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JOSÉ BLANCO SOLÍS | EMPRESARIO Y EXCÓNSUL, NOMBRADO "NOREÑENSE DEL AÑO"

"Si tuviera 22 años, viendo el ambiente de Asturias me largaría rápidamente"

"Me gusta volver a Noreña, le tengo cariño y agradezco el premio porque es el lugar en el que nací, pero en mi época había chorizos y poco más"

José Blanco Solís.

José Blanco Solís. R. A. I.

- ¿Dónde le pillo?

-Ahora mismo en Mauritania, camino de los arrozales que tengo en la frontera con Senegal. Hay 800 kilómetros de todoterreno desde donde aterriza el avión.

Lo dice, como si fuera lo más común del mundo, José Blanco Solís (Noreña, 1944), un trotamundos con negocios en casi todos los continentes e historias de película. "A los 76 se ha vivido mucho", justifica él, que comenzó a alejarse de Noreña gracias a su tía que vivía en París. A la Villa Condal volverá por el Ecce Homo para recibir el reconocimiento como "Noreñense del año", que le entrega la Asociación de Amigos de Noreña.

- ¿Así que en plena dictadura se escapaba por los veranos con su tía a París?

-Sí, eso fue una gran suerte. Me permitió ver otro mundo y además aprender a hablar francés fluidamente.

- Usted se fue joven, no lo dudó...

-Sí, acabé mis estudios de ingeniería industrial, economía y marketing en Francia. Me fui a la guerra en África porque me coincidió con la mili y después ya empecé a hacer negocios allí. Gracias a la amistad con mi general conseguí que me dieran una licencia para montar una empresa de aviación. Tenía la base en Canarias y volaba a Al Aaiún llevando helados Kalise (ríe). Como allí no tenían ninguna marca... También llevábamos medicinas, comida y otras cosas.

- Vaya historia... Ahora tiene negocios en medio mundo y hasta fue cónsul de Guinea Bissau.

-Sí, tengo arrozales en Mauritania, tomates en Marruecos, una empresa de limpieza en Estados Unidos y también un negocio familiar en Alemania. También trabajé para grandes multinacionales. Lo de cónsul es lo que menos me importa, sinceramente. Lo que me satisface es crear puestos de trabajo.

- ¿ Pero cómo acabó de cónsul?

-Bueno, iba todas las semanas allí con mi avión a llevar medicinas. Al final tenía trato con el presidente, amistad, y así me lo ofreció.

- ¿Algún presidente más con el que tenga buena relación personal?

-Sí, De Teodoro Obiang debo ser el único blanco que se sacó fotos con él en la historia (ríe). Luego me llevo muy bien con George Bush hijo. Él fue quien me nombró ciudadano de honor de Austin (Texas).

- Con Bush hay muchas voces críticas...

-Hablan mal de él por la guerra de Irak. En el momento en el que cayeron las Torres Gemelas, él estaba en un colegio, y si le llegan a tocar un poco más las narices en ese momento manda dos bombas de una, porque le conozco muy bien. Los americanos son así. Los de Miami que sin son corruptos, los de Nueva Orleans no sé qué, pero cuando hay una guerra todos se juntan. Como persona este Bush de tonto no tenía nada, era abogado, economista y buen estudiante.

- De no haber salido de Noreña con tal convicción, todo esto que cuenta hubiera sido imposible.

-En Noreña no había nada, los chorizos y poco más, y después, en el resto de Asturias, Ensidesa, la Duro y ahora ni eso. No hay futuro.

- Entonces, ¿usted anima a los jóvenes a que se marchen?

-Por supuesto. Yo tengo 22 años, estoy en Asturias, veo el ambiente y me largo rápidamente, y sin miedo, no me va a pasar nada. Me voy a Estados Unidos, ese es el lugar ideal para un extranjero, donde más dinero se puede ganar. Hay oportunidades. En Alemania como extranjero tienes trabajo, pero nunca te vas a hacer rico. La clave es ir sin miedo. Mira al chef José Andrés, que es muy amigo mío. Un tío de Mieres que arrasa en Estados Unidos.

- Habla bien de Estados Unidos, pero usted pasa más tiempo en África. ¿Le gusta?

-Es un continente muy interesante, aunque se hace muy duro. Claro, luego estás ahí y ganas mucho dinero. Eso me permite ir todos los meses a París y Berlín, eso uno de Noreña no lo puede hacer, como en los mejores restaurantes. Aprovecho lo mal que lo paso con los mosquitos cuando estoy aquí y luego me compensa.

- Habla de Noreña como si le supiera a poco...

-Para nada. Me gusta ir y suelo volver. Voy casi siempre a comer al Sastre, tengo a mis padres enterrados allí y sí que vuelvo. Cuando eres pequeño los amigos de la niñez son importantes. Son gente que te queda dentro. Como había ido a París tantas veces, vi que había otro mundo y tuve que dejarlos, pero los sigo teniendo muy presentes.

- Volverá a la Villa Condal para recoger el premio "Noreñense del año". ¿Qué supone para usted este reconocimiento?

-Lo agradezco porque es el lugar en el que nací. Le tengo cariño. Dicho eso, cuando uno ya tiene 76 años y ha vivido tanto, los premios no le hacen efecto.

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