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Raquel de la Peña presenta "una historia de resistencia, de lucha"

El libro de la llanerense trata sobre la ocultación durante catorce años de su tío abuelo, perseguido por izquierdista

Raquel de la Peña, con el libro.

Raquel de la Peña, con el libro. MANUEL NOVAL MORO

Amador Díaz Díaz fue perseguido por sus ideas de izquierdas tras terminar la Guerra Civil, y resistió escondido durante catorce largos años sin que lo atrapasen. Su sobrina nieta, Raquel de la Peña, escuchó la historia de boca de su abuelo, el hermano del perseguido, y también de su madre,

Fue la familia de Raquel la que ayudó al fugitivo en los primeros siete años de su ocultación, en la parroquia llanerense de Villardeveyo. "En ese tiempo, quien tuvo que urdir una serie de tramas para poder alimentarlo y mantenerlo escondido fue la familia de mi abuelo, mi abuela, las hermanas solteras que vivían en la casa y sus sobrinos. Una de esas sobrinas fue mi madre", explicó.

Desde joven escuchó decir que esa persona tenía "una inteligencia innata, que había viajado, que sabía tocar la gaita y hacer gaitas sin que nadie lo hubiera enseñado, que escribía poesía... era una persona que hubiera podido hacer cualquier cosa con las oportunidades de ahora, y fue perseguido simplemente por tener ideas de izquierdas, de que todos los hombres y mujeres somos iguales. Fue perseguido por sus ideales, no tenía delitos de sangre", aseguró.

A la autora le parece "un prodigio que hubiera resistido como lo hizo. Vivió siete años en una especie de cueva, en lo que aquí llamamos un bardial, con unos inviernos tremendos, en los que llovía y nevaba".

Lo empezaron a perseguir al terminar la guerra, y todos tienen claro que si lo hubieran atrapado lo habrían fusilado por su vinculación con el movimiento sindical. Los primeros siete años estuvo escondido en Villardeveyo; posteriormente, se ocultó durante un año, debido a una enfermedad, en una tenada y en un hórreo, donde lo atendió en varias ocasiones un médico, jugándose su propia integridad, y los seis siguientes años vivió ya en un zulo en su propia casa, con su mujer. Finalmente, agotado, se entregó, y le concedieron la libertad a cambio de cerca de 100.000 pesetas, que a mediados de los cincuenta era muchísimo dinero. Sólo duró un año más.

La autora ha querido dejar testimonio de lo ocurrido porque "Es una historia de resistencia y de lucha", dijo. Amador Díaz escribía poesías a los animales con los que convivía, a su madre muerta, a su mujer y sus hijos, a la muerte. Muchos de esos poemas aparecen en el libro.

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