16 de septiembre de 2018
16.09.2018

La guerra es otra historia en Candamo

Historiadores, médicos, investigadores y aficionados se transforman en soldados para recrear la toma del cuartel de Simancas en el 36: "Queremos contar los hechos de forma didáctica"

15.09.2018 | 23:26

Ayer, junto a la iglesia de Grullos (Candamo), sonaban disparos y bombas. Había milicianos, azules y rojos, también representantes de la Confederación Nacional de Trabajadores, vistiendo monos marino y brazaletes rojinegros. Era una batalla, en concreto la de la toma del cuartel de Simancas (Gijón) en 1936 por los republicanos durante la Guerra Civil española. Pero los soldados esta vez eran historiadores, investigadores, médicos y grandes aficionados a la historia. Su pretensión, "intentar vivir las sensaciones reales y contar los hechos de una manera didáctica y precisa", señaló Félix Feito, vicepresidente del "Grupo Frente del Nalón", que organizó la recreación.

Pasada una hora del mediodía las tropas republicanas se instalaron en las cercanías del cuartel de Simancas (el Ayuntamiento candamín). Sobre el terreno, una barbera cortaba el pelo a los soldados. "Los cortes de la época son similares a los de ahora, con muchos degradados", explica Tini González, que durante 25 años tuvo una peluquería en Pola de Siero y ayer tomó parte en la recreación.

En los instantes previos al comienzo de las hostilidades, los que representaban al bando nacional charlan tranquilamente en los exteriores del "cuartel". "Soy historiador y una vez leída, lo que quiero es experimentar la historia en primera persona", explica Jorge Fernández, que, además, fue asesor histórico de la serie de televisión "El Ministerio del Tiempo". En ese contexto, también hay quien recuerda, como Feito, que "estos actos no tienen connotaciones políticas, de hecho, nos vamos rotando a la hora de representar a los bandos".

De repente, retumban los explosivos. Tras las barricadas se cruzan insultos: "Paco, tenemos a tu mujer aquí. Está embarazada". Hay disparos, los tanques toman la plaza y los republicanos entran en el cuartel (no sin algún suceso inesperado, como un pequeño incendio fuera de guión). Tras la batalla, los médicos, ambos facultativos en la vida real, practican transfusiones de sangre a la antigua. "Sin comprobar cruces, así morían más de un veinte por ciento de los que las necesitaban", comenta el doctor Anzu Fernández. A la noche, vencedores y vencidos "resucitados", disfrutarían de una verbena propia de los años treinta, con magia, coplas y vedettes: "Como las que en la época hacían en la retaguardia de las ciudades", aseguran los organizadores.

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