18 de diciembre de 2017
18.12.2017

Ortiz, un desierto lleno de empatía

El grupo de scouts de Candás organiza una yincana para que los niños comprueben las dificultades de los saharauis discapacitados

18.12.2017 | 01:35

El pavimento de la antigua fábrica de Ortiz es un desierto, simulado, pero desierto al fin y al cabo. Es de arena simulada porque el grupo scout de Candás ha querido que el taller para mostrar las dificultades con las que se enfrentan los discapacitados se ubique en pleno desierto del Sáhara. Es más, el pequeño Oliver Jordán, mientras camina a duras penas, con muletas, sobre aros, alude a la que la "arena" está caliente. Salta de aro en aro y con cuidado de no pisar el resto del desierto. Momentos antes, estuvo montado en una silla de ruedas y comprobó la dificultad de manejarla por un circuito sobre "arena asfáltica". No se podía imaginar cómo podría arreglarse conduciendo por un desierto real.

Precisamente, ese era el objetivo del grupo scout de Candás, que los niños comprobaran por sí solos las dificultades que tendrían los discapacitados físicos en pleno desierto. La asociación "Con el Sáhara siempre", que organiza el mercadillo solidario de Ortiz, en la que está encuadrada la actividad de los scouts, donará el dinero recaudado a un centro de discapacitados de El Aaiún.

Eleza Sidi es de origen saharaui y su madre, María Lili, mira atenta todos sus movimientos. La pequeña montó primero en silla de ruedas, luego cogió unas muletas, pegó unos cuantos saltos y pasó a la última prueba. No era fácil. Con unas gafas de bucear con las lentes cubiertas con dibujos, que le impedían ver, tenía que sortear una serie de obstáculos. Tan solo estaba ayudada por un bastón para no perder el equilibrio y las indicaciones que le aportaba la monitora de los scouts Alicia Soto.

Pasó dos obstáculos de madera casi sin ayuda, y como una exhalación se adentró en un tubo de tela, eso sí, sin poder ver, solo tocaba las paredes del tubo. Aún le quedaba la última prueba, un baúl lleno de objetos la esperaba. Ahí se colocó unos cascos de obra para reducir casi al máximo su capacidad auditiva. Desde unos veinte metros, Alicia Soto le pidió un objeto que Eleza no acertaba, pero no pasó nada. Al segundo intento dio con él, se trataba de una pelota. "Tienen que imaginar que estamos ante un terreno irregular y pasar pruebas de una yincana en la se meterán en la piel de niños con discapacidad", indica Nica Fernández, monitor del grupo scout de Candás.

También probaron suerte Samuel Rodríguez, Iker y Aitana Camino, los hermanos Cuervo Izan, Byron y Thais. Santiago Rodríguez es de los scouts mayores y también ejerció como monitor improvisado. Poco a poco se fueron sumando más niños que querían jugar y de paso generar empatía con los pequeños del Sáhara y tienen dificultades motrices para moverse como ellos por el desierto. "Hay que imaginar que tenemos que desplazarnos por el desierto para hacer algún recado, como llevar agua o visitar a algún familiar", les indicó Nica Fernández, momentos antes de iniciar la yincana.

La actividad comenzó poco después de las 17.30 horas. Unos quince minutos antes, el grupo de scouts y otros pequeños tomaron el centro de la nave de Ortiz para cantar y bailar y de paso calentar motores. En la calle, reinaba el frío y, sin embargo en Ortiz los niños sudaban, estaban en plena sintonía con las altas temperaturas que soportan los saharauis de El Aaiún, Smara u otras localidades.

La segunda jornada solidaria concluyó con la actuación del Coro de la Bodega, pero también hubo un espectáculo de música indonesia a cargo de "Mataniari" y más juegos y talleres que se entremezclaban con el fuerte sabor del té saharaui y los tatuajes.

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