candás es la Yaya. Una de sus responsables, Cristina Gutiérrez, cuenta que su establecimiento comercial empezó siendo en 1975 una droguería. Sin embargo, la cosa cambió con la irrupción de los grandes almacenes. Hubo entonces que darle una vuelta al negocio y reorientarlo hacia la perfumería y la cosmética.

"Más adelante incluimos regalos, complementos, salón de belleza y desde hace unos años, parafarmacia. Además, de una tienda pasamos a tener cinco. El proceso de cambio ha sido constante", destaca Gutiérrez. En su opinión la clave para que un negocio resista durante tantos años es "evolucionar al mismo ritmo que el mercado y seguir una política de inversiones permanente en los locales".

Con la crisis, no obstante, esas inversiones han caído para reducir gastos. "Es difícil resistir, pero lo más importante es tener la misma ilusión que al principio y que tu equipo de trabajo lo comparta", opina Cristina Gutiérrez.

Pero si hay un negocio antiguo en Candás y conocido por todos los vecinos, ése es el de materiales de construcción José González Muñiz, en el barrio de La Matiella. Ahora son cuatro hermanos los que llevan las riendas de una empresa, dedicada a los transportes y a la venta de materiales de construcción, que nació hace más de cincuenta años a iniciativa de su padre: José González Muñiz, "Pepe Fausta". "Empezó con un camión dando viajes y llegó a tener seis. De aquella no tenía almacén, sino que guardaba los vehículos en la antigua sierra de madera de Fermín", expresa Donato González. Desde entonces, el negocio no ha parado de crecer y ya no sólo están presentes en Candás, sino también en Luanco. A pesar de que la promoción de viviendas ha bajado en picado, según apuntan estos hermanos, la empresa sigue en funcionamiento "gracias a la fidelidad de la clientela y a un trabajo constante".

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