25 de junio de 2017
25.06.2017

El gancho del paisanaje candasín del siglo XIX

"Es uno de los mercados más importantes y arraigados de la región", destacan los fieles a la feria clariniana

25.06.2017 | 01:43

Marineros, artesanas o indianos. El paisanaje candasín de finales del siglo XIX ha resucitado este fin de semana para celebrar el Mercado Clariniano, todo un clásico del verano carreñense que, pese al cielo gris que ayer encapotó la villa marinera, contó con una importante afluencia de público. Y es que, tanto comerciantes como público coinciden: "Es uno de los mercados más importantes y arraigados de la región".

El ágil movimiento de un grupo de mujeres, sentadas en torno a una mesa, llama la atención de una pareja que pasea: "Mira aquellas, haciendo ganchillo y todo", comentan, al tiempo que mira, desde lejos, curiosos. "Serán trapos", sugieren. Pero no. Ataviadas con ropajes de conserveras, como las podría haber descrito el propio Clarín, un grupo de mujeres elabora mantas candasinas, uno de los atuendos más tradicionales de la villa marinera, que a modo de exhibición tejen en el epicentro del mercado.

"Mucha gente viene, nos pregunta qué estamos haciendo, se interesan... Llama la atención", explica María José Fernández, sin perder el hilo de las labores. "Llama tanto la atención que hay alguno que hasta nos saca fotos", asegura entre risas, asegura la ayer conservera-tejedora.

"No nos lo perdemos nunca. Está muy entretenido, porque hay muchos puestos y cosas diferentes para ver, y también se puede aprovechar para tomar y picar algo. Es la mejor forma de pasar el vermú", asegura Ofelia García, vecina de Avilés, que "pese a la amenaza de lluvia", no dudó en acercarse hasta Candás para disfrutar del ferial. "Hay de todo y, aunque vengas con la intención de no gastar, al final, mucho o o poco, siempre acabas comprando algo", asegura.

Adela García da fe. Al frente de un restaurante en Candás, debuta como vendedora en una de las citas "imperdibles" para los carreñenses. "Aunque no esté lleno y aunque quizás la mayoría del público se concentre por la tarde, siempre vas teniendo clientes". afirma al tiempo que mira al enladrillado cielo. "Siempre y cuando aguante el tiempo", anhela la vendedora local, a la que este primer experimento parece haber convencido: "El año que viene esperamos repetir".

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