Lo que duran dos anuncios de televisión. Eso es lo que necesitaron los cacos en la madrugada de ayer para entrar en un bar de Posada, reventar la tragaperras, coger la recaudación y huir. "Es frustrante. No hay mes que no asalten un establecimiento", lamentaba ayer la propietaria del establecimiento.

Los hechos tuvieron lugar en torno a la una y media de la madrugada en la cafetería Iris de Posada, ubicada en el parque Cuno Corquera, a escasos 50 metros del Ayuntamiento. Fue entonces cuando dos cacos se acercaron a la puerta del establecimiento, forzaron la cerradura y accedieron al interior.

Una vez dentro del local, uno de ellos asestó tres violentos hachazos en el lateral de la tragaperras, la abrieron, cogieron la recaudación y pusieron pies en polvorosa. Salieron a la calle Carrión y allí emprendieron huida en un Seat Ibiza negro que les estaba esperando y que salió a toda velocidad en dirección a la carretera de Lugo o a la "Y". Todo ello en 40 segundos.

Un vecino que vive justo encima se asomó a la venta, alertado por el estruendo de los cacos, y fue el primero en dar la voz de alarma y en ver cómo huían los malhechores. Según fuentes cercanas a la investigación, el vehículo en el que los ladrones se dieron a la fuga era de alquiler.

Aunque en la tarde de ayer los propietarios del establecimiento no sabían a cuánto ascendía la recaudación de la tragaperras, sí aseguraban creer que era alta. "Estaba sin vaciar desde el fin de semana. Habíamos tenido mucha gente por el partido entre el Sporting y el Oviedo, y seguro que estaba cargada", relataba ayer Tamara Stampf.

Esto hace que la empresaria sospeche que los cacos les tenían vigilados: "Dieron el golpe tras un fin de semana en el que tuvimos muchísima más gente que cualquier otro, en nuestra jornada de descanso y justo un día antes de que recogiesen la recaudación".

Y no sólo eso. La cafetería cuenta con un sistema de videovigilancia. Una de las cámaras apunta a la tragaperras asaltada. Cuando los cacos accedieron al local para desvalijar la máquina, la movieron de lugar para quedar justo fuera del ángulo de visión del dispositivo. "Seguro que nos tenían controlados", incide Stampf.

También en 2017

Los amigos de lo ajeno ya habían hecho una visita al establecimiento en noviembre de 2017, si bien de aquella la titularidad del negocio era otra. Pese a que ayer era el primer robo que sufría Stampf en primera persona, lo asumió con bastante naturalidad. "Todos los meses entran en un local. Sabes que en algún momento te va a tocar", lamenta, resignada.

El único consuelo que le quedaba ayer a la hostelera era que los ladrones no se habían ensañado con el local. Reventaron la cerradura y desvencijaron la tragaperras, "pero no tocaron la registradora ni botellas ni unos décimos de lotería que había a la vista".

El modus operandi de estos cacos recuerda, y mucho, al empleado en noviembre en un bar de la misma localidad, en el que los cacos también utilizaron un hacha para reventar la tragaperras. La única diferencia es que en aquella ocasión los ladrones fueron todavía más rápido: lograron hacerlo todo en 30 segundos.