05 de diciembre de 2018
05.12.2018

Siero pierde a Manuel Solís, "maestro de la profesión y de la vida" para los procuradores

Los compañeros del Juzgado, que dieron la voz de alarma al extrañarse de su ausencia, destacaron "que no se quería jubilar, decía que era su vida"

05.12.2018 | 01:42
Manuel Solís en una imagen reciente.

Mario Emilio Solís Rodríguez, conocido procurador de Pola de Siero, murió con las botas puestas. Aún un activo a pesar de su avanzada edad, 82 años, su cuerpo fue hallado en su domicilio, donde vivía solo, el lunes por la noche, después de que no se supiera nada de él desde el mediodía de la jornada anterior. Sus amigos y compañeros de trabajo fueron quienes dieron la voz de alarma, al extrañarse "porque nunca faltaba al Juzgado".

Tras el deceso se le realizó la autopsia en el día de ayer y al terminar el funeral fue enterrado en el cementerio parroquial de Pola de Siero. Allí estuvieron presentes numerosos amigos, compañeros y sus familiares -tenía una hermana y cinco sobrinas- que quisieron darle el último adiós a un hombre muy "conocido y querido en Siero".

La localidad estaba ayer conmocionada con la noticia, y sus compañeros del gremio apenas podían creérselo. "Era una persona muy generosa y muy discreta. Iba cada día al Juzgado, no faltaba ni uno; no se quería jubilar, decía que aquello era su vida", relata Nélida Fernández, delegada del Colegio de Abogados de Oviedo en Siero.

"Es un momento complicado para todo el Colegio de Abogados y Procuradores, para todos los funcionarios del Juzgado y también para los jueces. Hablamos de una pérdida muy complicada e inesperada", añade Fernández.

En la misma línea se pronunciaba el delegado en Siero del Colegio de Procuradores de Oviedo, Rafael Roces: "Era una persona totalmente activa. Estaba metido de lleno en el oficio, con todo lo que eso conlleva", recuerda.

Más allá iba incluso el procurador avilesino Javier Abello, que mantenía una gran amistad con Solís desde hacía más de cuarenta años. "Fue una relación muy larga y muy buena. Hablamos de un profesional enorme, que a sus ochenta y dos años tenía la cabeza perfectamente amueblada", subraya Abello.

Entre sus cualidades principales en el trabajo destacaba que "era muy listo y astuto, además de discreto". Ejemplo de ello fue su adaptación a los nuevos tiempos. "Pasó de la máquina de escribir al ordenador, y a todas las aplicaciones de internet. En ocho días lo dominaba todo", asegura su compañero y amigo.

En el plano personal, Abello vivió una larga serie de episodios "inolvidables" con Solís. "Hace ya más de cuatro décadas que lo conocí, cuando me vine de Avilés a la Pola, y ya el primer día me presentó a todas sus amistades y clientes, y eso que se suponía que yo era la competencia", abunda.

Poco a poco fueron labrando una gran relación, que se sostuvo hasta la actualidad. "Él, como vivía solo, comía todos los días conmigo y con otro amigo", cuenta Abella.

Incluso llegaron a montar un grupo llamado "Peña Garbanzo". "Al principio éramos tres o cuatro, y con el tiempo se fue sumando más gente hasta que ahora ya éramos ocho o nueve. Comemos todos los jueves juntos y somos personas de lo más variado: hay abogados, empresarios, pero también gente que se dedica a otros oficios", asevera.

Con una vinculación tan estrecha, no es de extrañar que catalogara la noticia como "un golpe muy fuerte", al faltarle quien le había enseñado "muchas cosas de la vida y de la profesión", sentencia Abello.

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