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El pasado minero del concejo sidrero

Una investigación rescata la historia de la explotación de carbón La Real de Priandi, en Nava, que hace un siglo dio un vuelco a la economía local

A la derecha, Alejandro Calleja y  Salvador Rujas, delante de la antigua casa de máquinas de la mina La Real. Reproducción de  Paula Fernández

A la derecha, Alejandro Calleja y Salvador Rujas, delante de la antigua casa de máquinas de la mina La Real. Reproducción de Paula Fernández

Nava, el concejo conocido por su tradición sidrera, tuvo un pasado minero que supuso un importante cambio en la economía de sus vecinos. Hace alrededor de un siglo, la Compañía Asturiana de Minas puso en marcha la mina La Real o Rebuscada, en Priandi, que estuvo activa apenas una década,

Pozo en la concesión “Rebuscada 2”.

Pozo en la concesión “Rebuscada 2”.

En este sentido, la vida de Nava discurrió paralela a la asturiana pero, sin embargo, no está considerado como un concejo minero. Cabe reseñar la importancia de la mina La Real en la economía local. De hecho, los trabajadores de esta explotación de carbón eran agricultores que pasaron de la noche a la mañana a cobrar un sueldo fijo, con lo que ello supuso para unas economías más que modestas.

Tal y como detalla Calleja, los salarios diarios en el año 1919 eran de 2 pesetas para los pinches, 4,5 para los peones y 10 para los mineros. Estos importes subieron al año siguiente, debido a una huelga general en la minería por la que consiguió que la jornada en los trabajos de exterior se marcase en ocho horas y en siete para los trabajos en el interior de las explotaciones. Los logros laborales también tuvieron repercusión en los sueldos de los trabajadores. De esta forma, los pinches pasaron a cobrar 5,65 pesetas, los peones 7,5 y los mineros 10,35 pesetas al día.

La casa de máquinas. Reproducción de Paula Fernández

La mina La Real o Rebuscada estuvo explotada por la Real Compañía Asturiana de Minas de Carbón, de ahí la denominación de esta aldea de Priandi. Supuso una alternativa para la mina de Arnao, que estuvo abierta hasta 1915, fecha en la que la cerraron por las filtraciones de agua de la mar que provocaban continuas inundaciones en la explotación. La Real, en Nava, así como la mina La Nueva, en Langreo, eran las otras opciones para la empresa, que recaló en Nava en el año 1918 en busca de carbón en el subsuelo para abastecerse. Los años 1919 y 1920 se dedicaron prácticamente a construir la explotación minera en la localidad naveta. Para ello se construyó una carretera por la que poder sacar el carbón hasta Priandi, se reparó el puente, se perforó el pozo, se construyó una casa de máquinas y se instaló la máquina de extracción y el castillete. Por otro lado, también se construyeron oficinas, almacén, taller de carpintería, lampistería y fragua. Con todo ello hecho, la explotación arrancó su actividad en 1921, mientras que el transporte hasta la estación de ferrocarril de Nava se iniciaba con carros de bueyes.

Inicios prometedores

Los inicios de la explotación minera en La Real fueron prometedores. De ahí que la empresa comprase un autocamión para transportar el carbón hasta la estación de Nava y se construyó una tolva en las inmediaciones del pozo para almacenar el material y facilitar su carga. Luego, llevaban el carbón principalmente a la fundición de Arnao y una pequeña parte a las instalaciones de Reocín, en Cantabria. Las campañas de 1923 y 1924 fueron buenas. Precisamente en este último año es cuando más trabajadores hubo en la mina naveta, en concreto 57 obreros, según las investigaciones de Alejandro Calleja. Y, con ello, llegan más inversiones, como la adquisición de una locomotora de vapor, que tuvo un coste de 7.239,55 pesetas. El yacimiento de La Real generó beneficios los años siguientes, hasta 1927, pero las labores de investigación de nuevas zonas para extraer carbón no dieron sus frutos y el yacimiento se dio por agotado en 1928.

El desmantelamiento de la mina La Real se hace efectivo en 1929, cuando continúan en nómina alrededor de 20 trabajadores que se dedican a desmontar las estructuras para su venta. Los terrenos que ocupó la empresa, por su parte, fueron vendidos o alquilados a vecinos de la zona. Un siglo después, solo algunos inmuebles siguen en pie, destinados a otras actividades, en una zona que prometía para la minería y a la que, actualmente, ni tan siquiera se le reconoce ese pasado.

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