14 de junio de 2018
14.06.2018
 

Adiós a Goya, la mujer que regentó una "institución rural": el bar-tienda de Muñó

Los vecinos elogian el esfuerzo de Gregoria González para sacar adelante, viuda, el establecimiento, devastado por un incendio

14.06.2018 | 01:49
Los restos de Goya González, camino del cementerio de Muñó.

Los vecinos de la parroquia sierense de Muñó dieron ayer el último adiós a Gregoria González Fonseca, conocida por todos como "Goya", que regentó durante décadas en el bar-tienda con estanco de la localidad. El establecimiento todavía lleva su nombre y es una auténtica "institución rural" en la zona . Goya, con la salud quebrada, falleció a los 93 años en su vivienda sita junto al bar que ahora lleva su hija, María Josefa Molleda. Sus restos, por deseo expreso de la fallecida, permanecieron en el domicilio hasta que, poco antes de las seis de la tarde, fueron traslados por sus familiares hasta la iglesia parroquial, situada a unas decenas de metros, que se llenó para la despedida.

El párroco de Muñó, Manuel Suárez Peñalosa, destacó durante el oficio religioso que todo el pueblo dio ejemplo ayudando a la hija de Goya cuando ésta enfermó y su deterioro fue en aumento. Goya empezó con su dolencia hace 13 años. La gratitud que le expresaron en esta etapa final de la vida sus vecinos demostró que la fallecida había sabido ganarse su amistad.

Goya, la sexta de una familia de nueve hermanos, se casó en los años 50 con José Molleda, y ambos se fueron a vivir a la casa de sus suegros, que estaba muy cerca del bar "Casa Tayín", un local antiguo que en la parte de atrás tenía un baile. Su hija María Josefa nació en 1956, y tres años después la familia adquirió el bar. Allí, además del servicio habitual, se celebraron varias bodas de vecinos de Muñó.

A mediados de los años sesenta, cuando su hija era todavía una niña, Goya quedó viuda, y desde entonces se hizo cargo del establecimiento. Fue ella sola la que lo sacó adelante hasta que su hija creció y empezó a ayudarla. Más tarde, Goya se jubilaría y se quedaría con el bar María José.

Estuvo siempre al pie del cañón, y no le faltaron dificultades. Por ejemplo, un incendio que devastó el local a principios de los años setenta. Ese día tocaron las campanas y los vecinos colaboraron para sofocar las llamas. Hasta los niños de la escuela cercana acudieron. El fuego afectó, especialmente, al tejado y el bar tuvo que cerrar durante una temporada. Goya tenía también algunas cabezas de ganado que atender, y tuvo que salir adelante con todo a base de trabajo y sacrificio. Era, como recuerda su sobrino Vidal González, "una mujer con mucho temperamento y mucho carácter, que es lo que te saca adelante", pero también muy generosa: "si necesitabas algo era la primera que iba a echar una mano; era muy servicial, muy dispuesta a ayudar, a colaborar con los vecinos".

Esta generosidad quedó sobradamente demostrada durante muchos años en los que solía pasar por Muñó una pastelera de la Pola, y Goya solía encargarle el envío de dulces a alguno de sus vecinos que había regresado del hospital de operarse, o que se estuviera recuperando de cualquier enfermedad. La gente no olvidó esa buena disposición. Por eso en sus últimos años recibió tantas atenciones. Por eso su funeral y posterior enterramiento resultó multitudinario.

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