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Pravia, humor de perros por la ordenanza de convivencia

La previsión de que la futura norma local pueda sancionar el ruido nocturno de las mascotas causa sorpresa en la villa

Sobre estas líneas, Jesús Rodríguez, con sus perras, “Noa” y “Choco”.  | A. I.

Sobre estas líneas, Jesús Rodríguez, con sus perras, “Noa” y “Choco”. | A. I.

En el margen exterior de la rotonda a la entrada a Pravia, hay una buena muestra de fauna doméstica sobre las doce del mediodía. Dos burros en una finca próxima que tal pareciera se entretienen mirando al tráfico, varios gatos que buscan algo de comer por la zona y los

Sara López, con su perro “Duque”. | A. I.

Cierto que se trata de una ordenanza más planificada para los núcleos urbanos que para los rurales, donde los perros suelen dormir al raso para vigilar las caserías. Así que la opinión más válida es la de los residentes en la villa. Ayer, un buen puñado de vecinos paseaba con sus mascotas y valoraba la medida. Para unos –muchos– está mal, para otros es entendible y otros directamente no la comprenden.

Dos amigas, Sara López y Raquel Suárez, son las primeras en manifestarse en contra de la posibilidad de que los ladridos a deshora puedan costarles una sanción económica. Coinciden en catalogarlo como “desproporcionado”.

“Si nos dices que se tira toda la noche ladrando, entiendo que se pueda llamar la atención y obligar a un adiestramiento. Pero ir directamente a poner una sanción económica, no es de recibo”, apostillan. A su juicio, se trata de una circunstancia complicada de controlar y que tiene excesivas variables. Por ejemplo, “si es un perro pequeño y acaba de llegar a una casa”.

La posibilidad de verse acumulando “recetas” preocupa especialmente a Jesús Rodríguez. A él ya lo echaron de un domicilio por considerar sus vecinos que los dos perros que tiene –aparentemente mansos y acariciables– “eran peligrosos”.

Además, en su caso, se junta la circunstancia de tener que dejarlos solos durante buena parte del día: “Trabajo en Oviedo y ya he tenido que apagar el timbre porque cuando lo oyen o escuchan a alguien acercarse a la puerta, ladran”.

Mercedes Fernández y su perra. | A. I.

Mercedes Fernández y su perra. | A. I.

La postura de Amador Fernández, propietario de un pequeño ejemplar de chihuahua, es similar. “Me parece fatal. La mía cada vez que siente un ruido cerca de la puerta se pone a ladrar”, explica. A pesar de ello, asegura que “nunca nadie se ha quejado y eso que llevo doce años teniéndola conmigo”.

Eso sí, no todos los pravianos están en contra de las multas por ladridos. Entre los propietarios de canes hay quienes mantienen una posición intermedia. Es el caso de Mercedes Fernández. Ella lleva apenas seis meses teniendo a su amiga de andares cuadrúpedos y está encantada: “No molesta absolutamente nada, pero me parece normal que, en el caso de algunos que se pasan la noche ladrando, se pueda multar”.

En todo caso, cree que hay que entender ciertas situaciones, ya que puede ser “complicado de controlar que ladren o no, al ser algo instintivo”. Ella en muy pocas ocasiones se ha visto perturbada por los animales de sus vecinos, “como mucho en alguna ocasión por la mañana, pero algo mínimo”, concluye.

Similar es la postura de Sandra Mesa, también dueña de un perro. A ella le parece “muy bien que se tome esta medida, pero siempre que se multe a todo el mundo, no solo por los ladridos”. Señala que “hay mucha gente que está molestando por las noches de otras formas e incordian tanto como un animal ladrando de manera permanente mientras los vecinos duermen”.

Entre los que no tienen canes en su posesión, las posturas están completamente divididas. Unos, como Sandra Gómez, apuntan que “es excesivo multar por unos ladridos”. Sin embargo, otros como Patricio Volga, ven muy bien que se actúe: “Me parece genial, los propietarios deben hacerse responsables y ser conscientes de la molestia que causan. Tienen que adiestrar a sus perros si no pueden estar callados”.

El debate ciudadano se produce después de que el ayuntamiento de Pravia haya hecho público que prevé endurecer la ordenanza municipal en materia de ruidos para garantizar el derecho de los vecinos al descanso nocturno.

La futura norma no sólo se refiere a las molestias que puedan causar las mascotas, sino a otras muchas situaciones de ruido cuyo volumen y duración impida conciliar el sueño a los demás. De hecho, el Consistorio sostiene que adopta la medida después de las reiteradas protestas de algunos vecinos ante las que no puede actuar al no existir el respaldo de una norma municipal para ello.

La ordenanza de convivencia ciudadana que será modificada prevé sanciones de entre 300 a 3.000 euros, en función de la gravedad de las faltas. No obstante, el Consistorio incide en que la norma aborda muy diversas situaciones, como el ruido causado por los escapes modificados de vehículos o la utilización de cohetes, voladores o petardos.

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